El llanto de los muertos (Los crímenes de Fjällbacka 12) Lunes #14
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Lunes #14

Por un instante, en su vida existió algo más allá de Gabriel.

Pero después de ese instante, no le quedó otra cosa a la que aferrarse más que su hijo.

De no ser así, se habría hundido. Sabía que Yvonne no lo entendía.

Sofie tampoco lo entendió. Ellas solo veían en Gabriel el lado oscuro, las aristas, mientras que Allan veía mucho más.

Él veía al niño. Ese niño que llenaba el vacío que sentía en su interior y que le ayudaba a volver a la vida.

Si quería a Gabriel con la intensidad suficiente, toda la oscuridad desaparecería.

Le había fallado a Isabelle. Ella eligió la oscuridad.

Su amor no le bastó. Jamás permitiría que eso le ocurriera a Gabriel.

Le crujieron las rodillas cuando se puso de pie. Su cuerpo se volvía cada vez más rígido. Había de llegar un día en el que Gabriel ya no pudiera contar con él, y eso le preocupaba. Aunque ya era un hombre adulto con familia propia, su hijo seguía necesitándolo. Siempre fue así. Siempre sería así.

Con un último vistazo a la tumba, recorrió el sendero de grava camino del restaurante. No podía ausentarse demasiado.

—Gracias por recibirme tan pronto —dijo Patrik sorprendido cuando Sylvia Sjölund abrió la puerta.

Desde luego, no tenía el aspecto que él se había imaginado que debía tener una persona que se pasaba los días entre archivos polvorientos. Al contrario: tendría unos sesenta años, llevaba una blusa muy escotada con estampado de leopardo, el pelo largo y rubio y lápiz de labios rojo intenso.

—Bueno, estaba en casa sola y sin hacer nada de particular, así que me venía bien un poco de compañía. ¡Adelante!

La casa fue fácil de localizar. Se encontraba justo al final de la playa, antes de girar hacia Grebbestad.

Sylvia llevó a Patrik a una acogedora sala de estar que estaba a rebosar de libros, archivadores y pilas de documentos por todas partes.

—Por desgracia, el estudio de la genealogía es una profesión que ocupa mucho espacio. Aunque en la actualidad buena parte de la información está disponible en la red, no es lo mismo leer los antiguos registros parroquiales en una pantalla.

—Sí, ya me imagino.

Patrik apartó con cuidado una montaña de libros para hacerse sitio en el sofá.

—En fin, ¿cómo puedo ayudar a la policía? En el mensaje de móvil no me dabas muchos detalles.

Patrik se rascó la nuca pensativo.

—En realidad, ha sido idea de mi mujer. Mi madre, Kristina Hedström, hizo el curso que impartes, y tengo entendido que habéis seguido en contacto.

Sylvia asintió.

—Sí, sí, Kristina se ha volcado en la tarea con muchísimo entusiasmo.

—Pues verás, resulta que tenemos el ADN de una persona desconocida a la que necesitamos identificar. No sé qué se puede hacer ni cómo. Como es natural, estoy informado acerca del crimen de Linköping, pero no recuerdo los detalles del procedimiento.

Sylvia dio una palmada de satisfacción.

—La verdad es que es un campo apasionante. En Estados Unidos resuelven un caso tras otro gracias a los estudios de genealogía. Y no solo asesinatos y violaciones. También es posible identificar cadáveres, incluso con muchos años de antigüedad. ¡Es extraordinario!

Sylvia hablaba con tal energía que Patrik quedó casi hechizado. Comprendió muy bien por qué a su madre le había gustado tanto aquel curso.

—Lo que hacemos es buscar en bases de datos de personas que han dejado su ADN voluntariamente. No son pocas, y permiten que los usuarios encuentren parientes desconocidos, que definan su árbol genealógico, que averigüen más información acerca de sus orígenes.

Patrik se inclinó hacia delante.

—Es decir, sería posible encontrar una coincidencia si la persona cuyo ADN tenemos hubiera enviado una muestra a alguna de esas bases de datos, ¿no es así?

—Por supuesto. Pero hay que tener el ADN de mucha gente. Lo normal es que haya que investigar a toda la generación.

—¿Y eso cómo se hace?

La pila de libros que Patrik tenía al lado empezaba a inclinarse, y la enderezó para que no se le cayeran encima.

—Se trata de localizar similitudes en segmentos específicos del ADN.

Si hay personas que presentan segmentos que se solapan con los de la persona sometida al test, se catalogan como parientes.

Cuanto mayor es el solapamiento, mayor es el grado de parentesco.

Por ejemplo, los hermanos presentan más elementos de solapamiento que los primos.

Y cuanto más lejano es el parentesco, menor es el solapamiento.

Para identificar a una persona determinada, se utiliza la información de árboles genealógicos y de registros históricos.

