7 Antes
SIETE
ANTES
RILEY Y DECLAN
—¿Declan?
—Mmm.
—Prométeme que tú nunca vas a irte, prométeme que no me dejarás.
—Nunca. Te voy a querer siempre.
—¿Cuánto es siempre? Tu abuela dice que para los niños siempre son dos horitas. Lo dijo así, te lo juro.
Declan se rio. Riley lloró un poquito más.
—Eh, no llores. Siempre es hasta el infinito y más allá, como en la peli.
—No te gusta esa peli —le recordó Riley con una mueca en la boca.
—Y no entiendo cómo a ti sí. Los juguetes sufren.
Riley sonrió y notó esa cosa en la barriga que no sabía cuándo había empezado, pero que no había manera de que se fuera.
—Solo prométeme que no te irás.
—Te lo prometo.
Riley asintió, y supo que él hablaba en serio, que lo cumpliría. Y lo hizo. Declan nunca se fue. Se quedó ahí, esperando.
Riley fue quien se marchó y ya nunca más volvió.