El llanto de los muertos (Los crímenes de Fjällbacka 12) Domingo #5
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Domingo #5

¿Creen que es buena idea abrir un restaurante de alta cocina en la pequeña localidad de Fjällbacka, con mil habitantes diez meses al año y decenas de miles de visitantes solo durante los otros dos?

¿Creen que el cocinero Gabriel Rudberg, nacido y criado en Fjällbacka, será capaz de preparar platos del nivel que se requiere para conseguir que los amantes de la cocina y la restauración acudan a esta localidad situada a ciento treinta kilómetros al norte de Gotemburgo?

La respuesta es un sí rotundo. El entrante de vieiras en una nube de azafrán con una emulsión de albahaca se deshace en la lengua.

Es como degustar un trozo de mar. El primer plato, caballa a la plancha sobre mantequilla, de un rústico sorprendente, con acompañamiento de una salsa de pepino templada, aceite de ajo de oso y una crema a base de nata eleva un pescado tan básico a un nivel que jamás creí que podría alcanzar.

También probamos la sopa de cigalas sobre un fondo de cocción, lo que demuestra que el chef posee un profundo conocimiento del equilibrio entre los distintos sabores.

Este último plato venía servido con una oblea crujiente a base de macroalgas.

Esta planta marina negra tan desagradable, que a simple vista parece tan difícil de domesticar, también pudimos degustarla después, lo crean o no, en forma de helado.

El leve sabor salado de las algas en el helado completaba a la perfección la base tierna de bizcocho de almendras, y me sorprendí a mí misma al confesar ante mi acompañante que creía haber encontrado el postre perfecto.

Gabriel Rudberg no solo ha satisfecho las expectativas de una periodista gastronómica exigente y refinada, sino que las ha superado con creces, lo que ya no sucede muy a menudo.

De modo que me quito el sombrero y deseo de verdad que tan arriesgada apuesta resulte rentable.

El de Gabriel Rudberg es un restaurante de alto nivel internacional, y no creo que me equivoque si afirmo que pronto veremos en Fjällbacka un nuevo tipo de turismo extranjero.

Los aficionados a la gastronomía del mundo entero peregrinarán hasta aquí para probarlo. ¡Bravo!

Yvonne soltó un grito. Allan se puso de pie muy despacio, incapaz de mostrar su alegría con la misma falta de disimulo que su mujer, pero el orgullo bullía en su interior como la gaseosa.

Los recuerdos de todas las horas que había pasado en la cocina con Gabriel cuando era joven lo inundaron de pronto, y sintió un dulce cosquilleo por todo el cuerpo.

Aunque el cocinero que tenía delante era ya un hombre hecho y derecho, Allan solo veía al niño. A su querido Gabriel.

—¡Enhorabuena, muchacho! —Bengt le dio a Gabriel un buen apretón de manos—. ¡Buen trabajo! ¡Buen trabajo! ¡Ya sabía yo que no me equivocaba al apostar por ti!

Allan miró a Yvonne a los ojos. Tantos años como habían compartido, todo el dolor que habían sufrido y con el que aún vivían. En ese instante, todo había quedado atrás.

Muy despacio, se acercó a Gabriel. Cruzaron una mirada cómplice.

Todo el amor que nunca fueron capaces de expresar en palabras, pero que siempre había estado presente a pesar de las dificultades, se hizo patente en ese instante.

Cuando Allan abrazó a su hijo, acudieron las lágrimas.

Las primeras lágrimas que derramaba en treinta años.

Come Out and Play — The Offsprin

Fin de curso. ¿Qué quieres que te diga? Empecé la mañana con una gran bronca con mi madre.

Había pensado ponerme la camiseta corta color amarillo chillón y la falda de volantes blanca.

Guapísimo. Llevaba varios fines de semana tomando el sol en el jardín para estar morena.

Pero mi madre armó una bronca monumental.

Me obligó a ponerme un vestido. La odio.

Y claro, nadie dijo nada de lo que se había puesto Gabriel. La misma ropa negra tan rara que lleva siempre. Y lápiz de ojos. Parece un puto retrasado, pero nadie dice nada. Mi top, en cambio, no es «apropiado». No es justo, joder.

Lo de acabar secundaria es a la vez una alegría y una lástima.

Ellen, Magdalena y yo hemos estado juntas todos los días desde que empezamos en séptimo.

Ellas también van a estudiar en Strömstad, pero no estaremos en la misma clase.

Ellen piensa estudiar Sociales, yo, Economía y Magdalena ha elegido Ciencias, claro.

Siempre ha sido la más lista de las tres.

Pero bueno, esta tarde hemos quedado en Badholmen.

Ellen ha propuesto que nos arreglemos en su casa.

Voy a pedirle a Aino que me ayude con la coleta.

Es que no me sale derecha ni a tiros. Y pienso ponerme la camiseta corta y la falda.

Las llevaré en el bolso y me cambiaré allí, solo que no se me puede olvidar cambiarme y ponerme otra vez el vestido antes de volver a casa.

Espero que a él le guste cómo voy. Creo que el vestido corto de color azul que llevaba el sábado le gustó, y la camiseta amarilla es más o menos del mismo estilo.

Es una pasada. Cómo se puede querer tanto a alguien.

Hace unas semanas vi en vídeo El lago azul .

A lo mejor esa es la única forma de que podamos estar juntos.

Quedar atrapados en una isla desierta. Solo nosotros dos. Nadie más.