Capítulo XVI #2
Estaba intimidando tan tímidamente con ella que su corazón y respiración se agitaron.
Por primera vez, disfrutó de los primeros pasos de la relación, algo que nunca había experimentado con sus parejas anteriores.
Como un hombre que siempre ha tenido todo, también la quería a ella, sin importar lo que tuviera que hacer para conseguirla.
Apartó parte de su cabello para dejar su perfil al descubierto, luego acercó los labios y los dejó juguetear un poco con cada línea hasta insinuar un tímido beso.
Sintió que Bea estaba por olvidarse de la promesa; sus labios ya estaban poniéndose a disposición de los de Henry.
Por desgracia, el momento romántico fue interrumpido por el demandante tono que Henry había configurado para sus padres. Bea se separó para mirarlo con dejos inquisitivos, quien, sin dudar, le mostró la pantalla con la leyenda «Papá».
Bea apretó los labios en una forzada sonrisa, porque sabía que, cuando el rey llamaba, Henry no podía ignorarlo.
Contestó la llamada. Hubo largos silencios y constantes «Está bien» que pusieron nerviosa a Bea.
Colgó la llamada tras algunos minutos.
Era evidente que Bea se moría por saber qué sucedía, pero temía descubrir qué le había dicho su padre.
Henry suspiró, lamentando lo que iba a decir.
—Vas a odiarme otra vez cuando te diga lo que me ha ordenado mi papá —dijo.
Bea se puso de pie. Innegablemente, ya estaba molesta con tan solo esa advertencia.
—Me ha ordenado que me aleje de ti hasta que el asunto con Haley se tranquilice —siguió Henry.
Volvió a maldecir la estúpida decisión que tomó en el pasado al presentarse a Haley.
Si él no hubiera dado el primer paso para conocerla, y conquistarla, ella no se sentiría con derechos de reclamarlo, como un premio que había ganado ante las docenas de universitarias que estaban esa noche en el concurrido bar.
Henry sintió el ambiente tenso. Esperaba que Bea explotara por los celos, pero solo le dio la espalda con indiferencia; lo cual era peor a que le gritara.
—Tengo que viajar de inmediato a nuestra casa de verano —agregó. Quiso ir hacia ella para averiguar por qué no tenía una respuesta a lo que le decía, aunque sea negativa—. Tengo que quedarme ahí hasta que tus clases empiecen. No puedo contactar a nadie, ni siquiera a ti o a Dan.
»Mi padre espera una explosión mediática cuando Haley revele por quién la he dejado, y no quiere inmiscuirlos como testigos de todo.
»Dijo que cuando esta se diera, aprovechará que estás molesta conmigo para apaciguar la noticia. Tu indiferencia hacia mi hará que la revelación de Haley sea algo pasajero.
»Nadie puede vernos juntos de ahora en adelante. Nadie debe saber que nos hemos reconciliado.
—¿Me pides que guarde el secreto? —preguntó Bea en un susurro.
—¿Te molesta?
Bea volteó a verlo, sus gestos eran tan inexpresivos.
—Estoy tan cansada de todo este asunto que ya no me importa lo que haga o diga ella —respondió.
Henry se puso de pie cuando escucho esas palabras que no mostraban ni el más mínimo residuo de sentimientos.
—¿Aun quieres estar conmigo? —preguntó con el corazón en la mano. Habían presionado tanto a Bea que finalmente se rindió.
—No. —Henry sintió como su corazón se detuvo, pero Bea siguió—: No, hasta que arregles esa situación con Haley. Ya estoy harta de todo esto… Ya no sé qué sentir.
—Pero no tengo nada que arreglar con ella —justificó él.
—Por el contrario, solo tú puedes terminar esto. No tu papá ni yo… ¡solo tú!
»Ella jamás nos dejará en paz hasta que escuche de tus propios labios que se acabó.
Henry la miró muy serio.
—De hecho, concuerdo con tu papá. No me verás hasta el día en que prenda el televisor y ya no esté ella ahí, en un chisme contigo. Solo entonces podremos volver a hablar de nuestros sentimientos.
—¿Es un ultimátum?
—Tómalo como quieras —respondió Bea, encogiéndose de hombros, y fue hacia la ventana para ocultar que le dolía ser tan dura—. Haz lo que tu padre te ha ordenado, tómate ese tiempo para pensar detenidamente a quién quieres de verdad…
—¡Te quiero a ti! —aclaró Henry rápido; la jaló del brazo antes de que se alejara más, para acercarla a él.
—Piénsalo. No tomes una decisión apresurada.
»Si te das cuenta de que la amas, a pesar de que ella ama en realidad a Daniel, está bien. Aceptaré tu decisión y haré todo lo posible para zafarnos del compromiso…
—¿Por qué tienes esa tonta idea de que estoy enamorado de alguien que me usó para sobresalir en la vida?
—preguntó Henry y aguardó su respuesta, pero solo se miraron fijamente.
Esa conversación no tenía pies ni cabeza.
Entonces, se dio cuenta de la verdad detrás de todo ese argumento—. No me quieres, ¿verdad?
Bea no respondió y solo bajó la mirada.
—¡Por dios, Bea! ¡Te he demostrado que no estoy ni remotamente enamorado de Haley! —aclaró, acortando más la distancia entre los dos.
Acarició su mejilla con devoción, y sintió que le agradó porque ella ladeó levemente la cabeza para sentirlo más. Él quería demostrarle con un beso que solo le interesaba estar a su lado, era necesario romper la promesa para demostrárselo. Pero ella desvió su rostro tras que leyó sus intenciones.
Al final, Henry la soltó tras sentir el rechazo y caminó con paso enfadado hacia la puerta, mientras lamentaba que todo haya cambiado en un momento. El romance se convirtió en separación… otra vez.
A medida que se alejaba de la situación, tuvo un momento de claridad que le decía que Haley había hecho más daño de lo que creía. Había logrado que Bea desconfiara de él, hasta un punto en donde ya no quería seguir luchando por ellos; aun cuando le pareció que lo había perdonado.
—Bien. Haré lo que me pides; excepto lo de pensar si quiero a Haley —dijo mirándola de reojo, mientras tomaba la perilla de la puerta—. Solo espero que en el futuro no te arrepientas de haberme alejado así.
—¿Es un ultimátum? —cuestionó Bea, indignada.
—Tómalo como quieras —respondió él con una risita irónica.
Estaba a punto de abrir la puerta cuando Bea le exclamó:
—¡También me estoy enamorando de ti!
Henry sonrió feliz, pero no hizo nada más que esperar un segundo ahí, para decirle en silencio que estaba conteniéndose en regresar a ella. Esa maldita promesa estaba haciendo todo más difícil, porque ella nunca iba a creer en sus sentimientos hasta que los sintiera en carne propia.
Comprendió que su rechazo era más porque temía ser lastimada y no porque no lo amara.
—Te esperaré —dijo él.
Siguió su camino apresurado porque en verdad le costaba contenerse en no regresar a ella y besarla con pasión desenfrenada.
El tiempo tenía de nuevo en sus manos las riendas de su relación. Solo esperaba que estuviera de su lado.