Lunes #3
Jocke reflexionó unos instantes. Luego dijo despacio:
—Las cosas cambiaron cuando Sofie desapareció. Fue como si todo lo que teníamos se hubiera roto en pedazos. No fue una ruptura dramática. Estábamos a las puertas de la edad adulta. Simplemente, nos fuimos cada uno por su lado.
—¿Tenía Sofie a alguien que le interesara? ¿Algún chico del que estuviera enamorada?
—A esa edad todas las chicas están enamoradas de alguien, ¿no? Pero yo nunca oí ningún nombre, desde luego.
—¿Y Magdalena te lo habría contado si lo hubiera sabido?
—Bueno, la verdad es que nos lo contábamos casi todo, pero tal vez pensara que no me interesaban mucho los problemas amorosos de sus amigas.
Erica bebió un poco de agua.
—Has dicho que entre ellas nunca pasó nada dramático, pero, por lo que me han contado, en la fiesta que hubo en tu casa sí que pasó algo. Y Sofie estaba triste cuando se fue, ¿no?
Jocke resopló molesto.
—Sí, dichosa fiesta. Me sacaría de quicio que mis hijos hicieran algo así.
Pero entonces era adolescente y bastante tonto.
Invité a unos amigos mientras mis padres estaban fuera, y luego todo se salió de madre, claro está, y empezó a llegar gente sin parar.
Pero no recuerdo que pasara nada raro. Sofie bebió más de la cuenta, ni más ni menos.
Nunca la había visto tan borracha, y cada uno reacciona a su manera cuando bebe.
Yo soy de los que aburren a todo el mundo hablando y soy capaz de pasearme por ahí con un condón en la nariz cuando pillo una cogorza.
Sofie era más bien de las que se ponían tristes.
—Aino mencionó que Ellen estaba triste cuando volvió de aquella fiesta.
Era una mentira piadosa. Erica no estaba segura de que Aino se hubiera referido a esa noche siquiera.
—Pues es que Ellen también había bebido bastante.
Todo el mundo. Algunos de los mayores que vinieron se habían traído alcohol de fabricación casera.
Nosotros bebimos sobre todo cerveza, hasta que llegaron ellos con otro material, así que es posible que estuviera borracha.
Pero, la verdad, no lo recuerdo. Magdalena y yo nos fuimos a mi cuarto a enrollarnos, básicamente.
Jocke puso cara de adolescente enamorado, y Erica no pudo evitar una sonrisa.
—Lo que recuerdo es que Dan iba detrás de Ellen como un cachorro enamorado, y no parábamos de chincharle. Estaba colado por ella, pero no creo que a Ellen le interesara mucho. Al final Dan y tú empezasteis a salir, ¿no?
Erica miró hacia la ventana contra la que se había estrellado el pájaro.
—Sí. Y ahora está casado con mi hermana. Freud habría tenido alguna que otra cosa que decir de mi familia.
Jocke soltó una carcajada.
—Mi exmujer quería llevarme a terapia de pareja, pero yo no creo en esas cosas. Cada cual gestiona mejor su porquería solito. Todos tenemos un pasado.
—Puede que tengas razón. —Erica se levantó y cogió la sillita de Nora—. Gracias por dedicarme este rato. Ha sido muy útil conseguir un poco más de información.
—No hay de qué. Aunque no sé si te habré sido de ayuda. Pero puedes volver cuando quieras si se te ocurre algo más. Y ahora tendré que leerme uno de tus libros.
—Pues el último ha tenido mucho éxito —dijo Erica—. Entonces, ¿puedo llevarme unas ciruelas? A los niños les encantan, nosotros solo tenemos manzanas.
Jocke se levantó también.
—Claro que sí. Espera, te doy una bolsa. Llévate las que quieras, de todos modos, la mayoría acaban cayéndose y pudriéndose en el suelo. Mi madre dice todos los años que las va a recoger para hacer mermelada, pero luego…
Erica cogió la bolsa con el logo del supermercado Coop y, cuando ella y Jocke se despidieron, fue al jardín que había delante de la fachada principal de la casa. Dejó la sillita de Nora en el césped y llenó la bolsa de ciruelas.
Cuando terminó, miró hacia la casa. El sol daba en los cristales y los reflejos la hicieron entornar los ojos.
La fachada necesitaba una mano de pintura, se veía descuidada y con las marcas de una escalera de incendios ya desaparecida, pero le encantaba la pátina que tenían esas casas antiguas.
El agua del mar hacía que la pintura se descascarillara más deprisa, y a ella le parecía que así se acentuaba su belleza.
El azote del viento. La aridez. Una casa que había tenido una vida y que llevaba grabada su huella.
Tal vez Jocke y Magdalena habrían vivido allí hoy con una familia propia si Sofie no hubiera desaparecido.
Había algo en el tono de Jocke que revelaba que nunca llegó a olvidar del todo a Magdalena.
Y pensar en la cantidad de vidas que se vieron trastornadas a raíz de aquellos sucesos… La cantidad de vidas que cambiaron.
Erica fue a recoger a Nora. Tenía que averiguar lo que ocurrió aquella noche de hacía treinta años.
Breathe Again — Toni Braxton
Mierda. Ayer pisé un charco de alquitrán con las Buffalo nuevas. No sé si saldrá. Me las regalaron por Navidad y no puedo permitirme comprar otras. Me pagan el primer sueldo del minigolf la semana que viene, pero había pensado invertirlo en una tele. Puta mierda.
