El Lord y la gitana Capítulo 11 — El escándalo Crowford
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Capítulo 11 — El escándalo Crowford

Crowford Manor no era precisamente un lugar lleno de risas…Pero esa tarde, en el salón principal, las carcajadas de las hermanas Crowford hacían eco por cada rincón.

—¡Una cabra! —sollozaba Penelope, sin poder respirar de tanto reír—. ¡Te tumbó una cabra en público!

—¡Y ella te miraba como si fueras un pastelillo recién salido del horno! —agregó Cordelia.

—¡Nunca pensé vivir para ver esto! —concluyó Beatrix, secándose las lágrimas de risa.

Nathaniel, sentado en un sillón con el ceño fruncido y los brazos cruzados, estaba arrepentido de casi todas sus decisiones de las últimas veinticuatro horas.

Bueno… casi todas.

Porque si bien su orgullo estaba por los suelos, el recuerdo de los ojos verdes de Soraya seguía dándole vueltas por la cabeza.

Fue en medio de ese caos cuando se abrió la puerta y entraron Lord Crowford y Lady Crowford, con expresiones que indicaban que ya habían oído todo.

Lady Crowford, elegante, con el cabello recogido en un moño perfecto y un abanico en la mano, miró a su hijo mayor con ese gesto de madre que ya no necesita preguntar nada para saberlo todo.

—Dime que no es cierto —dijo, sin preámbulos.

Nathaniel se irguió en el sillón.

—Depende de qué versión hayan escuchado —replicó él, sabiendo que estaba en terreno peligroso.

Lord Crowford, de bigote imponente y voz grave, cruzó los brazos.

—Que un Crowford ha sido derrotado por una cabra y, peor aún, ha sido flechado por una… gitana.

Las hermanas intentaron aguantar la risa. Fracasaron.

Nathaniel respiró hondo. No tenía sentido negarlo.

—La cabra es irrelevante —dijo con dignidad—. Y la gitana… no es asunto de nadie.

—¿Ah, no? —Lady Crowford abrió el abanico con un chasquido amenazante—. ¿Tú, el heredero, el Lord responsable de preservar el apellido, estás… flirteando públicamente con una gitana y dices que no es asunto de nadie?

—No estoy… flirteando —gruñó Nathaniel, bastante mal actor en ese momento.

—Todo el pueblo lo comenta, hijo —dijo Lord Crowford con el ceño fruncido—. ¿Sabes lo que significa eso para nuestra reputación?

—Sé perfectamente lo que significa —respondió Nathaniel, poniéndose de pie, su mirada firme—. Significa que, por primera vez en años, alguien me ha hecho sentir… vivo.

El salón quedó en silencio.

Las hermanas dejaron de reír.Lady Crowford cerró el abanico.Lord Crowford se aclaró la garganta, incómodo.

—Te advierto —dijo su madre finalmente, recuperando su aplomo—, que si vas a seguir viéndola, Nathaniel… prepárate para una tormenta. La alta sociedad no olvida.

—Me he pasado la vida intentando complacer a esa alta sociedad —respondió él, su voz serena pero con una chispa rebelde—. Y créame, madre… es agotador.

Y con eso, se giró y salió de la sala, dejando a sus padres perplejos, a sus hermanas boquiabiertas… y a sí mismo preguntándose en qué momento una gitana y una cabra habían desordenado tanto su mundo.