Martes #8
—Sí, esta mañana he salido a un asunto policial importante.
En fin, un error lo comete cualquiera, pero ten en cuenta que una comunicación fluida es la clave de todo trabajo policial, y puesto que yo soy quien dirige esta investigación, tengo que estar informado hasta del más mínimo detalle, por supuesto.
—Por supuesto —dijo Patrik—. No se me ocurriría no tener informado al jefe. Pero sí, he solicitado la autorización y esperamos que nos llegue aprobada en cualquier momento.
Mellberg le sonrió a Patrik.
—Va a ser de lo más sonado cuando salga a la luz —dijo satisfecho—. La policía de Tanumshede recurre a métodos de investigación innovadores para resolver el caso Sofie.
A Patrik le dio un vuelco el corazón.
—Tal vez deberíamos ser tan prudentes como sea posible con la información —dijo—. Si se da a conocer demasiado pronto, podría causarnos problemas.
A Mellberg se le fue apagando la sonrisa mientras tomaba conciencia de lo que acababa de decir Patrik. A todas luces disgustado, respondió:
—Sí, puede que tengas razón. Pero no podemos esperar demasiado. Ese tipo de cosas salen a la luz tarde o temprano, y es mejor que seamos nosotros los que llevemos la batuta. Creo que debemos ofrecer una conferencia de prensa cuando vayamos a anunciarlo.
—Desde luego —dijo Patrik sumiso—. Pero cuando estemos listos.
—Bien visto, Hedström. Tú también llegarás a ser un buen policía, seguro.
—¡Patrik! —se oyó gritar a Annika desde la recepción—. ¡Tienes una llamada! ¡La fiscalía!
Patrik se levantó agradecido.
—¡Lo cojo en mi oficina! —le respondió a Annika.
Cuando atendió la llamada, contuvo la respiración un par de segundos. El pulso le iba a mil por hora.
—Aquí Patrik Hedström. Sí. ¿En serio? ¡Gracias! ¡Gracias, joder!
Colgó dando gritos de alegría. Sus colegas salieron al pasillo y se arremolinaron delante de su puerta.
—¡Tenemos la autorización! Están enviando ya el ADN a las bases de datos, y puedo pedirle a Sylvia que se ponga a ello según vayan llegando los resultados. ¡Creen que podrán empezar a dar respuestas esta misma noche!
—Esa sí que es buena —dijo Gösta mientras Patrik y Paula señalaban la victoria formando una uve con los dedos.
—¡Llama a Sylvia! ¡Llámala ahora mismo! —dijo Paula.
Después de haber avisado a la experta en estudios genealógicos, Patrik se desplomó exhausto en la silla. Con el rabillo del ojo, vio cómo Mellberg le daba a Gösta una palmadita en la espalda.
—Eso, Gösta, los avances técnicos, eso es lo que funciona. Seguro que no pensabas que a mí se me pudiera ocurrir algo tan innovador. O quizá sí, claro, seguro que sí lo habías pensado.
Mellberg regresó satisfecho a su despacho mientras Patrik veía a Gösta negar con la cabeza indignado.
—Lo importante es conseguir resultados, Gösta —le dijo—. Eso es lo importante.
Zombie — The Cranberries
Ha sido el peor cumpleaños de mi vida. Mi madre me ha regalado un polo de Lacoste feo de morirse.
No me lo pondría ni muerta. Y de dinero, nada, claro.
No hacen caso a nada de lo que digo. Y me felicitaron con un trozo de tarta en la cama.
A mí, que no quiero comer tarta. Estoy demasiado gorda.
Gorda y sin tetas. Encontré un artículo en la revista Veckorevyn sobre cómo perder cinco kilos en dos semanas, pero mi madre sospecharía enseguida si de pronto empezara a meter cosas raras en el frigo.
Así que tendré que ponerme a requesón y zanahorias y punto. De eso siempre tenemos en casa.
Claro que Magdalena y Ellen me han felicitado en condiciones.
Nos llevamos unos bocadillos y nos fuimos a sentar en lo más alto de la torre de Badholmen.
No había ni un alma. Todo el mundo estaba viendo no sé qué partido del mundial de fútbol.
No entiendo que a la gente le interese. Unos tíos corriendo por una pista de césped para meter un balón en una portería. Más ridículo, imposible.
Ellen me regaló un brillo de labios. Magdalena, un par de Converse blancas.
Primero no caí en cómo había podido permitirse comprar un regalo así, si ni siquiera trabaja en verano, pero nos dijo que el dinero era de Monica, y que no se daría cuenta de que lo había cogido.
Le está bien empleado a la bruja esa. Ni siquiera tengo cargo de conciencia.
Por poco me muero de risa cuando Ellen dijo que le parecía que Gabriel se da un aire a Juha Valjakkala.
No está bien reírse, claro, fue horrible cuando el tío mató a aquella familia.
Y el pobre crío, que fue el único que sobrevivió.
Pero bueno. El caso es que tiene un poco de razón.
Gabriel tiene pinta de estar ido por completo con esa ropa y el maquillaje que lleva.
Por cierto, que se me había olvidado escribirlo, la semana pasada se armó un follón enorme cuando mi madre y Allan encontraron en su cuarto un montón de chismes rarísimos.
Aunque al final dejaron que se los quedara, por supuesto. Gabriel siempre se sale con la suya.
Cuando me haya ido de casa pienso organizar auténticos fiestones para mi cumpleaños. No sé qué me regalará él. Creo que se le dan bien esas cosas. Y seguro que se le dará bien lo de hacer regalitos así, sin más. Flores. Mi helado favorito. Creo o, más bien, sé que es perfecto, ni más ni menos.