El llamado del árbol Capítulo VIII #2
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Capítulo VIII #2

Bea decidió averiguar hasta dónde podía llegar Henry. Al menos, ahora estaría preparada para levantar un muro entre ambos cuando fuera necesario.

Ambas amigas estaban pensando qué responder, cuando el aparato sonó escandalosamente. Asustó tanto a Bea que lo soltó, pero Jocelyn reaccionó rápido y logró cacharlo antes de que tocara el piso y lo entregó a su amiga, quien volvió a activarlo, pero ahora con el corazón sobresaltado.

—«Falta muy poco para verte» —leyó Bea en voz alta.

Jocelyn gritó al instante llena de emoción.

—¿Qué le respondo? —preguntó Bea temblando notoriamente. La esperanza volvió para suplicarle que le diera una oportunidad, sin dudar ni levantar barreras.

—Primero que nada, ¡tranquilízate! Y ten en cuenta que aquí es donde empieza la conquista —recomendó Jocelyn con aires de experiencia.

Bea no prometió tranquilizarse porque era algo que no podía hacer por el momento. La adrenalina que corría por su cuerpo la tenía muy estimulada. Pero sí pensó detenidamente en lo que iba a escribir.

Quería decirle que estaba ansiosa porque pasaran rápido las horas para estar con él, pero la nube gris la cubrió aun cuando no lo quisiera. El tema de Haley no la dejaba en paz, y estaba convirtiendo su momento romántico en una recriminación que exigía satisfacerse a toda costa.

—«¿Amas a Haley?» —leyó Jocelyn pausado mientras fisgoneaba por encima de su hombro—. ¡¿Qué sucede contigo?!... ¡¿Estás loca o qué?!

—No voy a abrirle mi corazón sin antes aclarar este asunto, Joss —respondió segura Bea, aunque estaba aterrada por dentro. Una respuesta afirmativa la aniquilaría.

—Pero no querías ser tan directa —recordó Jocelyn con burla.

—Sí, bueno, ya es demasiado tarde.

La respuesta llegó rápido.

—«¿Celosa?» —leyó Bea en voz alta.

Jocelyn rio de inmediato. Henry estaba midiendo también hasta donde llegaba el interés de Bea por él.

—Por favor, Bea, no vayas a responder con una idiotez —advirtió Jocelyn.

Bea sonrió gustosa, mientras decía en voz alta lo que escribía en su mensaje.

—¿Tengo que estarlo?

Pasaron solo unos segundos y el celular avisó que había llegado la respuesta que obligaría a Henry revelar si había regresado con Haley o no.

—«Solo si sientes algo por mí. Vuelvo a preguntar… ¿Celosa?» —leyó Bea. Su sonrisa se hizo enorme a medida que leía.

Jocelyn gritó entusiasmada. Coqueteaban, aunque de una manera extraña.

—«¡Mucho!... Carita enojada» —dijo Bea mientras que sus dedos teclearon rápido el mensaje. Sin pensarlo, estaba abriéndose.

Apenas le advirtió Bea a Jocelyn que guardara silencio cuando llegó la respuesta.

—¡Léelo! —exigió Jocelyn. Aplaudió un par de veces, muy emocionada.

—«No tienes que estarlo… Carita besando».

Jocelyn ya estaba al borde de la histeria emocional.

—«¡Pues lo estoy!... Carita triste».

No tardó en llegar la respuesta.

—«Bea, te aseguró que ella ya está fuera de mi vida… No, no puedo decir que alguna vez fue parte de ella.

»Solo quiero conocerte mejor» —leyó en voz alta Jocelyn por encima del hombro de su amiga.

—«Carita sonriendo… No puedo esperar para verte… carita besando. ¿En verdad vas a ir a mi competencia?»

—«Si. Lo prometo» —leyó Jocelyn. Por alguna razón, para Bea, su voz se transformó en la de Henry.

—«Entonces, es seguro que pierda» —dijo Bea en voz alta mientras escribía.

Respuesta recibida.

—«¿Por qué vas a perder?» —respondió Henry en la voz de Bea.

—Sí, ¿por qué vas a perder? —cuestionó Jocelyn. La duda detuvo su alboroto.

—«Porque estaré tan ansiosa por estar contigo que no podré concentrarme» —respondió Bea mientras tecleaba el mensaje.

Respuesta recibida.

Solo que Bea ya no la leyó en voz alta porque Henry había escrito que deseaba besarla ganara o perdiera. Deseaba celebrar su victoria o aliviar su desilusión.

Jocelyn se percató por los gestos de su amiga que la conversación entre ambos estaba volviéndose muy íntima. Así que fue al escritorio para leer un libro que Bea tenía ahí.

