El llanto de los muertos (Los crímenes de Fjällbacka 12) Martes #3
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Martes #3

—No digo que estés equivocada. Pero tampoco que estés en lo cierto.

—Erica suspiró—. Patrik no tiene muchas esperanzas de que puedan resolver el caso, parece.

Y hay muchas cosas que no terminan de encajar.

Por un lado, está lo de aquella fiesta, en la que estuvo Dan, ya sabes.

Y por otro, hay algo en la familia de Sofie…

, no termino de ver qué es. Luego está el tema de la amistad entre las tres chicas, y su relación con Aino.

Y ahora, además, resulta que a Aino la han asesinado.

Por lo general siempre veo un patrón bastante pronto, pero este caso es como un caleidoscopio. Mil piezas diminutas que no encajan.

—¿Qué te dice Patrik de la investigación? ¿Avanzan, por lo menos?

Erica asintió.

—Sé bastantes cosas. Y ayer descubrieron un detalle que puede ser interesante.

—Dio un hondo suspiro, que le arrancó a Nora una risa—.

Si no resuelven el caso, no sé cómo voy a poder escribir sobre él.

Está todo muy enmarañado. No tendré un principio, un desarrollo y un desenlace, solo un montón de hilos sueltos.

Anna le pasó a Nora y se sirvió un vaso de batido.

—Una clienta que es vecina de Bengt y Gun me ha dicho que cree que Magdalena se ha instalado en su casita de huéspedes.

—¡Estás de broma! —Erica se irguió un poco en el sofá—. Ese cambio sí que es raro. Se mudó a casa para ayudar a su madre, Monica.

Anna soltó un resoplido.

—Bueno, era de esperar que no aguantara a Monica mucho tiempo. —Apuró el batido y se sentó de nuevo al lado de Erica—. Dame a esta ricura. La tía tiene que disfrutarla un poco más.

Erica le pasó a Nora de mil amores, era un placer tener las dos manos libres un rato.

—¿Tú qué crees? —dijo—. ¿Estarán Magdalena y Jocke juntos otra vez? ¿Cómo es eso que dicen? Los viejos amores nunca mueren.

—¡Pues yo espero que sí que mueran! —dijo Anna entre risas—. Si no, las Navidades en familia serán un lío.

Erica le dio a su hermana una palmada en el brazo.

—Créeme, Dan no corre peligro. Y mis planes son conservar a Patrik para siempre. A menos que él me sustituya por un talento más joven.

—Pero, Erica, no te reconozco. Seguro que es cosa de las hormonas.

Búscate unos parches o algo. Patrik besa el suelo que pisas.

Y siempre lo hará. ¡Y las canas son preciosas!

Mira a Andie MacDowell y Sarah Jessica Parker.

¡Superguapas! Y, a propósito de guapos, Jocke y Magdalena harían una pareja guapísima.

Erica asintió. Intentó imaginarse a sí misma con todo el pelo cano, pero no lo consiguió.

—Ya, pero yo me pregunto qué significa, por qué se produce ahora ese acercamiento entre ellos. Si no estoy mal informada, no habían tenido contacto en todos estos años.

—Según Dan, cuando estaban juntos parecía que los hubieran pegado con pegamento. Lo que tenían tal vez fuera el gran amor de sus vidas, y cuando ocurrió lo de Sofie, no lograron ponerle fin de un modo natural. Puede que aún abriguen en su interior algunos sentimientos.

—Me pregunto cómo lo verán Bengt y Gun.

Anna pegó la nariz a la naricilla de Nora.

—Puedo indagar un poco mañana cuando vea a Gun.

Me han contratado para que le dé a la casa un lavado de cara.

En los años ochenta emprendieron varias reformas algo desafortunadas, papel pintado con textura, ribetes y cosas así, y ahora quieren recuperar la forma original, aunque con un toque moderno. Espera, te voy a enseñar mis bocetos.

Anna se levantó con Nora en brazos y entró en su despacho. Volvió enseguida con una gruesa carpeta.

—Me han facilitado un montón de fotografías antiguas de la casa como punto de partida. Pero no quieren que parezca una máquina del tiempo de regreso a los años veinte, así que he pensado introducir bastantes materiales modernos, pero con un toque años veinte y, sobre todo, eliminar lo ochentero.

Erica hojeó los bocetos admirada de lo extraordinaria que era su hermana como decoradora.

—Precioso. Va a quedar increíble.

—Bueno, el punto de partida es inmejorable. Fíjate en lo bonita que es la casa.

Anna le mostró el puñado de fotografías, y Erica empezó a ojearlas.

Siempre le había gustado mirar fotos antiguas.

Constituían algo así como un recordatorio de que la vida seguía, generación tras generación.

De que algunas cosas cambiaban, mientras que otras permanecían.

Lo mismo ocurría con ese tipo de casas antiguas.

Su hermana tenía razón en que era una casa preciosa, mayestática, situada como estaba en una elevación del terreno, las ventanas con cuarterones, la escalera de incendios y su balcón.

Daba la sensación de ser una casa que había recibido mucho amor.

—Es muy bonita. Y me alegro de que te vaya tan bien. —Erica se puso de pie—. Te dejo que sigas haciendo limpieza. Pero me apuesto lo que quieras a que no reunirás ni una bolsa del supermercado de cosas para tirar.

Anna se encogió de hombros.

—Si me hace feliz, lo conservaré, es lo que dice el método.