Hoy Gabriel se ha puesto de los nervios conmigo. Porque me he comido el paté que quedaba. Está mal de la cabeza. Y Allan no para de disculparlo. Mi madre no dice nada. Se sube al dormitorio y punto. Odio esta vida.
Ayer pasó una cosa superloca. Estuvimos en casa de Magdalena. En realidad, no sé por qué. Nunca vamos allí por culpa de la enferma de su madre, pero bueno. Y allí estaba el ligue nuevo. Joder, cómo nos miraba. Y el muy cerdo me cogió el culo cuando pasé a su lado. ¡Guarro de mierda!
El otro día un tío también se me quedó mirando las tetas en el trabajo. Ni siquiera intentó disimular. Y eso que casi no tengo tetas. No puedo con los guarros.
Dicen que el alquitrán se puede quitar con gasolina. En el garaje hay una garrafa. Creo que voy a probar. Tengo que arreglar las Buffalo.
Esta mañana, cuando me desperté, se me ocurrió que podía escribirle una carta.
Contándole todo lo que siento. Pero ¿y si la leyera otra persona?
Lo que pasa es que son muchas las cosas que llevo dentro y que me gustaría decirle.
Y encima nunca podemos hablar. Una vez me acerqué a él y se enfadó.
Me dijo que no podían vernos juntos. Parecía hasta asustado.
Primero me puse triste. Pero luego comprendí que en realidad lo hace por nuestro bien.
Para que todo salga lo mejor posible. Más adelante.
—Oye, ¿es cosa mía o tú has visto antes a Patrik así de alicaído?
Martin se sentó despacio en el borde del escritorio de Paula. Hacía equilibrios con una taza de café en la mano, así que la agente apartó rauda los documentos que había encima de la mesa.
—¿Tan raro te parece? Yo me siento igual.
—Paula suspiró y apartó contrariada la vista del ordenador—.
Tenemos poquísima información del caso de Sofie.
Datos de hace treinta años. Huellas de hace treinta años.
Ahora mismo estaba revisando todos los documentos antiguos del caso, por tercera vez.
Con la vana esperanza de encontrar algo que se nos haya escapado.
—¿Y la cuerda?
Paula no pudo aguantarse la risa.
—Noventa y siete mil vendidas en el mercado.
No podemos ir por Fjällbacka buscando una cuerda que tiene todo hijo de vecino.
Y ahora, además, está el asesinato de Aino Lönnrot.
Cien invitados y ninguno ha visto una mierda.
Cien personas que pueden haber matado a Aino.
Aparte de la posibilidad de que alguien entrara sin ser visto, claro.
Sé que es inverosímil, pero no es imposible.
Así que comprendo que Patrik esté desanimado.
Martin tomó un sorbo de café.
—Tarde o temprano, cuando menos lo esperemos, se producirá un giro en la investigación.
—No soporto que seas tan optimista. A veces no lo aguanto, vaya.
—Hay que ver el vaso medio lleno —dijo Martin sonriendo a medias—. Y a propósito, ¿has hablado con Gotemburgo sobre la coartada de Roland?
Paula soltó un suspiro.
—No puede ser más perfecta. Lo habían detenido por tráfico de mercancía robada. En el momento del asesinato estaba encerrado en una celda.
—Bertil se va a llevar un disgusto —dijo Martin muy serio.
—Mi madre y él están mirando pisos en urbanizaciones en España, en la Costa del Sol. Me parece que, en su cabeza, ya ha fichado y se encuentra en una tumbona en la playa con una copa en la mano.
Martin soltó un silbido.
—Madre mía. Pero, entonces, ¿tú crees que piensa jubilarse? O sea, que no es solo que se va a ir de vacaciones.
—Bueno, yo he tenido bastante con centrarme en lo mío, pero sí, creo que pronto habrá cambios en la comisaría.
Martin tomó otro sorbo de café con cara de no saber bien qué pensar.
—¿Y cómo va el asunto de los grandiosos planes para mi petición de mano? —dijo cambiando de tema—. ¿Se te ha ocurrido algo maravilloso que me garantice el sí?
—Bueno, alguna idea he tenido. Te haré una amplia presentación de PowerPoint cuando termine. ¿Qué te parecería ir vestido de bogavante?
—Mientras no tenga que ir desnudo, estoy dispuesto a llevar lo que sea.
—¡Hombre, pues es una idea! ¡Con una rosa entre las nalgas!
Martin se inclinó, le puso la mano libre en el brazo y le dio un apretón, pero salpicó sin querer un poco de café sobre los documentos que Paula había apartado antes.
—Me gusta verte sonreír. Voy a llamar a Linköping a ver cómo van las pruebas de ADN de Roland —dijo—.
Juraría que en este caso no vamos a tener que esperar los meses de rigor.
Los periodistas ya han empezado a establecer una relación entre Sofie y Aino, y sé que desde arriba están presionando para que lo resolvamos.
—Pues suerte —dijo Paula con escepticismo—. Yo voy a seguir revisando viejos papeles llenos de polvo, puesto que no tengo otras órdenes que cumplir. Patrik dijo que llamaría en cuanto Farideh le pasara el informe preliminar, así que, hasta entonces, habrá que esperar.