El llamado del árbol Capítulo XIV #2
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Capítulo XIV #2

Bea no quería hablar con él ni explicarle lo que pasó, pero sabía que su mejor amigo lo haría por ella. Iba a marcarle cuando sintió la mirada de John por el retrovisor.

—¿Eres leal a la Corona, John? —preguntó Henry con un tono que le exigía que no le mintiera.

—Por supuesto que lo soy, Su Alteza.

—Muy bien. ¿Crees que alguien de los que presenció… ya sabes qué… hablará con los medios?... ¿Venderán la nota? —consultó en un tono más amigable.

John percibió debilidad en ese interrogatorio.

—No —respondió John con seguridad—. El contrato lo prohíbe.

—Pero los trabajadores de los Cavendish no están bajo el contrato de la Corona.

—Sé que no lo harán. No me pregunte cómo… Solo lo sé —concluyó John.

Henry asintió conforme con esa aseguración.

Llegaron al palacio en un rato más. Henry, antes de bajar, ordenó a John que se tomara el día libre, no lo iba a necesitar más. Pero antes de retirarse le pidió que tuviera su auto preparado en la entrada; saldría sin seguridad.

John no discutió e hizo lo que se le ordenó. Después de todo, no era la primera vez que lo hacía, y lo más seguro es que alguien de la guardia real lo seguiría a distancia.

Henry bajó del auto y se dirigió a toda prisa a su cuarto. Rechazó la ayuda de su valet y cerró la puerta con seguro. Necesitaba darse un baño cuanto antes para relajarse y despejar la mente.

Al salir, se vistió rápido y tomó el celular para llamar a su padre.

—¡¿Qué?! ¡¿Qué fue lo que hiciste?! —exclamó el rey, furioso—. ¿Solucionaste ese problema con esa joven como te dije?

—No, papá, no hablé con ella. La conozco, y sé que, si lo hubiera hecho, hubiera sido peor. Ella hubiera creído que eres tú el que me tiene prohibido estar con ella.

—¡Eso es lo que ella cree, Henry!

—Lo sé. Papá, ella no me importa, puede decir lo que quiera. Tarde o temprano los medios la ignorarán. Quien me preocupa es Bea; estaba muy enojada, y es en serio su amenaza de romper el compromiso.

»La amo, papá… ¡No puedo perderla!

Thomas guardó silencio tras escuchar la confesión sincera de su hijo. Se dio cuenta que él lo había metido en esa relación y solo él podría ayudarlo.

—Hijo, no te preocupes, yo me encargaré de esa joven. Encárgate de averiguar qué palabras ponzoñosas le dijo a Bea y trata de hablar con ella de nuevo.

»Demuéstrale que solo ella te importa.

—Está bien, hablaré con Dan en un momento. Él estaba ahí cuando ellas se encontraron.

—Muy bien. Tu madre y yo llegaremos hasta mañana. Hablaremos entonces con más calma.

—Gracias, papá.

—Todo saldrá bien, hijo.

—Eso espero… Que tengan un buen regreso —dijo Henry y cortó la llamada.

Enseguida, mientras paseaba aun por el cuarto, marcó el número de Daniel de inmediato, quien respondió al tercer timbrazo.

—¿Dónde estás? —preguntó Henry, trató de contener su desespero.

—Estoy en camino a dejar a Joss en su casa.

—Da la vuelta y llévala a casa de Bea… La necesita. Después te veo en tu casa en una hora —ordenó Henry.

—¿Habló con ella? —Henry escuchó la voz de Jocelyn en el fondo.

Daniel no le respondió.

—¿Dan? —insistió Henry, ya que el silencio sugería que estaba comunicándose con Jocelyn mediante gestos.

—¡Sí, aquí estoy! —respondió Daniel apresurado—. Te veo en un rato.

Tras que Henry colgó, se sintió un poco más aliviado. Jocelyn tranquilizaría a Bea, y Daniel por fin le aclararía sus dudas.

El trayecto a casa de su amigo se le hizo largo. En cuanto bajó del auto, fue directo a la puerta.

—No te esperábamos hasta mañana —dijo Daniel al recibirlo.

—Sí, ya lo sé. No tuve una buena bienvenida hace rato —respondió Henry con voz irónica.

Daniel llevó a su amigo a la sala para hablar en privado.

—¿Y por qué volviste? —preguntó tras haber ofrecido a su amigo algo de beber; solo aceptó una bebida fría.

—¿En serio me estás preguntando eso?

—Ya hablaste con Bea —murmuró Daniel.

—Sí, hace rato... Rompió el compromiso. —Daniel se sorprendió—. ¿Qué demonios sucedió ayer?

Daniel fue directo al grano y le relató todo desde que vio a ese hombre acercarse a Bea para conquistarla.

Confesó que le dio libertad para ponerla a prueba, pero cuando notó que algo no estaba bien en su comportamiento, ya era tarde.

Para entonces, el hombre ya había advertido a Jocelyn que Bea no se sentía bien.