—Tú me haces feliz —dijo Erica—. Así que pienso conservarte. Gracias.

Le dio un abrazo a Anna y cogió a Nora.

Durante años, fue ella la que le aportaba a Anna seguridad. Ahora, en ocasiones, se cambiaban los papeles. Y a Erica le encantaba que así fuera.

—Gracias por recibirnos —dijo Gösta.

Él, Patrik e Yvonne y Allan Rudberg estaban sentados alrededor de la gran mesa del comedor. El ambiente solo podía calificarse de tenso, y no se alivió un ápice cuando Gabriel llegó y se sentó con ellos.

Gösta miró inquisitivo a Patrik. Él llevaría la batuta.

—Ellen ya se había ido al trabajo cuando llamasteis —dijo Yvonne, y se rascó el cuello con nerviosismo—. Y, la verdad, no se ha encontrado muy bien últimamente, así que he pensado que era mejor no llamarla para que viniera.

—No pasa nada —dijo Patrik—. Queríamos hablar con vosotros tres.

Patrik dirigió la mirada a la caseta del barco, era lógico, pensó Gösta, pero luego volvió a mirar a la familia.

—Cuando revisamos la documentación de la investigación original descubrimos que, por desgracia, faltaban algunos detalles. Uno de ellos era que la caseta del barco jamás se inspeccionó. —Miró a Yvonne—. Y, bueno, ya sabes que mis colegas vinieron a echar un vistazo.

Yvonne volvió a rascarse el cuello.

Gabriel se inclinó hacia ellos.

—Pues no me explico qué sentido tiene que lo comprobéis treinta años después —dijo con cierto temblor en la voz—. ¿Y por qué buscáis aquí? A Sofie la sorprendieron de camino a casa, como puede comprender cualquiera.

—Tenemos que ser exhaustivos —dijo Gösta—. Es lamentable que se pasaran por alto algunas cosas en su día, pero ya no podemos hacer mucho por remediarlo. Salvo tratar de examinar a fondo aquello que no se investigó entonces.

Patrik señaló a Gösta.

—Al revisar el barco de Sofie, mis colegas encontraron en él una cuerda. Una cuerda de color azul en forma de dogal. ¿Sabéis algo al respecto?

Allan suspiró y miró a Gabriel, que se encogió de hombros y soltó una risa.

¿De verdad se había reído? Gösta no daba crédito, aquello era más absurdo de lo imaginable.

—Madre mía, ¿por eso estáis aquí, por el dogal? —Volvió a soltar una risotada—. Yo, bueno, tuve un período oscuro de adolescente. Preguntad a mi padre y a Yvonne. Estaban muy preocupados.

—Pues sí, Gabriel pasó una época en la que escuchaba no sé qué música espantosa de rock duro e insistía en pintar su cuarto de negro —dijo Yvonne—. Y lo tenía lleno de todo tipo de objetos raros.

Buscó la mirada de Allan, que carraspeó un poco.

—No sé si hicimos bien o no, pero dejamos que siguiera con ello. Pensamos que ya se le pasaría. Como así fue, con el tiempo. Pero sí, en su cuarto había muchos chismes bastante morbosos. Es harto probable que hubiera un dogal, quien mejor puede responder a ello es él.

Gabriel les sonrió a los dos policías, pero había algo en aquella sonrisa que le daba a Gösta mala espina.

—Había un dogal, un par de navajas, una espada de samurái, y hasta tenía una de esas estrellas arrojadizas japonesas.

Todo fue a la basura en alguna limpieza que hicimos después de la desaparición de Sofie, y no es imposible que la cuerda acabara en la caseta.

La verdad, no lo recuerdo. En todo caso, no tiene nada que ver con Sofie.

—Sinceramente, a mí esto me parece de lo más extraño —dijo Yvonne, con el cuello entero enrojecido—.

Los miembros de la familia quedamos descartados, es lo primero que hizo la policía, y la sensación fue que procedieron muy a conciencia, teniendo en cuenta lo exhaustivos que fueron con nosotros en lo relativo a coartadas y todo lo demás.

Miró a Gösta, que asintió.

—En esa parte de la investigación no hemos encontrado fallos. Y sé que una de las teorías era que quien se llevó a Sofie fue alguien que estaba de paso o un turista. Pero ahora tenemos lo de Aino.

—¿Ni siquiera sabéis si la muerte de Aino guarda relación con la de Sofie?

Allan bajó la vista y siguió con el dedo una veta en la madera.

—No podemos pronunciarnos acerca de las teorías que barajamos —dijo Patrik—. Pero debemos contemplar más hipótesis. Es la única forma de resolverlo de una vez por todas.

—A mí me parece que estáis perdiendo el tiempo —dijo Gabriel levantándose.

Colocó la silla en su sitio con tal fuerza que la estampó contra el borde de la mesa—.

Habéis tenido treinta años. Y si al final resulta que la muerte de Aino está relacionada con la de Sofie, habrá costado otra vida. Es increíble.

—Tranquilo, Gabriel —dijo Allan, y le indicó a su hijo con la mano que volviera a sentarse—. La policía se limita a hacer su trabajo.

Se volvió hacia Patrik.

—Pero tenéis que comprender nuestra frustración.

—Lo entiendo perfectamente, todos lo entendemos. Y gran parte de los avances que se están haciendo en la investigación no podemos compartirlos con vosotros, pero estamos avanzando, eso sí lo puedo decir.