El lobo de las Orcadas: rendido ante la escocesa (Sinclair 4) Epílogo
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Epílogo

Einar

Ver como mi hermana se prepara para partir me resulta insoportable. No solo la tendré lejos a ella, sino a mi sobrina, esa pequeña que me ha robado el corazón.

Si al menos supiera que van a ser felices…

Viendo el semblante de Connor, sé que no han solucionado nada, al contrario, creo que, al estar rodeados de gente intentando ayudar, se ha visto acorralado, se ha dado cuenta de que nadie de su familia apoya su comportamiento y todavía está más furioso.

No me da miedo que le haga daño físico, sé que no es esa clase de hombre ni mi hermana la clase de mujer que se deja maltratar, la enseñé bien desde pequeña. Mejor que nadie sé que las palabras tienen el poder de golpear más fuerte que un puño.

—No te vayas —le digo antes de que suba al caballo—. Quédate aquí, cuidaré de ti y de Kenna.

—Mi lugar está en Girnigoe —responde sonriendo con tristeza—. Mis suegros deben conocer a su nieta, hermano.

—Que vengan ellos —rebato—. Freydis, él no se permite amarte, ¿no lo ves?

—Por supuesto que sí —alza el mentón—. Mi hija es una Sinclair y crecerá como tal. Estoy aprendiendo a olvidar, a no sentir, y lo conseguiré.

—¡Eso es una vida vacía, triste! —exclamo—. No es lo que deseo para ti. Recapacita, no me obligues a intervenir.

—No lo harás —inquiere con firmeza—. No toques a Connor.

—Le amas, no puedes evitarlo —intento que comprenda que no va a ser capaz de arrancarlo de su corazón—. Te va a destruir.

—No —niega mirando a su marido—. No lo hará. Deja que me vaya, recuerda que este es el destino que escogí.

Sé que tiene razón; la abrazo por última vez y rezo para que logre encontrar lo que tanto ansía su corazón para poder ser feliz. Beso a mi sobrina, la observo intentando grabar su rostro en mi memoria, pues no sé cuándo la veré de nuevo.

—No te pongas así, Einar —dice emocionada—. Volveremos a vernos pronto, si no vengo yo a Dunmara, podréis venir a Girnigoe.

Asiento, porque no estoy seguro de poder hablar. Nessa aparece a mi lado, como si sintiera mi dolor, y me abraza intentando darme su apoyo que, aunque no mengua mi inquietud, me hace sentir arropado.

Lo veo alejarse con el corazón encogido, sintiendo que he vuelto a fallarle. Se vio obligada a casarse con Connor para intentar detener la guerra que yo mismo inicie. Sentenció su vida para nada.

—Seguro que encuentran el camino hacia su felicidad. —Aprecio su intento de animarme, no estoy tan seguro como ella—. Tienen que hacerlo.

La abrazo contra mí, necesito su calor. Besa mi pecho.

Con rapidez, mi cuerpo reacciona. Agacho la mirada encontrando la suya, me maravillo del amor que veo reflejado en sus hermosos ojos, los mismos que me cautivaron en cuanto la vi.

Puede que nunca lo diga, pero la escocesa cautivó al vikingo y no al revés.

—No me gusta verte así —susurra pasando sus brazos por mi cuello. Se alza de puntillas, besa mi barbilla. Cierro los ojos, disfrutando de su demostración de afecto—. Tu dolor es mío también.

—No te merezco —la alzo para que nuestros rostros queden uno frente al otro—. Mas eres mía y no te dejaré marchar jamás.

Decido darnos más privacidad, por lo que me dirijo a nuestra alcoba, aunque estemos a plena luz del día. Subo las escaleras mientras ella oculta su rostro en mi cuello avergonzada por si alguien de su familia nos ve, lo cierto es que a mí no me importa en absoluto.

—¿Te has vuelto loco? —pregunta ruborizada, mientras se ríe cuando la dejo en la cama—. ¿Qué pensarán…?

—Que estoy amando a mi esposa —interrumpo acariciando su mejilla, mi mano baja por su cuello y clavícula; se estremece—. Elska mín, no puedes besarme y pretender que no te desee.

Abre los ojos sorprendida, ríe complacida cuando comienzo a dejar suaves besos por su cuello.

—¿Me dirás algún día qué significa eso que dices en tu idioma? —pregunta con la voz enronquecida.

—Ahora te acabo de decir «amada mía» —respondo con suavidad—. Muchas veces te he dicho mi amor, incluso cuando me negaba a mí mismo ese sentimiento.

Me abraza emocionada; sigo mi ruta hacia abajo.

Me recreo en el nacimiento de sus senos mientras comienzo a desnudarla, se deja hacer mientras su respiración se torna más rápida, errática.

Sus manos se pierden entre las hebras de mi cabello, las mías recorren su cuerpo arrancándole gemidos de placer.

—Einar —implora cuando me pierdo entre sus piernas—. Por favor…

Le doy lo que suplica; mi lengua paladea su sabor con ansia. Me aferro a sus caderas para inmovilizarla y no ceso en mi empeño hasta que grita en éxtasis y bebo cada gota de su liberación.

—Dios mío —jadea mientras mi cuerpo cubre el suyo, tembloroso—. Te necesito dentro, esposo. —Sus ruegos son órdenes para mí. Penetro con fuerza; ambos gritamos—. No te detengas.

No lo hago. Los embates son cada vez más fuertes, rápidos, profundos, buscando de nuevo el placer. Quiero escucharla gritar mi nombre; necesito alcanzar el éxtasis entre sus brazos, sintiéndome más vivo que nunca.

Tengo la sensación de que todo pasa demasiado rápido, el placer estalla, estremeciéndome.

Siento como muerde mi hombro mientras gime mi nombre, eso es el detonante para mí.

Mi cuerpo cae sobre el suyo porque mis brazos dejan de sostener mi peso.

Intento recuperar el aliento; beso su cuello, donde su pulso late raudo.

—Te amo —la escucho murmurar besando el hombro que hace un instante mordía con saña—. Nunca lo olvides…

—Jamás —replico, haciendo el esfuerzo de alzar mi rostro para encontrar su mirada—.

¿Cómo podría hacerlo? —cuestiono como si semejante idea fuera un imposible, para mí lo es—.

Mientras viva, mi corazón es tuyo, Nessa.

Me salvaste incluso de mí mismo, perdonaste lo imposible y me diste una familia.

Estaba muerto hasta que te vi. —La beso con ternura; pruebo el sabor salado de sus lágrimas por la emoción que le producen mis palabras—. Moriré amándote, esposa mía.

Fin…