El llamado del árbol Capítulo XVIII #3
75%

Capítulo XVIII #3

—Entiendo… Si los milagros son imposibles en mi mundo, supongo que aquí también lo serán —comentó Bea casi para sí.

Briar se puso de pie y caminó por el lugar en silencio. Aunque Bea apenas la conocía —y a veces sentía cierto desprecio hacia ella por lo de Ewart—, no pudo evitar sentir compasión.

—Hay alguien que podría llevar a cabo ese milagro —dijo Briar. Bea aguardó en silencio a que ella revelará su deducción—. Un fyrai.

—No creo que ayudar en materia del amor sea una de las prioridades de esa gente —comentó Bea, de acuerdo con su experiencia con ellos

—¿A qué te refieres?

—Me he topado en dos ocasiones con dos de ellas, y lo único que querían era matarme.

»La última incluso me torturó… de alguna manera.

Briar puso toda su atención en Bea.

—Esa es la deuda que tengo con Ewart, Adalwin y Ryenh —reveló al fin—. Los tres me rescataron de una de ellas en el bosque hace días…. La mataron.

»Y hace un par de horas, Ryenh me rescató de otra cuando regresaba a mi reino.

Briar farfulló algo que Bea no pudo entender, pero sintió que era algo grave.

—¡Tu vida les pertenece! —exclamó Briar, indignada.

Bea se dio cuenta de que sus deducciones vagas eran ciertas, y, al parecer, en ese mundo se le daba mucha importancia a ese tipo de deuda, más de lo que ella se lo quería dar.

—Mi vida no pertenece a nadie más que a mí.

»No me cansaré de repetirlo: Solo les debo un agradecimiento… que ninguno de ellos quiere escuchar.

»Bueno, por lo menos Ewart y Ryenh, porque Adalwin no lo he vuelto a ver desde ese día que te conocí.

Briar estaba con la boca abierta y la miraba con desesperación porque Bea no entendía su indignación.

—¿Acaso no lo entiendes? —cuestionó Briar.

—¿Qué debo entender? ¿Qué solo porque les debo mi vida, ya soy su esclava?

—¡No! ¡Así no es cómo funciona esto!

—¿Podrías explicarte, por favor? Te recuerdo que soy una forastera y no tengo idea de cómo funcionan las cosas aquí.

—¡Tu vida se ha unido a la de ellos tres!

»Entre más tengas contacto con ellos, esa unión se reforzará hasta el punto de que ese sentimiento que los llevó a ayudarte se convertirá en amor… ¡verdadero!

»¡Ewart te va a amar!

—¡¿Qué?! —exclamó Bea, muy asustada. Su vida se estaba complicando más.

Aunque una parte no lo estaba, más bien estaba gritando de emoción porque Ewart tendría sentimientos por ella... Pero también los tendrían Ryenh y Adalwin.

Bea fue a sentarse a un inmaculado sillón blanco con pieles finas, que estaba muy cerca de la chimenea.

Analizó la explicación de Briar. No tardó en entender que esa era la razón por la que Ewart le rehuía, y Ryenh la ignoraba y trataba mal. Los dos estaban luchando por no enamorarse de ella, mientras que ella se ha rendido poco a poco por deseos que ya no podía controlar.

Agradeció que no haya cruzado palabra con Adalwin por el momento. No sabría cómo manejar su actitud ante él.

Abrió el puño para contemplar el broche que Ryenh le había dado y que no quiso devuelta. Recordó sus palabras: «Quería que tuviera una razón para regresar».

—¿Cuál será mi cambio si paso más tiempo con ellos? —preguntó Bea con calma, aunque su corazón estaba temeroso por la respuesta que no quería escuchar.

—Te enamorarás de ellos tres también.

—¡No, no quiero estar atada a ellos!

»¡No, no, no! ¡Yo no pertenezco aquí! —exclamó aterrada cuando, finalmente, tuvo la explicación de su repentino interés por Ewart. Además, tenía mucho miedo de quedar atrapada en sentimientos falsos—. ¡Mi deber es estar en Landgen, a lado de Henry!... ¡El amor de mi vida!

Quiso salir corriendo para regresar a su mundo con ayuda de Bellfire.

—¿Landgen? —cuestionó Briar, parecía reconocer el nombre del reinado de dónde venía.

Bea se dio cuenta del error que había cometido al hablar de su mundo. Hasta entonces, todos habían creído que era una forastera… pero de ese mismo mundo.

Era peligroso que llegara a creer que estaba loca, que estaba inventando lugares que no podían existir.

—¡Olvida de dónde vengo y dime qué tengo que hacer para que esto no suceda! ¡No he sufrido tanto para estar con Henry para que estos hombres que detesto sean dueños de mi vida!

—También necesitas un milagro.

Bea la miró con atención, casi inquisitiva. Si realmente amaba a Ewart, haría todo lo posible por ayudarla.

—¡Y tú sabes cómo hacerlo realidad! —exclamó Bea con un rayo de esperanza en su rostro.

—Sí, creo saberlo —respondió con igual esperanza—. Tenemos que ir al bosque de Dihe. Con suerte, encontraremos el camino a Fyrai.

Se dirigió a su armario para cambiar sus elegantes ropas por algo más casual. Algo muy parecido a lo que vestía Bea en ese momento.

«Al parecer, para ellos solo soy una forastera que viste otro tipo de moda», pensó mientras se daba cuenta de que, por primera vez, no desentonaba con el lugar.

Mientras seguía esperando a que Briar terminara, apretó el broche de Ryenh. Deseaba dejarlo atrás, sobre la cama de Briar, pero su corazón se lo prohibía. Concluyó que tenía que apurarse a suplicar a un fyrai por ese milagro antes de que su corazón empezara a borrar a Henry.

Si no, esos sentimientos falsos le prohibirían regresar a su mundo.