Capítulo 13 — Rumores y escándalos
Los rumores en el pueblo se propagaban más rápido que una estampida de ovejas asustadas.
En la panadería:
—Dicen que el Lord Crowford se besó con la gitana… ¡en público! —murmuró la panadera, amasando el pan como si fuera el cuello de alguien.
Pero los rumores no se quedaron en el pueblo.
Como todo buen chisme, llegaron a los pasillos de la aristocracia. A los salones de té, a los bailes de sociedad, a los oídos de las damas escandalizadas.
—¡Una gitana! —exclamó Lady Beaumont, llevándose el abanico a la cara como si fuera a desmayarse—. ¡Y dicen que su padre lo permitió!
—No seas ingenua —respondió Lady Mallory, removiendo su té—. Nadie “permite” que un Crowford haga algo. Pero ese muchacho… siempre fue rebelde.
Mientras tanto, en Crowford Manor, Nathaniel escuchaba todo aquello… y no le importaba.
Sus padres seguían preocupados.Sus hermanas… fascinadas.Y él… cada vez más seguro.
Estaba en el estudio, mirando por la ventana, mientras uno de los criados le traía correspondencia.
Cartas, invitaciones… y, por supuesto, recortes de periódicos con titulares discretamente escandalosos.
“Lord Crowford, visto en compañía inapropiada”“El heredero de Crowford, atrapado por una mujer de baja cuna”“La gitana que conquistó a un Lord”
Nathaniel dejó caer los papeles sobre el escritorio, sin expresión.
Cruzó los brazos, contemplando el jardín, y dijo en voz baja, más para sí mismo que para cualquiera:
—Que murmuren todo lo que quieran.
—¿No te importa? —preguntó Penelope desde la puerta, espiándolo.
—Me importa lo que diga ella —respondió él—. Lo que digan los demás… es solo ruido.
Y así, mientras la alta sociedad se escandalizaba, el pueblo murmuraba y la cabra planeaba su próximo ataque romántico…
Nathaniel Crowford, Lord del apellido más serio de la región, tenía claro que su mundo ya no seguiría las reglas de siempre.
Porque los ojos verdes de Soraya… valían más que mil rumores.