Capítulo VIII #3
El juez pidió silencio, pero los medios estaban teniendo una exclusiva de primera mano. Por lo que Daisy inició su rutina sobre el barullo que aún había en el lugar. No fue su mejor participación, pero por lo menos no derribó ningún obstáculo.
Seguía el turno de Bea, y decidió que no iba a perder la competencia por esa mujer, mucho menos darle el interés que estaba buscando.
Los jueces volvieron a pedir silencio a los periodistas tras darse cuenta de que le fue muy difícil a Daisy concentrarse en su rutina. Se les advirtió que serían sacados del lugar sino obedecían.
Uno de los jueces dio salida a Bea, quien rápido dio la orden a su caballo de caminar. Se dirigió a la mesa de jueces y les reverenció con formalidad para indicar que estaba lista.
—Lady Beatrice Cavendish, montando a Bellfire —se escuchó en el ambiente.
Bea buscó a Haley, la desairó con la mirada y regresó al inicio de la pista. Bellfire trotó con pasó ligero y elegante.
Jamás ha sido ruda con su caballo. Jamás necesitó del fuete para hacerlo obedecer. Pero esta vez estaba tan molesta que por instinto fueteó a su amigo muy fuerte.
Cuando el caballo respingó con dolor, Bea se dio cuenta de que lo había lastimado sin razón.
—Lo siento, Bell… Te compensaré al terminar esto —murmuró, y, tras un suspiro, le ordenó que empezara a trotar.
Bellfire obedeció la orden de brincar el primer obstáculo sin dificultad.
El silencio en el lugar era tan absoluto que las órdenes que Bea daba en voz baja se escuchaban con claridad. Todos sabían que ella estaba saltando esa altura por primera vez, y nadie quería arriesgarse a romper su concentración.
Saltó el segundo, tercero, cuarto y quinto obstáculo magistralmente. Estaba orgullosa de los progresos que había logrado, tanto que podría ganar la competencia. Pero la verdadera prueba estaba por llegar.
Sintió las miradas sobre su elegante movimiento de subir y bajar acorde al trote. Su corazón se aceleró cuando vio el siguiente obstáculo que era el más peligroso, el importante. Ordenó a Bellfire dar una media de vuelta para tomar mejor el obstáculo.
Su respiración se agitó y sus manos temblaron por los nervios. No obstante, a lo lejos, su atención fue llamada por personas que se movían en dirección hacia las mesas de los espectadores. Reconoció de inmediato a una de ellas.
—Henry —susurró.
Pero no solo ella se dio cuenta de su presencia, también lo hizo Haley, quien lo llamó sin guardar decoro para que fuera a ella. Su voz se escuchó alta, amorosa y demandante sobre el silencio que había.
Henry borró su sonrisa en cuanto vio a Haley yendo hacia él como si fuese el amado que se alejó de casa por mucho tiempo.
Quiso retirarse, huir sin que Bea se diera cuenta que estaba ahí, aunque ya era demasiado tarde, porque algunos periodistas ya habían llegado a él.
Haley seguía llamando a su amado, mientras se abría paso para al fin arrojarse a sus brazos y besarlo apasionadamente.
Los flashes de las cámaras alumbraron tanto como un reflector poderoso en medio de la noche.
La seguridad de Henry reaccionó a la muestra inesperada de afecto. Trataron de arrancarle a Haley, pero estaba tan bien afianzada que solo lograron que los fotógrafos se volvieran locos con el forcejeo.
Bea encajó los estribos en las costillas de Bellfire sin querer, porque esa mujer había arruinado su gran día. Enojado ya por el trató rudo, Bellfire relinchó y rompió su galope perfecto.
El obstáculo estaba a escasos centímetros adelante y el caballo, desconcentrado, trató de detenerse, pero fue demasiado tarde, ya que la fuerza de la carrera hizo que Bea perdiera el equilibrio y saliera volando para estrellarse contra el cuello del animal y finalmente caer de lado al suelo.
El público gritó aterrado, haciendo que toda la atención que estuvo sobre Henry y Haley se dirigiera hacia Bea.
Bellfire estaba tan asustado que trató de huir, solo que Bea tenía un pie atorado en el estribo, y se zangoloteó violentamente contra el lomo del animal; apenas logró cubrirse el rostro de las patadas del caballo. Aun así, las herraduras lo golpearon en más de una ocasión.
Los gritos siguieron, clamando que la ayudaran.
Entonces, el caballerango de Bea corrió a detener al caballo, y gracias a eso, ella consiguió zafar el pie; aunque cayó al suelo aturdida y dolorida.
Trató de levantarse, pero el equipo médico llegó antes de que pudiera hacerlo.
Buscó desesperadamente a Henry entre ellos, pero lo encontró a lo lejos, sujetando a Haley por el brazo con agresividad para sacarla de ahí; había aprovechado que toda la atención estaba puesta en Bea.
Jamás volteó a ver a Bea en su huida, lo que hizo más terrible el dolor que ella sentía.
Algunos de los periodistas no sabían cuál noticia cubrir. Pero Bea rogó que cubrieran el de Henry porque no quería que su humillación apareciera en las noticias más tarde.
Irónicamente, el dolor de su corazón roto era tal que opacaba el que debería sentir por los golpes.
Ya no le importó nada en ese momento. Ni siquiera el manoseo del equipo médico que quería llevarla a la ambulancia para hacerle un chequeo minucioso.
Henry arruinó la última oportunidad que tenía con Bea. Todo terminó antes de siquiera iniciar.