Bea siguió enviando mensajes a Henry, por el momento le parecieron de adolescentes, pero sabía que con el tiempo serán más maduros. Disfrutó la inocencia que había en el momento.

Deseó tanto escuchar su voz diciendo las palabras electrónicas que la hacían suspirar, estremecerse y fantasear. Pero pensó que él no le llamaba porque temía que alguien los escuchara y revelara la conversación privada donde se prometían momentos a solas y besos robados.

No podía reavivar el fuego que Haley había encendido a su alrededor con la finalidad de quemarlos a ambos.

Al poco rato, Jocelyn dejó el libro para preparar la presentación de la clase de historia en la que ambas estaban trabajando. Mientras tanto, Bea terminó la conversación con Henry.

Estaba muy feliz porque presentía que Haley no volvería a aparecer en la vida de Henry. El primer obstáculo en su relación había sido derribado y ya estaba quedándose atrás.

Podía seguir el camino que poco a poco se unía al de Henry.

El día de la competencia

Bea despertó por la mañana muy cansada, no había dormido bien a causa de la ansiedad que sentía por cumplir la competencia para poder pasar el resto del día con Henry.

No podía quitarse de la cabeza la idea de un primer beso con él.

Estaba muy emocionada por ello, pero también le aterraba porque ella siempre era una virgen cuando de primeros besos se tratase.

Ella creía que un primer beso dictaminaba el futuro romántico con dicha persona.

Llegó al hípico una hora antes de que la competencia iniciara, como era usual. Jocelyn no la acompañó porque no quería hacerle mal tercio cuando estuvieran junto a Henry.

Se apresuró a dar instrucciones a su caballerango de que tuviera listo a Bellfire diez minutos antes de iniciar. Solía hablar con él acerca de lo que esperaba ese día de competencia.

Bea tenía la firme convicción de que su caballo entendía cada palabra.

Salió de las caballerizas para ir a la mesa en donde estaban otras competidoras conversando, muy despreocupadas y nada nerviosas. Para ellas, la competencia era solo entrenamiento para otra más difícil y profesional.

Se sentó y escuchó atenta las conversaciones que, tan solo por ese momento, alejaban a Henry de sus pensamientos.

Minutos después, la competencia inició según lo planeado.

Solo entonces, cuando miró a su alrededor, se angustió porque Henry no llegaba.

Quería verlo antes de salir a la pista para que le deseara buena suerte, aunque fuera con la mirada y una sonrisa escondida. Eso haría un buen inicio de su momento.

A medida que se acercaba su turno, no podía dejar de pensar que Henry había hecho de las suyas otra vez, dejándola plantada.

«¿Cuántas veces tendré que someterme a sus decisiones?», se cuestionó, dominada por la ira en el peor momento.

Daisy, su compañera de equipo, cabalgaría primero. Esperó atenta a que uno de los jueces le diera salida.

De pronto, el silencio que rodeaba el lugar fue interrumpido por el súbito alboroto que hicieron los periodistas que estaban ahí para cubrir la competencia.

El corazón de Bea se aceleró al sospechar que Henry era la causa del bullicio. Volteó, junto con Daisy, hacia donde se aglomeraban los periodistas.

—¿Qué sucede? ¿Alcanzas a ver algo? —preguntó nerviosa Bea a Daisy, quien se alzaba un poco para ver mejor hacia allá.

—¡Es ella! —respondió indignada Daisy.

—¿Quién es ella? —preguntó Bea, confundida. También se alzó un poco con los estribos para buscar un punto libre que le permitiera ver a la mujer en cuestión.

—Es Haley Pearson —respondió Daisy, mientras regresaba a su posición. Estaba molesta por la atención que le habían quitado. Con la prensa presente, podría conseguir un patrocinio, si lograba destacar.

El estómago de Bea se retorció por el coraje de conocer por fin a aquella joven que ya estaba haciendo de su vida un infierno mediático.

—¿Qué hace aquí? —preguntó Bea, muy molesta, mientras apretaba la correa del caballo. Trató sin mucho esfuerzo de ocultar su molestia por la presencia de Haley.

—No lo sé… Tal vez creyó que el príncipe estaría aquí —respondió Daisy, extrañada por la reacción de Bea.

—¿Y él por qué vendría aquí? —cuestionó otra de las competidoras que se acercó al escuchar la conversación.

Ninguna respondió. Bien sabían que Bea y Henry no se caían bien. Solo se presentaría si fuera un acto de la Corona, o quizás para molestar a Bea, por alguna razón.

Sin embargo, para ocultar que ella era la razón de Henry para asistir, señaló con un cabeceo a Daisy que el juez le acababa de dar la salida.