A Sylvia le brillaban los ojos. Aquello era un mundo nuevo para Patrik, y casi se sintió feliz por las posibilidades que parecían abrirse a la investigación. Aunque no estaba seguro de haber comprendido del todo cómo funcionaba el procedimiento.

—Combinando coincidencias de ADN con linajes conocidos, se puede rastrear de dónde procede una persona —continuó Sylvia—. Es algo parecido a un rompecabezas de distintos linajes. Y si se encuentran antepasados comunes, se pueden sacar conclusiones sobre la persona en cuestión.

—Parece fácil, pero supongo que en la práctica no es tan sencillo, ¿no?

A pesar de su entusiasmo, empezaba a notar que volvía el dolor de cabeza. Era demasiada información que procesar, y ya se le estaba pasando el efecto del analgésico.

—Bueno, puede ser fácil. Si un pariente cercano o incluso el donante mismo se encuentra en la base de datos, solo se tardan unos días. Si solo hay parientes lejanos, puede llevar más tiempo.

Se le aceleró el pulso. Un poco de suerte. Eso era lo único que necesitaban. Un poquitín de suerte.

—Si consigo la autorización, ¿aceptarías un encargo?

—¡Por supuesto! —Sylvia botaba de alegría en el sillón—. Debo reconocer que, desde el caso de Linköping, ha sido mi sueño poder colaborar en algo así. Sería de lo más emocionante. Y creo que sé de qué caso se trata. No tenemos tantos casos de asesinato en la zona.

Se quedó mirando a Patrik llena de curiosidad, pero él se levantó sin hacer ningún comentario. La pila de libros que tenía a su espalda cayó al suelo.

—¡Ay, perdón!

—No pasa nada —dijo Sylvia con una sonrisa—. Ya los recojo yo después.

—Muy bien, pues voy a averiguar lo de la autorización y te llamo en cuanto sepa algo. Si la conseguimos… En fin, no tengo que decir que cuanto más rápido obtengamos el resultado, tanto mejor.

Sylvia asintió.

—Dejaré todo lo demás y me centraré en vuestro encargo.

Ya en el coche, Patrik tardó unos minutos en ponerse en marcha.

Contempló la playa desierta, vacía después de haber estado abarrotada de turistas todo el verano.

Había empezado a caer la tarde y el cielo se teñía de lila y rosa en el horizonte.

Por primera vez en el transcurso de la investigación, veía un destello de algo parecido a la esperanza.

Mmm Mmm Mmm Mmm — Crash Test Dummies

Hoy me he puesto la camiseta de Nirvana para salir a navegar.

El turno de trabajo empieza tarde. Tenía viento favorable y me alejé un buen trecho.

Vino una ráfaga brutal que casi me vuelca, pero conseguí controlarlo.

Había una barbaridad de medusas y no tenía ninguna gana de caer en medio de una colonia.

Estuve pensando en Kurt Cobain. En lo mal que tiene que estar uno para ponerse en la boca el cañón de una pistola y apretar el gatillo.

¿No piensas en la gente que te quiere? Además, ¡qué asco para quien te encuentre!

Y si apuntas mal y te quedas babeando en una silla de ruedas el resto de tus días… ¡Qué horror!

Yo creo que Dan también está colado por Ellen. La miraba muy raro ayer cuando estábamos en la plaza. Se lo dije, pero ella no se lo cree. Ninguno de los dos se atreverá a hacer nada, seguro. Magdalena y Jocke se pasaron por allí también. Se pusieron a meterse mano como siempre.

Hoy el jefe nos ha echado una bronca. Superdesagradable.

Decía que éramos demasiado generosos con los helados de bola.

Y nos enseñó otra vez cómo hay que hacer para que las bolas salgan con mucho aire.

En fin, mientras no nos lo quite del sueldo…

Mañana cobro por primera vez. Con un poco de suerte, también me darán algo de dinero por mi cumpleaños.

He dejado caer más o menos que eso es lo que prefiero.

Mi madre me comprará una camiseta horrible que no quiero para nada, regalo de ella y de Allan.

Y Gabriel no me va a regalar nada, seguro. Solo piensa en sí mismo.

Anoche soñé con él otra vez. Es como si mi cuerpo no pudiera olvidarlo, por más que la cabeza lo intente.

Sé muy bien cuántos días, cuántas horas y cuántos minutos hace que me tocó.

Quiero que lo haga otra vez. Y también estoy deseando poder hacer otra vez esas cosas insignificantes.

Darnos la mano. Ver la tele con la cabeza apoyada en su hombro.

Sentir cómo pasa los dedos por mi pelo. Hoy he escrito mi nombre con su apellido en mi cuaderno de notas.

Pero luego he tenido la precaución de arrancar la hoja y tirarla a la basura.