El lugar al que pertenezco 27 Declan
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27 Declan

VEINTISIETE

DECLAN

No vuelvo a encontrármelo hasta el miércoles, cuando cena en mi casa porque no le queda más remedio.

Ni siquiera me mira y todo es demasiado incómodo, al menos para mí.

Mis padres intuyen algo, pero se hacen los locos.

Y luego está Liam, que no deja de resoplar ni de decir tonterías.

El resto de los días, Riley sigue encerrado en el taller con mi madre y a mí me sale un trabajo para crear una web y un foro sostenible para los deportes que se imparten en el pabellón deportivo.

Me entretengo con eso y con el trabajo en el pub mientras hablo y me lamento con Shay.

Y así sigo cuando mi amigo me convence para ir a una cita con una de sus amigas.

También es del pueblo, pero pasa tanto tiempo fuera que no lo parece.

Y sé que no debería ir, pero voy. Y lo hago porque la esperanza es una cabrona y siempre hace conmigo lo que le da la gana; estoy cansado de que me quite más de lo que me da.

De esperar a que pase algo, de que el dolor me consuma hasta hacerme desaparecer.

No sé qué pasa con Riley, pero no soy yo quien debe mover ficha.

Y si no lo ha hecho ya, quizá debería aceptar de una vez que se acabó.

Por eso acepto salir con la amiga de Shay, aunque apenas la recuerde de las clases que compartimos en el instituto y aunque no me sienta del todo cómodo con ella porque tengo la cabeza en otro sitio y la extraña sensación de estar haciendo algo malo.

Paseamos por el centro de Spellwood, no muy lejos del pub donde trabajo, y atravesamos la zona comercial.

Ella me hace demasiadas preguntas que yo respondo sin demasiadas ganas.

Después vamos al restaurante italiano que abrieron hace poco y creo que a ella le gusto, ya que me pregunta si quiero ir a su casa después de cenar.

Y yo me pregunto qué sabrá de mí, si habrá escuchado los rumores, si Shay le ha dicho algo.

Lo más probable es que sí. Y me doy cuenta de que he metido la pata al aceptar todo esto solo para poder…

¿olvidar? Como si fuera posible sacarse a alguien como Riley de la cabeza solo con querer hacerlo. Vaya puta gracia.

Ya hemos terminado de cenar y ella ha ido al baño mientras esperamos a que nos sirvan los postres cuando el móvil se me ilumina y se me saltan mil latidos.

Riley:

¿Estás?

Declan:

Yo sí, eres tú el que no.

Riley:

Lo siento.

Mira, llevo dos días escribiendo y borrando cosas porque no sabía cómo empezar el tema.

Joder, Declan, es que no puedes entrar en una habitación así, sin permiso.

Podrías… pfff

Declan:

¿Haberte visto desnudo?

La verdad es que habría sido una tragedia. Podría haber sufrido un infarto.

O dos.

O quizá tres.

¿A cuántos infartos puede sobrevivir un ser humano antes de palmarla?

Dame un momento, que lo voy a buscar.

Riley:

Eres tontísimo. ¿Te lo he dicho alguna vez?

Declan:

Alguna, sí.

Oh, pues según el buscador parece que no hay un límite exacto. Dice algo así como que el corazón puede tener un infarto fulminante o cientos de ellos.

Vale, lo de «cientos» me lo acabo de inventar. Pero para que me entiendas.

Hablan de que cada infarto deja una cicatriz permanente en el corazón. Así que puedes herirme con la belleza de tu desnudez muchas veces, y yo luciré las heridas de guerra con mucho entusiasmo.

Riley:

¿Es así como ligas siempre? Porque tengo que confesarte que es muy cutre.

Y muy tierno.

Declan:

La verdad es que nunca me he parado a analizar cómo ligo. Pero la chica que tengo delante seguro que diría cosas no demasiado buenas sobre mí.

Riley:

¿Qué chica?

Declan:

Shay me ha organizado una cita.

Sí, cree que ya es hora de tener citas «normales».

Con la ropa puesta, ya sabes.

Riley:

Ya.

Declan:

Y es raro, porque estamos en un restaurante buenísimo y estoy a gusto y es simpática y guapa y…

Me ha pedido que vaya a su casa, a quitarme toda esa ropa que se supone que tengo que mantener encima para que esta sea la cita que Shay quiere que sea.

Y la verdad es que no me apetece nada quitarme la ropa. Me sudan las manos solo de pensarlo.

Yo… lo he hablado con mi psicóloga. Ella cree que busco en el sexo un vínculo afectivo viejo.

Los residuos puros del primer amor y el deseo más… ¿carnal? del segundo. Algo así.

Y que no lo voy a encontrar en ningún cuerpo, que yo no funciono así. Soy un chico que siente y desea con el corazón.

Riley:

Sabía que eras demisexual. Lo que no sabía era que estabas yendo a terapia.

Declan:

Ya, bueno. Empecé a ir el martes pasado. Era la primera vez y… me daba vergüenza decírtelo. Por eso estaba tan raro cuando nos cruzamos. Siento haberme hecho el loco.