—¿La drogaron? —preguntó Henry, preocupado de que alguien haya tenido intenciones de hacerle daño físicamente.

—Eso parece. Caminaba y se movía bien, pero estaba desinhibida… Algo extraña.

»De pronto, Haley apareció de la nada y se dirigió también al sanitario. Ahí temí lo peor, pero no podía hacer nada en un lugar como ese.

Después se enteraría de la confesión que lo metió en problemas con su novia.

—Haley… ¿enamorada de ti? —cuestionó Henry, incrédulo.

Sonrió, desconcertado por la revelación, y aun así sintió alivio al descubrir que ella no lo amaba.

—No te burles, porque estuve a punto de quedarme sin novia también.

Daniel fue a sentarse al sofá más cercano.

—Hal… ¿Amas a Haley?

—No —respondió Henry muy serio y sin dudar—. Es Bea a quien amo. No me he acercado a Haley desde ese día de la competencia… Incluso la he bloqueado en mi celular.

Daniel sonrió con gusto y abrió la boca para decir algo, pero Henry habló primero:

—¡No te burles! Porque tarde o temprano, me vengaré con la misma broma.

—¡Touché! —susurró Daniel.

—¿Tienes alguna idea de cómo deshacernos de Haley? —pregunto Henry.

—No creo que sea tan fácil hacerlo, Hal… Haley asegura que me ama, pero Joss me dijo que se dio cuenta que ella estaba desesperada por alejar a Bea de ti. Notó dolor cuando insultó a Bea, llamándola: «Estúpida arrastrada».

»Sí, Haley ama tu corona, pero creo que está empezando a amarte también.

—Será más peligrosa.

—Creo que la única manera de terminar esto es que tu padre de una declaración a los medios al respecto.

—No, no podemos hacerlo. Si él lo hace, el pueblo va a creer que se está interponiendo en «nuestro amor» —rebatió marcando con burla sus últimas palabras—. Y si yo lo hago, van a creer que no estoy respetando la soberanía de mi padre.

—¡Uf! Estás acorralado.

—Sí. Ya hablé con mi papá y me dijo que él se encargará de Haley… Creo que va a callarla por debajo de la mesa.

—¿Y qué vas a hacer para recuperar a Bea?

—¡No tengo ni la menor idea! —exclamó Henry, inclinándose para cubrirse el rostro con las manos, exhausto por el vaivén emocional que ha tenido con Bea.

—Creo que lo más conveniente es que la dejes tranquilizarse. Hablaré con Joss, y le diré lo que me has dicho. Tal vez entre los dos podremos hacer que ella te reciba.

El celular de Daniel sonó en el momento en que Henry asintió estando de acuerdo con el plan.

—¡Hablando del rey de Roma! —exclamó Daniel a la par que le mostraba a Henry su celular.

—Dámelo.

—¡No!

—¡No discutas! Voy a ayudarte… Solo escucha lo que voy a decirle —dijo Henry.

—Esa mujer sí que es perseverante —comentó Daniel con picardía, arrojándole el celular que seguía sonando sin parar.

Henry carraspeó un poco hasta que creyó conveniente que su voz saliera más grave.

—Celular de Daniel Preston —respondió muy serio.

Daniel se tapó la boca, luchando por contener la risa ante el comportamiento mundano de su amigo.

—¡Oh! Buenos días…

—Buenos días —interrumpió Henry. Sintió a Haley muy confundida.

—Estoy buscando a Dan.

—Él no se encuentra. Aún no regresa de dejar a su novia Jocelyn en casa de Lady Beatrice.

—¡Oh! —escuchó enseguida un quejido de molestia—. ¿Su novia?

—Sí, lograron atraparlo —respondió Henry, su voz cambió más a la suya.

—¿Con quién hablo? —preguntó, confundida.

—Con… —Hizo una pausa dramática, preparándose también para la reacción. Daniel no le quitaba la mirada de encima—. Henry.

Se hizo un silencio funesto que se prolongó más de lo esperado.

—¿Bueno? —preguntó Henry ya con su voz normal, pero la llamada se cortó antes de que obtuviera una respuesta.

Rio muy satisfecho de que la mentira de Haley se había desmoronado ante ella.

—Creo que hice enojar más a la fiera, pero así es como le hacemos saber que estamos al tanto de todo —comentó Henry, mientras regresaba el celular a su amigo.

—Por mí que se muera de coraje —dijo Daniel, despectivamente.

Daniel le propuso a Henry que se quedara el resto del día; pensaba distraerlo lo más posible.

A Henry le pareció una buena idea porque estaba seguro de que, si regresaba a la soledad del palacio, acabaría acosando a Bea o buscando a Haley para ponerla en su lugar, cara a cara; incluso más de lo que ya lo había hecho con esa llamada.

Confiaba en que Jocelyn lograría tranquilizarla y que todo volvería a la normalidad a más tardar al día siguiente.

Se sentía optimista.