Capítulo 31
Einar
Decidir abrir mi alma y mi corazón a una mujer que dice odiarme me aterroriza más que mil hombres armados. Sobre todo, porque sabía que esta sería su reacción; no me cree.
Veo la duda, el miedo, el resentimiento…
Demasiados sentimientos encontrados, sin embargo, y por mucho que me duela, no veo amor y eso me está partiendo el corazón. No miento, le daré lo que quiera; me iré de las Orcadas si ella me lo pide.
—No lo dices de verdad —murmura impresionada—. Tu familia está aquí, tu gente…
—¿Qué familia? —interrumpo—. ¿La que conspira a mis espaldas e intenta matarte? ¿Qué gente? ¿La que no me permite amar libremente?
Veo como sus ojos se humedecen; la esperanza comienza a brillar.
Parpadea para alejar las lágrimas. Me gustaría abrazarla y decirle que no debe llorar por mí.
No estoy perdiendo nada ni dejo nada atrás.
Lo único que me duele es que el cuerpo de Aileen y de mi bebé están enterrados aquí, pero no me cabe la menor duda de que, esté donde esté, ella querría que fuera feliz.
—No llores —le pido frustrado por no poder consolarla—. No lo merezco y, ciertamente, nadie de esta isla lo hace. Hablo muy en serio, si quieres que nos marchemos, lo haremos; comencemos una vida juntos, lejos de todo esto.
—¿Dónde? —pregunta. Debo contenerme para no correr hacia ella, esa simple pregunta me deja saber que no está todo perdido como creía.
—Eso no me importa siempre y cuando esté a tu lado. —Cubre su rostro con sus manos temblorosas y estalla en llanto—. Nessa, no…
Al infierno con todo, recorro la distancia que nos separa y la envuelvo entre mis brazos. No se aleja, al contrario, me devuelve el gesto. Siento que mi corazón vuelve a latir con normalidad después de creer que debería seguir viviendo sin mi otra mitad.
Hace tiempo que entendí que Aileen fue mi primer amor, ese amor sosegado que llega para enseñarte a dar a otra persona, pero Nessa es el amor de mi vida, ese que es apasionado, que arrasa con todo y ya nada vuelve a ser igual.
—Me amas —musita entre hipidos y sollozos. Asiento—. En verdad lo haces, y yo he estado comportándome como una bruja; estás dispuesto a dejarlo todo por mí… —no puede continuar hablando, la alzo y la llevo a la cama. Me tumbo junto a ella y espero a que se tranquilice.
Acaricio su cabello, su espalda, mientras poco a poco el llanto desaparece dejando paso a la calma. Se remueve, alza su rostro —ahora bañado por las lágrimas—, sus hermosos ojos rojos, sus labios hinchados; más hermosa que nunca.
—Lo siento —susurra con la voz ronca de quien ha llorado durante demasiado tiempo. Mi corazón da un vuelco, mi respiración se detiene al pensar que…—. Lamento no haber sido tan valiente como tú para reconocer mis sentimientos. Te amo, Einar Thorsson.
Un gemido, nacido de lo más profundo de mi ser, rasga mi garganta.
Vuelvo a abrazarla, entierro mi rostro en su cuello, me impregno del aroma de su cabello mientras tiemblo como un niño entre sus brazos.
Pensé que jamás escucharía esas palabras salir de sus labios y que ahora, cuando daba todo por perdido lo reconozca, para mí es un deseo hecho realidad.
—Lamento haber tardado tanto en reconocerlo —susurra contra mi oído, estremeciéndome—. El dolor de tus acciones no me permitía ver más allá…
—No debes disculparte por nada. —Beso su cuello antes de alejarme lo suficiente para que nuestras miradas se encuentren—. Yo soy el único culpable de todo lo sucedido. Desde tu secuestro hasta ahora. Eres la mujer más valiente que he conocido, sobre todo, por amarme cuando no lo merezco.
—Siempre he pensado que hasta el peor patán merece una segunda oportunidad —replica, acariciando mi rostro con ternura—. Solo una, Einar —advierte con seriedad.
Asiento, porque no tengo la menor intención de volver a hacerle daño.
—Te juro que pasaré mi vida compensándote —susurro—. Si pudiera borrar muchas de las cosas que he hecho, lo haría con gusto, aunque tuviera que pagar un alto precio por ello.
—Te creo, lo veo en tus ojos —dice emocionada—. ¿Qué cambió? —Sé lo que me está preguntando, dejo un suave beso en su frente antes de responder.