Riley:

Espera. ¿Te refieres a cuando nos vimos en la entrada?

Declan:

Sí.

Riley:

Yo pensé…

Mira, da igual. El caso es que no tienes que tener vergüenza por pedir ayuda, Declan. Y menos conmigo.

Declan:

No es por la terapia. Lo que me daba vergüenza era que saliera mal, que después de hablar con ella llegara a la conclusión de que estoy roto de verdad. Es así como me siento.

Y ya sé que es una estupidez, que el amor no da la felicidad ni nada de eso. Pero para mí es importante poder sentir algo por alguien, algo emocional y también físico.

No me da miedo el amor, como les pasa a mi hermano o a Shay, lo que me da miedo es no encontrarlo, y de hacerlo, que no me corresponda.

Sé lo que es que te rompan el corazón, y...

En fin, da igual.

Riley:

¿Te ha ayudado la terapia?

Declan:

Llevo muy poco, pero por ahora sí.

Creo que mucho.

Le he hablado de ti, ¿sabes? Desde el principio.

Fue gracioso.

Apenas nos acabábamos de presentar y ya estaba ahí, soltándoselo todo.

Riley:

¿Qué es «todo»?

Declan:

Pues lo que siento justo en este momento.

Estoy en un restaurante perfecto, con una chica perfecta que probablemente tenga un cuerpo perfecto y me ha invitado a su casa, a desnudarnos y a llegar a sitios a los que no sé si podré ir porque no funciono como el resto del mundo.

Y me he dado cuenta de que no quiero eso.

Quiero ir a casa, quiero trepar por tu ventana y sentarme contigo. Dibujar con los dedos las formas de los tatuajes de tu piel, que me enseñes el fénix del pecho entero, o el zorro de nueve colas.

O simplemente estar contigo y ver cómo le haces carantoñas a tu gata.

Da igual que no te quites la ropa y que no nos toquemos. Me conformo con sentir que estás cerca. Eso me pone más que la idea de que una desconocida me meta la mano dentro de los pantalones.

¿Sigues ahí?

Mira, no quiero que me malinterpretes. Tú me pones. Creo que ya lo has notado. Y aunque me encantaría tener sexo contigo, me quedaría con todo lo demás. Y darme cuenta de eso es… raro, supongo.

Sobre todo cuando llevas días sin hablarme y parece que te moleste. Puedes decírmelo. No quiero forzar las cosas ni que hagas nada que no quieras hacer. Podemos seguir siendo amigos y ya está.

¿Riley?

El silencio es abrumador. Dejo el teléfono y hablo un rato con ella mientras nos terminamos de comer el postre.

Le digo la verdad: que ha sido mala idea, y que me encanta, pero que no me siento muy allá.

Que estoy yendo a terapia porque soy demisexual y que aceptar ir a su casa sería incómodo para los dos y todo eso que seguramente ya ha escuchado por ahí.

Y por primera vez no me avergüenza decir la verdad.

Un rato después, pagamos la cuenta y cruzamos de nuevo la calle principal para dirigirnos al coche.

Aún no he recibido respuesta de Riley cuando la llevo a su casa y regreso a la mía. Dejo la música puesta y me quedo un rato en el asiento, observando los escupitajos de nubes negras que ocupan el cielo y pensando en que lo he estropeado todo.

Trago saliva y saco el móvil del bolsillo para volver a escribirle.

Declan:

Lo siento. Olvida todo lo que te he dicho, ¿sí?

Por favor.

No quiero que te sientas incómodo y aún tenemos trabajo.

Mi madre me dijo que tenías que tomarme unas medidas para arreglar alguna de las prendas y supongo que me escribiste para eso.

Riley:

No te escribí para eso.

Declan:

Estás.

Riley:

Estoy.

Y no te escribí para eso, Declan.

Sí, te necesito, pero te escribí porque me sentí fatal por echarte así de mi cuarto.

Declan:

No te preocupes por eso.

Es decir, que fue raro y me enfadé un poco. Pero me hice una paja pensando en ti y dejé de estar enfadado. Los orgasmos tienen una cosa loca que te quita la tontería.

Riley:

Por Dios, Declan.

Declan:

¿Qué? Es la verdad. Quizá así te sientas un poco menos culpable.

¿Riley?

Riley:

¿Declan?

Declan:

No es la primera que me hago pensando en ti, ya te lo dije una vez, aunque estabas borracho y no sé si lo recuerdas. Para alguien como yo…, ya te imaginas lo que significa.

Riley:

No me imagino nada.

Declan:

¿Quieres que te lo diga?

No me avergüenza decirte que siento cosas por ti, y que estoy muerto de miedo, y que a veces me tengo que ir por ahí para no colarme en tu habitación y hacer algo estúpido como besarte, o verte desnudo sin querer.

No me avergüenza decirte que estoy preparado para que me rompas el corazón.

Riley:

¿Por qué das por sentado que haré tal cosa?

