El Lord y la gitana Capítulo 10 — Derrotado por una cabra
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Capítulo 10 — Derrotado por una cabra

El mercado del pueblo estaba más bullicioso de lo habitual.

Vendedores de manzanas gritaban sus ofertas, los niños corrían con cometas improvisadas y las señoras discutían con los carniceros como si estuvieran regateando en una guerra.

Soraya caminaba entre los puestos con la falda azul —la que su abuela había calificado como “letal”— mientras fingía que no estaba mirando a nadie en particular…

Excepto, claro, a él.

Y él… estaba ahí.

Nathaniel Crowford había acompañado a sus hermanas al mercado —porque aparentemente ellas no conocían la definición de “comprar discretamente”— y ahora estaba intentando parecer distraído, aunque sus ojos buscaban inconscientemente a la gitana de ojos verdes.

Se vieron.

Ella fingió que no lo había visto.Él fingió que no le importaba.Y ambos… estaban fracasando miserablemente.

Y ahí fue cuando entró en escena la cabra.

—¡Oh, no…! —murmuró Soraya, viendo cómo la cabra tropezaba con un cubo de manzanas, causaba un pequeño caos entre las zanahorias y avanzaba directo hacia Nathaniel.

—¿Esa es… tu cabra? —preguntó una de sus amigas gitanas, horrorizada.

—Es una cabra con iniciativa —dijo Soraya, con resignación.

La cabra, como si tuviera un radar romántico, corrió directo hacia Nathaniel, quien estaba agachándose para revisar unos libros antiguos en un puesto.

En un abrir y cerrar de ojos, la cabra le enganchó el borde de la capa con los dientes y tiró.

Nathaniel, completamente desprevenido, perdió el equilibrio y cayó sentado en medio del camino de tierra, con la dignidad por los suelos y el sombrero rodando lejos.

Las tres hermanas Crowford se partían de la risa.Los comerciantes aplaudían.Y Soraya… corrió hacia él, entre asustada y divertida.

—¡Milord! ¿Está usted bien? —preguntó, agachándose junto a él.

—Perfectamente —murmuró Nathaniel, mientras intentaba recuperar su sombrero sin éxito—. Solo que he sido derrotado por una cabra.

—Es una cabra con carácter —dijo Soraya, sin poder contener la risa.

Nathaniel la miró, esa sonrisa brillante, esa falda azul ondeando… y entonces ocurrió.

Se les escapó.Sin pensarlo.Sin calcularlo.Como si la cabra lo hubiera planeado todo.

—Me alegra que hayas venido hoy —dijo Nathaniel en voz baja, mientras le apartaba un mechón de cabello del rostro con la yema de los dedos.

Soraya abrió los ojos, sorprendida.

Sus hermanas, detrás, se quedaron con la boca abierta.

La cabra, satisfecha, masticaba una flor como si fuera su trofeo de guerra.

—¡Ajá! —gritó Penelope desde atrás—. ¡Lo sabía!

—¡Está enamoradoooooo! —canturreó Cordelia.

—¡De la gitanaaa! —agregó Beatrix, saltando de felicidad.

El mercado entero los estaba mirando ahora.

Nathaniel se levantó con la dignidad de quien acepta su destino y miró a Soraya, completamente serio, pero con una chispa innegable en los ojos.

—Supongo que ya no podemos fingir que no nos hemos visto.

—Supongo que ya no —respondió Soraya, tratando de contener la sonrisa.

La cabra, satisfecha con su obra maestra, se marchó caminando lentamente, como quien dice:

Misión cumplida.