Capítulo XVII #2
—Y creo que son preguntas que no podré contestar… Todavía no —dijo Bea.
Ella sabía muy bien que quería saber quién era en realidad, de dónde venía, y por qué montaba un animal tan diferente a los de ese mundo... Y otras más.
—Entonces, por ahora solo me conformo con que me respondas la que más me interesa… ¿Cuál es tu relación con Lord Worthington? —preguntó Briar con un tono que ya no era cortés.
Las sonrisas amigables desaparecieron de sus rostros.
—¿Lord Worthington?
—¡Ewart! —se apresuró Briar a responder. No le agradó que Bea evadiera esa conversación.
Como era de esperar, Bea se quedó muda ante la pregunta. ¿Qué podría decir?
¿Qué Ewart la rescató cuando ella entró a ese mundo desconocido? ¿Qué fue hechizada por esos ojos oscuros que ansiaba con toda el alma que se fijaran en ella? ¿Qué solo había regresado para volver a escuchar su voz?
No podía responder eso, porque Briar tenía sentimientos por Ewart y, quizás, él le correspondía.
Sintió unos celos insoportables con solo imaginarlos juntos… No podía explicarse por qué, pero, cuanto más tiempo pasaba en ese mundo, sus sentimientos por Henry parecían disminuir.
—Puedo asegurarte de que no tengo ninguna relación con Lord Worthington —afirmó Bea sin dejar de mirar a Briar directamente a los ojos para que confirmara que no estaba mintiendo.
—No me pareció así ese día en que los dejé a solas… Ustedes dos se conocen —refutó Briar, algo molesta porque le estuvieran mintiendo en su cara.
—No estoy negando que nos conocemos... Lord Worthington, junto con otros dos hombres, salvaron mi vida hace algunos días atrás.
—¡¿Le debes la vida?! —cuestionó Briar con gestos hostiles, como si hubieran hecho algo muy malo.
—Solo les debo un agradecimiento —respondió Bea, tajante. No iba a convertirse en su esclava.
Briar la siguió mirando, escéptica. Esa justificación a medias no lograba convencerla.
Y tenía razón de sospechar, porque, por lo que pudo ver, esa pequeña discusión que tuvo Bea con Ewart no demostraba que él había aceptado su agradecimiento.
—No te preocupes, Briar. No estoy interesada en él… A decir verdad, estoy comprometida con un hombre que amo como a mi vida misma —aseguró Bea entre suspiros enamorados.
Le pareció muy extraño sentir que sus palabras sonaran falsas cuando aseguró lo que sentía por Henry.
Palabras que eran verdaderas en su mundo, más no en ese. Ahí, su corazón latía atolondradamente por Ewart.
—Te creo, Bea. Aunque aun no comprendo por qué él te trató así.
—Lo hizo por miedo a que no comprendieras que el salvarme la vida solo fue un acto instintivo… Nada más.
—Tendré que hablar con él para recordarle su falta de… —calló Briar cuando un sirviente le interrumpió al aparecer de la nada.
Bea se dio cuenta de que, al parecer, la relación que Briar tenía con Ewart era secreta, porque esa era la segunda vez que ella callaba y se ponía muy nerviosa ante oídos ajenos.
—Lord Worthington trae un mensaje para usted, Su Alteza.
Briar volteó a ver de inmediato a Bea, quizás para leer al fin la verdad en su rostro.
—Esa es mi llamada de salida. Briar, agradece a Lord Worthington de mi parte por haberme salvado y por favor entrégale este broche que encontré entre mis ropas el día que me ayudó —dijo Bea mientras le ofrecía la joya. Así descubriría a quién pertenecía el broche.
Briar se confundió al verla y negó varias veces que esa joya le perteneciera a Ewart.
—Entonces, ¿de quién es? —susurró su duda.
—No es el escudo de la Casa Worthington, sino de la Casa Reslond… Esa joya pertenece a Ryenh de Res… ¿Por qué lo tienes?
La desilusión le pesó tanto a Bea que tuvo que contener un suspiro para no delatarse. Cerró el puño con la joya adentro, mientras pensaba en el día en que discutieron en el bosque.
Iba a pedirle a Briar que se la regresara por ella, pero entonces llegó Ewart de sorpresa con una enorme sonrisa que desapareció en el momento en que se encontró con la mirada de Bea.
Llegó dubitativo a ellas, e hizo una reverencia exclusiva para Briar.
—Ewart, Bea ya me ha contado por qué fuiste maleducado con ella cuando se volvieron a ver —reprendió Briar.
Ewart lanzó una mirada amenazante a Bea, por haberse atrevido a hablar de algo tan personal.
—No se preocupe, milord —dijo Bea con tono exageradamente formal—. Solo quería agradecerle por haberme ayudado esa tarde… Solo a eso he regresado.
»Tenga por seguro que no volveré a molestarlo.
»Sin embargo, si no es un inconveniente para usted, ¿podría decirme dónde encuentro a su amigo Ryenh?
A pesar de que Bea se había prometido nunca hablar con Ryenh, por desgracia, todavía quería respuestas que jamás serán respondidas por Ewart. Tal vez su amigo podría responderlas en un momento de efusividad, solo tenía que tocar su punto débil.
—¿Ryenh? ¿Para qué desea hablar con él? —preguntó Ewart con rudeza sutil.
—Tengo algo que le pertenece y me gustaría regresárselo antes de volver a mi tierra. No tengo la intención de regresar aquí… ¡jamás! —dijo Bea, despectivamente.
Esa rudeza con que la trataba Ewart lastimaba profundamente a su corazón.