El lobo de las Orcadas: rendido ante la escocesa (Sinclair 4) Capítulo 40
95%

Capítulo 40

Nessa

No fue fácil. Ver el sufrimiento de Freydis me recordó el mío. Podía sentir su miedo, por ello, sostuve su mano y no la dejé en ningún momento.

Escuchar el llanto de la pequeña Kenna fue un alivio para todas.

Mi madre lloró de alegría, Gillian sostuvo a su sobrina emocionada hasta que Connor le pidió cogerla en brazos.

Sé lo que vi, la miraba con adoración absoluta.

Mientras su esposa luchaba por la vida de ambas, él estaba aterrado, aunque no quisiera mostrarlo, por lo que no comprendo por qué se comporta como un estúpido.

Einar me hace caso, aunque sé que lucha contra el impulso de golpear a mi primo.

Freydis es su hermana y es lógico que quiera defenderla, protegerla de cualquier dolor, pero yo mejor que nadie sé que no todo es fácil y el matrimonio de ellos dos no comenzó por amor, por lo que imagino que han recorrido un largo camino hasta aquí.

Nadie sabe qué ha pasado durante todos estos meses, solo que son padres de una hermosa niña y que, para engendrarla, al menos existe deseo entre ellos.

—¿Pretendes que me quede de brazos cruzados viéndola sufrir? —cuestiona entre dientes.

—No —niego con dulzura; le insto a que me mire—. Solo te pido que dejes que ellos lo resuelvan. Freydis no quiere que nadie obligue a su esposo a amarla, ¿no lo entiendes? Si le duele, es porque lo ama y él la ama a ella, no logro comprender por qué se comporta de ese modo.

—Porque es un bastardo —espeta—. Pienso partirle las piernas y…

—No harás tal cosa —interrumpo, me alzo de puntillas y lo beso—. ¿Por qué no me ayudas a darme un baño?

Sus ojos refulgen y luego se oscurecen. Algo cambia en él. Me río cuando me alza en brazos y nos encaminamos a nuestra alcoba, si puedo hacer que se olvide de todos durante unas horas, me daré por satisfecha.

***

El nuevo día dio paso a semanas y pronto la pequeña Kenna cumplirá su primer mes. Todos estamos como locos con ella, incluso los más pequeños, creo que ha llegado a Dunmara para que Einar aprenda a querer más allá de sus hijos o a mí.

He intentado dialogar con Connor; se niega a hablar conmigo sobre su matrimonio, ni siquiera con su hermana. Le he pedido a Cedric y Ethan que lo intenten, porque necesito saber qué es lo que les separa. ¿Qué demonios ha sucedido en Girnigoe para que parezcan enemigos?

—Deja de mirarme, Nessa —dice mi cuñada—. De ese modo, no vas a adivinar lo que quieres saber —bromea—. No te preocupes por Connor, mucho menos por mí.

—No lo comprendo —replico enfurruñada, cruzándome de brazos mientras alimenta a su hija—. ¿Por qué sois tan cabezotas? Si me dices que es lo que está mal, podría ayudarte.

—¿Sabes lo que es enamorarte a primera vista?

—pregunta tras un breve silencio. No me mira.

Cuando lo hace, a pesar de que sonríe, puedo ver la tristeza que intenta ocultar.

La miro sintiendo una lástima infinita—.

No me mires así —exige—. Por esto mismo no quiero hablar sobre mi matrimonio.

Todos piensan que me sacrifiqué y en parte fue así, la realidad que he querido ocultar, incluso a mí misma, es que me enamoré de Connor Sinclair la primera vez que lo vi.

—Freydis —susurro conmovida—, no debes avergonzarte por ello, querida. Estoy segura de que mi primo te corresponde —ríe sin ganas negando con la cabeza—. ¿Por qué dices eso? He visto cómo te mira y…

—No sigas —interrumpe molesta—. Connor Sinclair no me ama y nunca lo hará. Nuestro matrimonio tuvo una finalidad: conseguir la paz. Incluso en eso fracasé, porque, por mi culpa, tuviste que pasar un infierno y…

—Detente —es mi turno de interrumpirla—. ¿Quién demonios te ha dicho semejante estupidez? —Agacha la cabeza—. ¿Ha sido Connor?

No responde. Su silencio es suficiente para mí.

Me levanto como un resorte y salgo de la alcoba, a pesar de que me llama a gritos pidiéndome que me detenga.

No pienso hacerlo, no hasta decirle todo lo que pienso al asno de Connor Sinclair.

Lo encuentro cepillando a su caballo, parece que ha estado entrenando, porque está sudoroso y sin camisa.

