El Lord y la gitana Capítulo 3 — Mariposas en el estómago de un Lord
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Capítulo 3 — Mariposas en el estómago de un Lord

Nathaniel Crowford marchó a paso firme hacia la salida de la feria, sin dejar de mover el borde de su abrigo como si estuviese espantando moscas. Pero aquel zumbido en el estómago —porque eso era, un revoloteo de mariposas— no se marchaba así como así.

—¡Milord! —gritó Penelope detrás de él—. ¿Dónde va? Aún podemos ir a buscar manzanas acarameladas.

—¡O a que nos adivinen el futuro del marido! —agregó Cordelia, sin dejar de dar saltitos.

—¡Milord! —concluyó Beatrix, riéndose—. Tú también necesitarías que te adivinen el marido… o la esposa, más bien.

Nathaniel aceleró el paso sin dejar de mover el borde de la capa.

—¡Basta! —dijo sin volverse—. Vámonos. ¡Ahora!

—Pero si apenas estamos comenzando a divertirnos —se quejó Cordelia.

—¡Exacto! —agregó Penelope—. Tú arruinas toda la diversión.

En el coche que los llevaría de regreso a Crowford Manor, el silencio estaba tan cargado que se podría cortar con un cuchillo… si no fuera por las continuas risitas de las hermanas, que a espaldas de Nathaniel se codeaban sin dejar de mirarlo.

Él, sin dejar de contemplar el paisaje que aparecía detrás de la ventanilla, intentaba dejar atrás aquel encuentro. Pero era imposible.

Las manos de la gitana habían tocado las suyas, el fuego de sus ojos verdes se había grabado en lo más profundo de aquel hombre de piedra. Algo estaba despertando en él, sin que lo deseara… sin que lo pudiera evitar.

Esa noche, en Crowford Manor, mientras el fuego chisporroteaba en la chimenea de la biblioteca, Nathaniel estaba de pie junto a la ventana, mirando el cielo sin estrellas.

En aquel silencio, que habitaba el alma de un hombre que se resistía a dejar entrar el amor, flotaba el nombre de ella, sin que se atreviese a pronunciarlo:

—Soraya…