El lugar al que pertenezco 25 Riley
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25 Riley

VEINTICINCO

RILEY

Me marcho un rato después.

Shay intenta convencerme para que me quede un poco más, pero estoy demasiado aturdido después de la conversación.

Ya son más de las nueve, pero sigue siendo de día.

El cielo es de un azul mezclado con tonos melocotón, dorados, rojizos y violetas.

Me encantan los veranos de Irlanda con sus interminables horas de luz.

Nada más llegar a casa, me doy una ducha y le escribo un mensaje a Declan para preguntarle si va a venir y cuándo, pero no me responde. Ni siquiera lo ve. Así que cojo la libreta y me siento en el alféizar con Haruka y el recuerdo de las palabras de Liam taladrándome el cerebro.

No sé cuánto tiempo pasa hasta que lo escucho.

El cielo sigue claro allá arriba, pero ni idea de la hora. Hay risas, y movimientos, cuerpos que colisionan, que se empujan, que se acarician. Dos siluetas en la ventana. No quiero mirar, pero es como intentar apartar la vista de un accidente cuando lo tienes delante.

Dos chicos. Uno es moreno, está de espaldas y oculto entre las sombras de la habitación.

El otro es rubio y está de cara a la ventana.

Se besan, se arrancan la ropa, se siguen tocando, piel contra piel.

Uno es Shay, el otro es el amor de mi vida.

El puñetero amor de mi vida. Lo supe cuando era un crío que no entendía nada, y lo sé ahora por lo mucho que me duele.

Aún lo estoy procesando cuando uno de los dos cierra la cortina y ya no veo más.

Me tiemblan las manos, tanto que la libreta se me cae de entre los dedos y creo que el corazón también se me va a caer, porque el ruido de los latidos es intenso y los golpes contra el pecho me doblan en dos.

Entonces dejo a Haruka con cuidado en el suelo, me pongo ropa de deporte y salgo a correr.

Corro porque si corro todo estará bien, si me concentro en mi propia respiración todo estará bien, si no pienso todo estará bien.

Corro porque no puedo pensar en lo que he dejado atrás, lo que estarán haciendo.

Su cuerpo, ese que he abrazado y tocado y sentido, desnudo con otro chico, gimiendo por otro chico, corriéndose con otro chico.

Ese cuerpo que me he negado, al que se lo he negado todo.

No estiro al empezar ni mido la velocidad, quizá por eso no me sorprende el quedarme sin aire.

Me caigo de bruces contra la tierra humedecida, bajo ese cielo despejado que aún me da luz.

Cierro los puños y aguanto el dolor de las heridas en las rodillas porque hay otro que tengo dentro y es peor, y creo que estoy sangrando y no quiero volver.

Necesito irme, esconderme, huir de esta verdad que me hace tanto daño.

Dicen que los celos son traicioneros, volátiles.

Pero no son celos eso que me domina, sino la certeza de que lo he perdido y que podría haberlo tenido.

Podría haber sido sincero, podría haberle dicho la verdad: que soy Riley, que llevo toda la vida siendo Riley aunque él no lo supiera, y que lo quiero.

Me he enamorado de mi mejor amigo, del amor de mi infancia.

Otra puta vez.

Y otra puta vez lo he perdido.