Al escuchar mis pasos, se da la vuelta para mirarme con el ceño fruncido, sin hablar.

Lo primero que hago es darle una bofetada que gira su rostro.

—¿Cómo has podido culparla de lo que me sucedió? —Me mira tenso, furioso; no le tengo miedo—. ¿Es lo que has hecho durante más de un año? Pero claro, eso no te impedía encamarte con ella, ¿verdad?

—No te metas en lo que no te importa, Nessa. No sabes nada sobre mi matrimonio —sisea—. No vuelvas a golpearme, maldita seas.

—¿O qué? —le desafío —. Tú no eres así, Connor.

—Me casé con una mujer que no conocía, con mi enemiga, para mantener a salvo no solo a los MacGregor, sino también a los Sinclair y no sirvió de nada, porque el bastardo que ahora tanto defiendes te arrancó de Dunmara ante mis narices —masculla con rabia—.

Fuimos a por ti y solo conseguimos que te obligaran a casarte con él…

¿De qué sirvió entonces mi sacrificio, prima?

—¿Y el mío? —cuestiono—. Estuve en tu lugar, Connor, solo que tuve la valentía de reconocer que incluso se puede amar al enemigo. Tú lo haces, solo que eres un maldito cobarde que se niega a reconocer la verdad.

Da un paso hacia mí, enfurecido; una sombra cae sobre nosotros. Alzo los ojos para ver a Cedric posicionándose delante de mí.

—Si das un paso más, Connor, acabaré contigo —amenaza—. No oses dañarla, porque no dejaré restos con los que su esposo pueda jugar.

—¿Crees que la golpearía? —pregunta ofendido—. No le he puesto la mano encima a ninguna mujer jamás.

—Por si acaso —replica mi hermano sin bajar la guardia—. Parece que no te gusta que nadie te diga las verdades; ¿duelen? —cuestiona con sorna.

—No eres el más indicado —sisea—. Hiciste sufrir a mi hermana durante años —añade entre dientes—. No me busques, puede que a Nessa no quiera pegarle, pero a ti te tengo ganas desde hace mucho, y lo sabes.

—Parad —exclamo por temor a que comiencen una pelea—.

Por favor, vámonos, Cedric. Gillian no estará contenta si golpeas a su hermano.

—Me lo llevo obligado como puedo. Está claro que él lo permite, o nunca podría moverlo.

Aun así, sé que sigue furioso no solo por la reacción de Connor para conmigo, sino por lo que le ha recordado.

—Tendrías que haberme dejado partirle las piernas —masculla cuando me detengo—. Maldito imbécil…

—No iba a golpearme, sabes que jamás lo haría —intento que se tranquilice.

—Lo sé —suspira tras un breve silencio—. Lo que más me enfurece es que tiene razón —me mira mortificado—. No puedo darle lecciones porque estuve haciendo daño a Gillian durante años. —Veo el tormento en sus ojos.

—Deja el pasado atrás, hermano —le pido abrumada por su pesar—. Ella te ha perdonado, ahora debes perdonarte tú. Sois felices, tenéis a Finlay, no dejes que las palabras de Connor te afecten.

—No sé por qué estáis hablando sobre el pasado. —Ambos nos volvemos para ver aparecer a Gillian con su hijo en brazos, en cuanto ve a su padre, quiere ir con él, se lo entrega mientras nos observa—. Sea lo que sea, déjalo donde pertenece, esposo.

—Eso mismo le he dicho yo —me jacto. Mi hermano bufa, viéndose acorralado por ambas.

—No hagas caso a mi hermano, Cedric —replica—. En estos días, es como un animal con una herida en la pata —masculla—. Hablaré con él, aunque no creo que sirva de mucho. Dejad que él mismo se estrelle contra la realidad, aunque para ello deba perder a su familia.

Cedric juega con el pequeño Finlay. Me despido de ellos para ir en busca de mis hijos. Al entrar en la alcoba, me sorprendo al encontrar a Einar con ellos, está solo, me sonríe en cuanto me ve.

—¿Qué haces? —cierro la puerta—. ¿Les sucede algo?

—No —responde—. Solo quería estar con mis hijos a solas. ¿Dónde estabas?

—Intentando que Connor entre en razón, pero no lo he conseguido —musito con tristeza. Doy un beso a cada uno como saludo—. ¿Se portan bien?

—De maravilla. —Me río, porque sé que miente, sobre todo por Erik, es muy demandante—. Deja que lo solucionen, es lo que me dijiste, ¿recuerdas?

—Sí —asiento—, pero no es sencillo verlos sufrir.