El llanto de los muertos (Los crímenes de Fjällbacka 12) Jueves #12
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Jueves #12

—Es verdad —dijo en voz baja un hombre con una poblada barba gris—. Nosotros estábamos cenando dentro y hemos visto lo ocurrido.

Martin se dirigió al hombre alto.

—Creo que lo mejor será que me acompañes a comisaría, Gabriel, y mañana a primera hora lo aclaramos todo.

—¿Mañana a primera hora? —estalló Gabriel Rudberg—. ¿Es que voy a pasar la noche bajo arresto? ¿Es eso lo que quieres decir? ¿Por ese tipo? ¡Se merecía una buena paliza!

En la frente le palpitaba una vena y una chica joven se le acercó y le puso la mano en el brazo.

—Tranquilo, papá. Ve con él, yo llamo a mamá. Ya verás como todo se arregla.

Al parecer, sus palabras surtieron efecto, porque la vena dejó de latirle y se le relajaron los hombros.

Gabriel bajó la cabeza.

—Tienes razón, Elsa. Iré a comisaría. Llama a mamá enseguida. Habrá que avisar a un abogado.

—Vete ya. Y estate tranquilo —dijo Elsa dándole a su padre una palmadita en el brazo.

—¡Metedlo en la cárcel ya! Yo también voy a llamar a mi abogado. ¡Pienso poner una denuncia!

—Será mejor que te calles tú también —dijo Martin duramente, y el hombre de la voz chillona se sobresaltó y adoptó enseguida una actitud más sumisa.

Martin le indicó a Gabriel que lo acompañara hasta el coche policial y abrió una de las puertas traseras. Gabriel entró y se sentó sin rechistar.

El trayecto a Tanumshede transcurrió en silencio. Al mirar por el retrovisor, Martin vio que Gabriel iba mirando por la ventanilla.

—¿Sin esposas? —dijo Gabriel cuando se bajaron del coche y entraron en la comisaría.

—No me ha parecido necesario. No creo que planees atacarme, ¿verdad?

Gabriel negó con la cabeza.

—No, por hoy es suficiente. ¿Qué va a pasar ahora?

—Podrás disfrutar de nuestras lujosas comodidades durante la noche.

Hay edredón y almohada. El colchón no es de Hästens precisamente, pero nadie se ha quejado.

Hay lavabo incluido. Yo estaré durmiendo en la sala de descanso contigua, así que, si necesitas algo, me llamas.

Y mañana, cuando llegue el jefe, hablamos.

Gabriel asintió y entró en la pequeña celda pintada de verde. Miró a su alrededor.

—Tenías razón. Muy lujoso.

—Como en el Ritz, dicen —respondió Martin, y cerró con llave.

Le envió un mensaje a Mette para avisar de que pasaría la noche en la comisaría, y ella le respondió con un corazón. Se planteó si informar a Patrik, pero decidió que no. De todos modos, su jefe no podría hacer nada hasta mañana.

Después de acomodarse en la cama de la sala de descanso, volvió a sacar el móvil.

Era una ocasión estupenda para seguir viendo The Bear .

Le encantaba esa serie, pero a Mette le resultaba aburrida.

Ese era, si acaso, su único defecto. Se le alegró el corazón al pensar de nuevo en el anillo que tenía guardado en la chaqueta.

Loser — Beck

Increíble que I swear, de All-4-One esté tan alto en la lista del programa Tracks .

Es una verdadera plasta. A Ellen le encantan esas cosas, pero a mí, no.

Está coladísima por Mark Owen, el de Take That, pero yo le veo pinta de memo.

Ahora que cuando me enteré de que Kurt Cobain se había suicidado sí que lloré.

Me pasé el día entero escuchando una y otra vez All Apologies .

Supertriste. A Gabriel le pareció que era superridícula.

Y encima lo pillé fisgoneando en mi cuarto.

Así que ahora tendré que empezar a esconder este diario. Sé de un sitio perfecto.

Hoy he hecho la carátula de las cintas recopilatorias que he grabado de Tracks .

He intentado que me saliera la letra lo mejor posible.

Igual debería habérselo pedido a Ellen, su caligrafía es mucho más bonita que la mía.

La profe siempre alababa su letra. Pero, bueno, ya está hecho.

Y ha quedado bastante bien de todos modos.

No soporto que la voz del periodista Kaj Kindvall salga en las canciones.

No tienes más de un milisegundo o así para darle a la pausa y conseguir que no entre.

Allan trabaja a todas horas últimamente.

Mamá parece que no entiende que cuando hay que tener el restaurante abierto es ahora que hay gente.

Se pasa los días de morros. Más de lo normal.

Pero cuando él llega a casa, se coloca esa sonrisa falsa que tiene y no lo deja tranquilo. No me explico que Allan no se harte.

Por cierto, me han felicitado por la camiseta de Benetton que llevaba hoy en el trabajo.

La encontré rebajada esta primavera en Uddevalla.

Una chica de Gotemburgo me ha dicho que era muy bonita.

En Gotemburgo están más puestos en moda, claro, aquí no hay nada.

Si hubiera sido por mi madre, me habría comprado toda la ropa en Cellbes. O en Hedemyrs.

Ahora vamos a ver MacGyver en casa de Ellen. Han grabado todos los capítulos. El tío hace unas cosas increíbles. Una vez hizo un agujero en un coche con un huevo frito.

Me pregunto dónde vamos a vivir. Él y yo. Sé que nos van a condenar, pero me importa una mierda. En realidad, nadie entenderá nunca lo que tenemos él y yo. Porque nadie ha tenido nunca nada parecido.