El Lord y la gitana Capítulo 15 — El juego de la aristocracia
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Capítulo 15 — El juego de la aristocracia

Esa tarde, Nathaniel apareció en el campamento con paso decidido y una promesa en los ojos.

—Ven conmigo —dijo, sin rodeos, extendiendo la mano hacia Soraya.

—¿Y si no quiero? —respondió ella, sonriendo con descaro mientras sujetaba a su cabra, que ya estaba mirando al Lord con aire desafiante.

—Lo sabré en cuanto me patees o me insultes.

—Mmm… tentador.

Pero Soraya, después de un segundo de fingida indecisión, tomó su mano.

Montaron a caballo, alejándose del pueblo, del campamento y de las miradas curiosas.

Nathaniel la llevó a un claro en lo alto de las colinas, donde el viento olía a tierra fresca y lavanda, y las estrellas empezaban a asomar tímidas en el cielo anaranjado.

—Aquí vengo cuando quiero que nadie me encuentre —confesó él, desmontando y ayudándola a bajar—. Aunque parece que ya no soy muy bueno escondiéndome.

Soraya caminó descalza por el pasto suave, mirando el cielo.

El atardecer bañaba su piel en tonos dorados, y Nathaniel pensó que ni todos los bailes de sociedad ni las mansiones llenas de candelabros se comparaban a esa visión.

—Este lugar… —dijo ella, mirando a su alrededor—. Es como si el mundo se callara un rato.

—Eso es exactamente lo que necesito —respondió él, acercándose.

Hablaron.

De sus mundos tan distintos.De las expectativas.De las miradas juzgonas.De lo absurdo que era que el amor se sintiera tan fácil… y tan complicado a la vez.

Y mientras tanto…

Muy lejos de ahí, en Crowford Manor, Lord Crowford y Lady Crowford estaban reunidos con un invitado inesperado.

Un hombre delgado, de traje oscuro y mirada afilada, que trabajaba para una de las familias aristocráticas más estrictas de la región.

—Si no controlan a su hijo —dijo el hombre, sirviéndose té sin siquiera pedir permiso—, el escándalo afectará a todos.

—Nathaniel siempre ha sido terco —murmuró Lady Crowford, crispando los dedos sobre el mantel.

—Terco o no —interrumpió Lord Crowford, con tono grave—, si sigue desafiando a la sociedad, la familia Crowford lo pagará caro.

—¿Qué proponen? —preguntó Lady Crowford, entrecerrando los ojos.

El visitante sonrió, frío, calculador.

—Una invitación. Un baile. Una señorita… adecuada.

—¿Y si se niega?

—Entonces… habrá consecuencias más serias. Para todos.

El silencio en la sala fue más helado que el mármol bajo sus pies.

Esa noche, mientras Nathaniel y Soraya reían bajo las estrellas, sin saberlo… el juego de la alta sociedad ya había comenzado.

Y esta vez, no solo la cabra estaría metida en el medio…

Ahora había gente que de verdad quería separarlos.

Pero claro, la cabra… esa claramente jugaba para el equipo de los enamorados.