Capítulo 24
Nessa
Lo digo con toda sinceridad. No pienso rendirme.
No lo hice ante él, mucho menos ante viejos decrépitos que se creen que la isla les pertenece.
A mi parecer, Einar les ha dado demasiado poder, cuando deberían comprender que el que ha luchado por ellos es mi esposo.
Lo que han ganado ha sido gracias a su sacrificio, por lo que no pienso quedarme de brazos cruzados mientras contemplo cómo se deshacen de él ahora que ya no les sirve para sus propósitos.
—Deja que libre mis batallas yo mismo. —Se marcha dejándome con la boca abierta, sin opción a replica.
—¿Cómo se atreve? —mascullo ofuscada, me siento inútil por no poder hacer nada para impedir toda esa locura.
Poco después, la mujer que amamanta a mis hijos los trae a mi alcoba. Además del arco y las flechas que Einar me había prometido. No dice nada, veo en su rostro que ella también está preocupada.
—¿Qué sucede? —pregunto con la esperanza de que me responda; no suele hablarme—. Dime, por favor…
—Haakon todavía no ha muerto; resiste. —No sé si alegrarme o no—. Einar está reunido con el consejo…
—No pueden culparlo —espeto—. Ha defendido a su esposa; iba a matarme.
—Eso a ellos no les importa. —Abro los ojos, sorprendida de que tenga la misma opinión que mi marido—. Para ellos, solo eres el enemigo. No importa que le hayas dado dos herederos a Einar. Nunca van a verte como una de nosotras.
—Ni quiero ni lo necesito —digo orgullosa—. Soy una MacGregor.
Asiente y se marcha dejándome con mis pequeños, los cuales duermen juntos en su cuna.
Siento miedo por estar a solas con ellos, ¿y si no puedo cuidarlos cómo corresponde?
Me siento mala madre, porque, desde su nacimiento, no he podido estar tan presente como hubiera querido.
Primero por estar al borde de la muerte, después, ya que, según esa vieja curandera y mi esposo, no estoy lo bastante fuerte como para ocuparme de dos niños a la vez.
Ahora, sin embargo, debo protegerlos incluso de mi inexperiencia. ¿Y si Einar no regresa? ¿Y si acaban con él sin que pueda impedirlo?, ¿sin despedirme?
Un dolor sordo en el pecho hace que me acurruque en la cama mientras siento unas ganas terribles de llorar ante el pensamiento de no volver a verlo.
—¿Qué demonios me pasa? —cuestiono a la nada—. Si lo que más deseo es marcharme de aquí y no verlo nunca más…
No estoy segura de estar preparada para afrontar la respuesta.
La verdad que llevo demasiado tiempo negándome a mí misma y relegándola a lo más profundo de mi mente.
Lo único que tengo claro es que, por mucho daño que me haya hecho, por mucho que lo odie, no lo quiero muerto.
Nuestros hijos nos unirán para siempre, no importa que yo esté en Dunmara, y él en la isla que ama tanto y por la que ha sacrificado todo lo realmente importante.
Sollozo, porque estoy asustada. Por primera vez desde que llegué aquí, siento que estamos en un peligro real, ya que puede ser que Einar, el hombre que juró odiarme, ya no estará para protegerme.
—¿Por qué estás llorando? —su voz. Alzo la cabeza y lo veo al lado de la cuna de los niños—. No les pasa nada… —frunce el ceño como si no creyera que existen otros motivos por los cuales podría estar llorando que nada tienen que ver con los bebés.
—¡Has vuelto! —exclamo, incorporándome—. ¿Qué ha pasado?
—Nessa, no me había ido lejos —replica—. Haakon no ha muerto todavía, es mucho más fuerte de lo que todos creíamos o solo lo hace para llevarme la contraria, quién sabe —se encoge de hombros—. El consejo esperará a ver cuál es el desenlace antes de decidir mi destino.
