El llanto de los muertos (Los crímenes de Fjällbacka 12) Miércoles #9
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Miércoles #9

—Ay, Nora se ha despertado. ¿Puedes preparar un biberón mientras voy a buscarla? Luego te haremos compañía mientras se lo doy.

Patrik se levantó y empezó a preparar la papilla. Erica subió deprisa para coger a Nora antes de que su llanto alcanzara tal volumen que despertara a los demás.

—Ya va papá a prepararte el biberón, cariño —dijo Erica al tiempo que cogía a Nora.

Empezó a mecerla despacio mientras bajaba con ella las escaleras. ¡Su adorado tesoro!

El timbre del micro sonó justo cuando entraba en la cocina. Cogió el biberón que tenía Patrik en la mano y se sentó en la rinconera del sofá, a su lado. Mientras Nora engullía con ansia la papilla, Erica observó a su marido al resplandor de la lámpara de la cocina.

—¿Has empezado ya a hacerte una idea? Patrik soltó un suspiro.

—Debo reconocer que realizaron una investigación muy sólida. Entonces la técnica era mucho más limitada, claro está, pero el trabajo de campo lo hicieron a fondo. Más de cien interrogatorios de todo tipo de informantes, desde familiares, amigos y conocidos hasta vecinos.

—¿Hay algún aspecto técnico que podáis revisar con otros medios?

Patrik se revolvió el pelo y dejó más al descubierto la zona de cabello gris.

—No sé si es bueno que hable contigo de este tema, sé muy bien cómo eres. Pero estoy demasiado cansado para ofrecer resistencia. Así que aprovéchate de un hombre roto, responderé a todo lo que quieras saber.

Sonrió cansado y se encogió de hombros con un gesto elocuente.

—Y, en respuesta a tu pregunta, por ejemplo, me gustaría ver si podemos volver a analizar el rastro de esperma que encontraron. También reunieron una serie de fibras del armario del cuarto de Sofie que quisiera examinar con más detenimiento.

—¿No fue en Inglaterra donde tomaron muestras de ADN a todos los hombres de un pueblo? ¿No podéis hacer vosotros algo así?

Patrik negó con la cabeza.

—Cuestión de recursos. Jamás conseguiría que lo cubriera el presupuesto. Y, además, han pasado ya treinta años, la gente se ha movido. Debería haberse hecho entonces, si hubiera sido viable.

—¿Tú crees que el asesino es de aquí?

La pregunta quedó flotando entre los dos en la oscuridad.

Patrik reflexionó unos instantes antes de responder.

—Es demasiado pronto para aferrarse a nada, así que no partiré de la base de que es así, pero sí, yo creo que fue alguien del pueblo.

Fue después de la estación vacacional, alguien de fuera habría destacado enseguida entre los testigos interrogados.

Ya sabes cómo son las cosas en Fjällbacka, la gente tiene controlado a todo el que no es de aquí.

Y ningún testimonio de la época en torno a la desaparición de Sofie apunta a la presencia de un forastero.

—Entonces, ¿cuál es el plan? ¿Cuál es el primer paso?

Erica recostó a Nora sobre su hombro y empezó a darle palmaditas en el culete.

—Hablar con la gente. Interrogar de nuevo a los interrogados hace treinta años. Espero que los de medicina forense se den prisa; después de todo, desde el punto de vista técnico hemos avanzado muchísimo, así que esperemos que consigan algo útil que nos permita seguir investigando.

—¿Nunca sospecharon de la familia?

Patrik señaló una de las cajas que había en el suelo.

—La familia siempre es lo primero que investigamos.

Pero no había material probatorio que la señalara.

Allan e Yvonne estaban durmiendo. Allan declaró que Gabriel estaba en su cuarto cuando él volvió del restaurante.

En esa casa se oye todo, si hubiera abandonado su habitación durante la noche se habrían enterado.

—¿Cómo funcionaba la familia? ¿Hay en la investigación algo al respecto?

Nora soltó un buen eructo, y Erica se la tumbó en el regazo y empezó a mecerla.

—Todos los interrogados dijeron que era una familia de lo más normal.

Sofie había entrado en el período de rebelión adolescente, pero no peor que cualquier otra joven del país aburrida con el día a día.

Iba a fiestas a las que no tenía permitido ir, en algunas ocasiones llegaba a casa bebida y empezó a relajarse con las notas del colegio.

—¿Algún novio?

Patrik negó con la cabeza.

—No que se supiera, desde luego. Algunas amigas dijeron que creían que estaba enamorada de alguien, pero no sabían de quién. Sin embargo, sus amigas más íntimas, Magdalena y Ellen, negaron rotundamente que así fuera. Según ellas, todo eran rumores sin fundamento.

Erica murmuró algo, pensativa. Miró a Nora, que había cerrado los ojos.

—Será mejor que vaya a acostarla, o nos quedaremos aquí toda la noche. Ven a la cama tú también, anda.

—Sí. Me quedan unas cuantas páginas, pero voy al baño un momento.

Patrik pasó corriendo por delante de ella para subir al cuarto de baño.

Erica se dirigió a la escalera, pero luego cambió de idea.

Con Nora en brazos, se acercó a las cajas que había en el suelo y eligió una al azar.

La empujó enseguida hasta esconderla detrás de la pesada cortina de la sala de estar.

Con un poco de suerte, Patrik se habría llevado las cajas del material de la investigación sin contar cuántas eran.

Cuando Patrik bajó del baño, ya estaban las dos en la cama.