Declan:

Porque tienes un «adiós» pintado en la cara. Porque te irás y yo me quedaré aquí y, si eso que dicen en internet es verdad, la herida en mi corazón será de las feas, y no sé si estoy preparado para eso.

Me da mucho miedo, la verdad.

Riley:

Para, por favor.

Declan:

Vale.

Dime una cosa. Todavía piensas en tu ex, ¿verdad?

Riley:

Sí, pero no.

Es decir, no pienso en él porque lo quiera, ya te dije que no lo quiero. Pienso en él porque me aterra que lo que pasó con él sea un reflejo de mi vida. Que se repita, y se repita, y se repita. No quiero volver a sentirme tan pequeñito.

Declan:

Riley…

Riley:

No, no quiero hablar de él. Se acabó.

Ahora necesito que tú me digas una cosa.

Declan:

Lo que quieras.

Riley:

¿Sientes algo por Shay?

Declan:

¿Qué pregunta es esa? Siento muchas cosas por Shay. Es como un hermano.

Riley:

No les metes la lengua en la garganta a tus hermanos ni te acuestas con ellos.

Declan:

Ahora sí que me he perdido…

Riley:

Os vi el martes por la noche.

Estaba en la ventana cuando llegasteis y… digamos que vi lo suficiente.

Declan:

¿Me viste a mí, dices? ¿En mi habitación?

Riley:

Lo dices como si fuese algo raro. Siempre te lías con gente ahí dentro.

Declan:

Hace tiempo que no.

Y, por Dios, jamás con Shay.

Y entonces me tomo un rato para hablarle de la relación que tengo con mi amigo, de la única vez que lo besé y el motivo por el que lo hice.

También le explico que lleva toda la vida enamorado de su mejor amigo, y que eso lo ha llevado a tener demasiadas relaciones de mierda en las que busca y busca a alguien como él y solo encuentra vacío y decepción.

Declan:

Además, no suelo dormir ahí. Ahora mismo solo entro para ver si estás en tu habitación y para bajar a verte, porque la de invitados donde me quedo da al otro lado del pasillo y es imposible saber si estás o no.

Estar ahí dentro despierta cosas del pasado que prefiero mantener dormidas, ¿comprendes?

Riley:

¿Y entonces?

Declan:

Entonces, mi hermano de verdad está pasando por una crisis de las jodidas. Y espero que no le haga daño a Shay, porque te juro que le corto los huevos duros que tiene.

Riley:

¿Tu hermano?

¿Liam y Shay?

¿En serio?

Declan:

Llevo semanas sin enrollarme con nadie, desde que me di cuenta de que mirar tus tatuajes me excitaba más que tener la polla de un desconocido en la boca.

Riley:

Vaya.

Declan:

Ya ves.

¿Algo más que quieras decirme? Estoy agotado y creo que me voy a dormir.

Riley:

¿De verdad no te has enrollado con Shay?

Declan:

Ni con Shay ni con nadie.

Riley:

¿Desde cuándo, dices?

Declan:

Ya lo sabes. Deja de jugar conmigo, anda. Empieza a ser frustrante.

Riley:

Lo siento.

Declan:

Te perdono solo si admites que estabas celoso. Y que te pongo.

Riley:

Ja, ja, ja.

Declan:

¿Eso es que no?

Riley:

Eso es que sí a las dos cosas.

Y antes de que te pongas tonto…

¿Te apetece dormir conmigo esta noche?

Solo dormir.

Con ropa, claro. No estoy preparado para ir más allá. Espero que puedas entenderlo…

Declan:

Riley, yo jamás haría nada que pudiera incomodarte.

¿De verdad quieres que duerma contigo?

Riley:

Sí.

Y también quiero besarte. Eso me apetece mucho.

Y a lo mejor podrías venir ya. Me estoy congelando y quiero cerrar la ventana.

Declan:

¿No vas a decirme que suba por la puerta?

Riley:

Hoy no. Me apetece que subas en plan peli romántica cutre. Tus brazos se ven de muerte cuando te agarras a las ramas y a las enredaderas.

Declan:

Pues creo que te derretirías ahora mismo si me vieras la sonrisa. De verdad. Mi sonrisa siempre es mejor que mis músculos.

Riley:

Eres un creído.

Declan:

Solo para tu información, y porque creo que no debería haber secretos ni sorpresas entre nosotros…

Riley:

¿Declan?

¿Esto es una pausa dramática o algo así?

Declan:

Perdón, estaba aparcando bien el coche para que mi madre no se queje mañana.

Mira, quiero que sepas que la tengo dura.

Durísima.

Riley:

Eso suena muy amenazante.

Declan:

Ja, ja, ja.

Se me pasará, o puedo hacer algo antes de ir. Lo que prefieras. No quiero que eso sea un problema, pero es que estoy aquí abajo y voy a subir ya a menos que me pidas que no lo haga, y lo haré con una tremenda erección.

Riley:

¿Puedo decir que no eres lo que tienes entre las piernas? ¿Y que me da lo mismo siempre que vengas?

Declan:

Si supieras lo que estoy pensando ahora mismo…

Riley:

Date prisa, anda.

Declan:

Llego enseguida.