—Tu fuerza, tu valentía para enfrentarte a mí —reconozco—. Tu belleza ya me había impresionado en cuanto te vi. Fui entregándote un pedazo de mi maltrecho corazón cada vez que te enfrentabas a mí sin agachar la cabeza.
—¿Quieres saber cuándo comencé a sentir algo distinto al odio? —murmura apoyada en mi pecho. Asiento, no hacen falta palabras—. Cuando me sacaste de esa celda me di cuenta de que no eras tan malo como querías mostrar.
—Muchacha insolente —mascullo, apretándola contra mi cuerpo—. Ese día podría haber matado a Solveig por lo que te hizo…
Siento cómo se tensa y maldigo mi bocaza. Lo cierto es que ha llegado la hora de hablar sobre todo lo sucedido, a pesar del dolor que eso nos cause. Necesito que comprenda, sobre todo, que crea que no he vuelto a tocar a una mujer desde que nos casamos.
—Nessa, tienes que creerme cuando te digo que no he vuelto a estar con Solveig ni con ninguna otra —alzo su rostro para que me mire.
Es algo que le he repetido en varias ocasiones, en las cuales no he podido ganarme su confianza—.
¿Me crees? Puede que no lo comprendas porque eras virgen, lo que tú y yo compartimos en el lecho es…
—cierro los ojos, intento encontrar las palabras adecuadas— magia.
Sonríe mientras sus mejillas se sonrojan, mis ansias de ella crecen, debo recordarme que no puedo tocarla como quiero.
Lejos de decir algo, me abraza y vuelve a ocultarse en el hueco de mi cuello.
Podría obligarla; siento que no es el momento.
Solo rezo para que algún día me crea y ganarme su confianza.
—¿Crees que podremos ser felices? —Hay tanto temor, a la vez tanta esperanza, que me sobrecoge.
—Por supuesto que sí —sentencio—. Nos iremos de aquí y comenzaremos de nuevo.
Se aparta para observarme impresionada; niega. Asiento, dejándole claro que mi decisión está tomada.
—No puedes hacer eso —musita temblorosa—. Einar, no voy a pedirte que abandones tu hogar y todo lo que eres por mí. No es justo.
—Yo te arranqué del tuyo —le recuerdo, algo que me atormentará hasta el fin de mis días—. Ya he dejado claro ante el consejo que no deseo seguir luchando. Si Haakon se recupera, será él quien lidere lo que sea que quieran continuar.
—¿Crees que continuarán atacando las Highlands? —pregunta preocupada. Me gustaría decirle que no, mas no voy a mentirle.
—No lo sé. —Cierra los ojos—. Mi primo todavía está convaleciente, no es que tengan muchas esperanzas de que sobreviva. Si lo hace, que sea él quien decida.
—Entonces los míos están sentenciados, Einar —su voz se rompe.
—Los protegeré —beso su frente—. Luchare con ellos…
—¿Serías capaz de enfrentarte a los tuyos? —cuestiona. Parece que no hago más que sorprenderla—. Son tu familia, no quiero esto, esposo. Amarme no debería significar sacrificio.
—Tú y los niños sois mi familia —rebato con ternura—. No me estás obligando a elegir; ya lo he hecho. Te amo e iré allá donde tú vayas porque eres mi hogar.
—Te amo, Einar —solloza. Se lanza de nuevo a mis brazos. Cierro mis ojos emocionado porque pensé que jamás escucharía semejante confesión de sus labios.
Permanecemos juntos toda la noche, en la cama, abrazados y hablando largo y tendido.
Algo que deberíamos haber hecho mucho antes, de ese modo, nos habríamos ahorrado sufrimiento y malentendidos.
Llegamos a la conclusión de que lo mejor es que yo regrese con ella a Dunmara, con la esperanza de que su familia me acepte.
He pasado de odiar la simple idea de que mi isla, el lugar que me vio nacer, perteneciera a Escocia a decidir vivir en la parte más salvaje del país. Sin embargo, no dudo que pueda llegar a amar mi nueva patria, ya que, como le he dicho a mi esposa, ella es mi hogar.
Contemplo cómo duerme; podría hacerlo para siempre.
Me siento feliz y en completa libertad. Hace tanto tiempo que no lo era que ya me había olvidado de la sensación.
En mi corazón ya no hay lugar para el resentimiento, el dolor o el odio.
Dejo todo eso atrás; perdono a todo aquel que me ha hecho daño, porque sé que yo he infligido el mismo dolor.
Pero sobre todo soy capaz de dejar marchar a Aileen y mi hijo, ellos no merecían venganza.
Ellos merecen descansar en paz, por fin van a poder hacerlo, y algún día volveré a verlos, mientras tanto, es mi momento de vivir.