Capítulo 20
—¿ S obre qué?
—Sobre por qué creo que deberías bajar el arma.
—¿Tu mujer se queja de lo mucho que hablas? —preguntó Phillip.
Jake sonrió.—Es peor que yo.
—Dios. Eso tiene que ser difícil.
—Lo es. Y los niños son igual de malos.
Jake esperó una respuesta, pero no llegó.
—No hagas esto, Phillip. ¿Qué dirían tus hijos?
¿Cómo reaccionarán cuando se enteren de lo que has hecho?
No creo que se lo crean. No querrán creer que el hombre que los crió, el hombre que les dio todo lo que ganó en su vida, fuera capaz de semejante atrocidad.
No querrán que la imagen que tienen de ti como su héroe se vea empañada por esto, ¿verdad?
Phillip no respondió.
—Y cuando se den cuenta de que es la verdad, ¿qué harán entonces?
Las repercusiones psicológicas de tus actos podrían obligarlos a hacer cosas drásticas.
No quieres hacerles daño, ¿verdad? Porque a ellos es a quienes más vas a afectar, Phillip.
A tus hijos. A tus nietos. Y en cuanto a tu mujer...
si estuviera aquí ahora, ¿qué estaría diciendo?
Esta vez Jake esperó a que Phillip contestara. Por primera vez, este bajó la vista al suelo, pensativo.
—Ella... Ella me diría que... que dejara de ser un imbécil —la voz de Phillip era ronca—. Me diría que me he convertido en todo lo que juré odiar. Y que he sido un ser humano débil por hacerlo.
—No eres débil —dijo Jake.
—Lo soy. Lo soy. Soy débil . Más débil de lo que he sido nunca. Soy tan malo como esos hijos de puta que robaron en mi casa. Que mataron a mi mujer. Que me torturaron. Mentalmente. Físicamente. Todo esto ha sido un error. Yo... yo nunca... yo...
Phillip dejó de hablar.
Y entonces sucedió.
Primero se le dilataron los ojos. Luego se quedó mirando al suelo, justo delante de los pies de Jake.
Acto seguido, empujó a Tara al suelo y dejó caer la metralleta.
Entonces se apuntó a la cabeza con la pistola.
No.
Se hundió el cañón del arma en la boca.
—¡No! —gritó Jake.
Pero era demasiado tarde.
Phillip apretó el gatillo y su cuerpo se desplomó contra el suelo.