El lugar al que pertenezco 31 Declan
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31 Declan

TREINTA Y UNO

DECLAN

—¿Hay algo que nunca perdonarías? —me pregunta Riley una de esas noches que pasamos juntos, en su cama, sin hacer nada más que dormir el uno junto al otro tras un día largo de trabajo en el teatro ahora que ya estamos de lleno con los preparativos.

Y puede que parezcamos dos abuelitos aburridos de la vida, como me señala Shay con tonito, y mi hermano con un gruñido de incredulidad, cuando lo comento en el pub, pero esas noches me dan la vida.

Cada momento con Riley me da la vida, en realidad.

Me gusta el sexo que tenemos. Es… contenido y a la vez excitante.

Vamos despacio, muchísimo, pero las veces en que nos dejamos llevar son tan intensas que me paso los días pensando en qué vendrá después y en si siempre sentiré este remolino de nervios, estas ganas de querer guardar los momentos en cajitas de cristal al vacío para que no se acaben.

Hablamos de muchas cosas durante esas noches.

De nuestra adolescencia, mi paso por la universidad, el suyo por la academia.

De la vida, en general, siempre evitando mencionar ese futuro que a los dos nos da miedo, porque implica distancia, porque el tiempo es un ladrón y empieza a echársenos encima.

Porque estamos llegando al final del verano.

Al festival. Y me pregunto qué pasará después, qué pasará cuando tenga que irse.

Deslizo el brazo por su cintura y lo pego a mí todo lo que nuestros cuerpos me permiten. Yo estoy desnudo salvo por el bóxer, él lleva la ropa de siempre. Todavía le da vergüenza que lo vea desnudo, y no tengo claro si es por timidez o por otra cosa.

Giro el rostro y le dejo un beso en el cuello, ahí donde el pulso le late demasiado acelerado, como si temiera mi respuesta. ¿Por qué? Eso tampoco lo tengo claro.

—El abandono, supongo.

—¿Lo dices por…? —Riley no acaba la frase y yo no añado nada más.

En realidad no hablo de Rory, no hablo de una persona abandonando a otra.

Hablo de que se te meta la soledad dentro, junto al miedo y la angustia, y que todo se mezcle en un caos de los que tardas una vida en resolver, si es que tienes la suerte de hacerlo.

Hablo de incertidumbre, de un dolor que no se va ni con el tiempo.

Hablo de un abandono que te rompe en dos.

¿Podría perdonar algo así? Ni de puta coña.