—¿Y ya está? —cuestiono iracunda—. ¿Vas a sentarte a esperar a ver si el bastardo de tu primo vive o muere para seguirlo? ¿Y nosotros? Si no lo haces por mí, hazlo por tus hijos; ¿ellos tampoco te importan?
—Estoy harto de que des por sentadas las cosas —exclama pasando una de sus temblorosas manos por su cabello—. He matado a mi primo por ti —acusa—. ¿Qué más quieres de mí?
Me duelen sus palabras; lo veo claro en sus ojos. Me culpa por haber tenido que empuñar la espada contra un miserable que ya le había dado la espalda hace tiempo.
—No te lo he pedido —siseo dolida, tanto que no soy capaz de medir mis palabras—, haberle dejado atravesarme con su espada, ahora serías viudo con dos hijos y libre de nuevo para seguir matando a todo aquel que no piense como tú.
—Deja de decir eso —me exige acercándose a mí, estamos tan cerca que puedo sentir su calor. Su cuerpo se yergue sobre el mío—. ¿Por qué me mortificas?
—¿Por qué me haces daño? —pregunto mirando sus labios; se abren con sorpresa.
—¿Te he hecho daño? —pregunta extrañado—. ¿Cuándo?
—No importa —musito agachando la mirada, decirle que sus palabras tienen poder para causarme daño es darle demasiada información. Sus dedos cogen mi barbilla con sumo cuidado, obligándome a mirarlo de nuevo. Me siento muy nerviosa, demasiado expuesta.
—A mí sí me importa —sentencia. Mi corazón da un vuelco en el pecho y no debería—. Dime qué es lo que he hecho…
—Demasiadas cosas —espeto alejándome de su contacto, es hora de volver a la realidad, una que se impone en cuanto recuerdo todo lo vivido desde que me secuestró—. ¿Acaso las has olvidado?
—Pensaba que tú las habías perdonado cuando has bajado para salvarme la vida —replica incorporándose.
—No lo he hecho por ti, sino por mis hijos —miento—. ¿Pretendías que los dejara sin padre? ¿Cómo podría mirarlos a la cara cuando me preguntaran sobre ti y tu muerte?
—Solo lo has hecho por eso —parece ¿dolido?, ¿desilusionado?
Se aleja. Siento frío sin su cercanía, reprimo el deseo de abrazarme a mí misma, ya que sería mostrarme demasiado vulnerable ante él.
—Siento mucho que, por mi culpa, te hayas visto obligado a hacer algo que no querías. Lamento decirte que llevan meses queriendo mi cabeza, de hecho, lo hacen desde que llegué, y lo sabes. Hubieran encontrado otro momento para acabar conmigo antes de marcharme a Dunmara.
Sale como una exhalación de la alcoba, dejándome sola y con muchas cosas por decir.
Supongo que mis disculpas no son suficientes, después de todo, unas simples palabras no pueden enmendar el daño ocasionado.
Ha descubierto que su primo lo ha traicionado, sus hombres ya no lo ven como su líder; todo por culpa mía.
Cuanto antes me marche, mejor. Solo así todo volverá a la normalidad.
Paso la noche rezando para que Haakon sobreviva y, de ese modo, Einar tenga una posibilidad de escape.
No comprendo por qué el pensar en alejarme me produce tanta desazón, cuando hasta hace unas horas era lo único en lo que podía pensar.
Este no es mi lugar ni nunca lo será ni Einar Thorsson es el hombre que merezco; no me amará como mi padre ama a mi madre, ni como Cedric ama a Gillian.
Al recordarlos, rompo a llorar. Durante todos estos meses, he intentado no pensar mucho en ellos porque me dolía demasiado. Sin embargo, los días eran eternos, las horas pasaban lentamente y no podía evitar pensar e imaginar qué estarían haciendo.
¿Qué me pasa…? ¿Por qué no soy capaz de poner en orden mis pensamientos y dar voz a mis sentimientos?