El llamado del árbol Capítulo VIII
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Capítulo VIII

Bea llegó tarde a su primera clase del lunes por la mañana. Se había desvelado contemplando una de las fotografías de Henry mientras unía el recuerdo de la caballeriza con el final de su sueño.

Muchas veces tuvo que regresar su atención a la clase cuando sentía que en cualquier momento el profesor le llamaría la atención.

Solo podía pensar en él.

Incluso, se preguntó qué hechizo había lanzado en ella para ser el dueño de sus pensamientos.

No era normal que semanas atrás lo odiara, y ahora suspiraba por él.

Creyó que los estudios la distraerían, pero ahora solo buscaba terminar para poder conversar con su amiga acerca de él.

Era irónico que el tiempo jugara con ella, alargando el día de clases. Cada vez que miraba a su amiga, las palabras quedaban incompletas, y dejaban tras de sí una amarga frustración.

Cuando la clase terminó, fueron a descansar en los jardines de la universidad para disfrutar el día soleado pero refrescante. Su amiga fue el bálsamo que buscaba. Aunque también fue la prueba de que ya debía ponerse límites.

Se propuso no pensar en Henry tanto. Pero se dio cuenta de que el tiempo corría con extrema lentitud cuando no lo hacía, y su impaciencia aumentaba porque aún faltaban muchos días para verlo.

—¡Bea! ¡Joss! —les llamó Ellen, una de sus compañeras de clases.

La joven venía corriendo apurada, emocionada por la noticia que le urgía revelar—.

¿Se han enterado? —Traía el aliento entre cortado.

Apenas iban a responder cuando interrumpió—: ¡La novia de Henry, la tal Haley, ha hecho pública su relación a los medios!

Jocelyn volteó a ver a Bea, muy asombrada por la noticia.

Ambas conocían los rumores que siempre han rodeado a Henry, pero ninguna los había creído. Sin embargo, Bea llegó a notar últimamente que una mujer, en especial, estaba presente siempre en las fotos informales de Henry con sus amigos.

Hasta ese momento, no le había importado lo que él hiciera con su vida romántica, después de todo lo odiaba, pero ahora se sentía engañada, y no sabía cómo reaccionar.

«Se suponía que no era su novia», dijo Jocelyn a su amiga con la mirada.

—Es todo un escándalo, porque al parecer había un contrato que la mantenía callada, y aun así reveló que terminó con ella para estar con otra. Como era de esperarse, los medios no dejan de decir que esta es una venganza de Haley.

»¡Están como locos buscando a la otra!

—¿Y Henry qué ha dicho acerca de esto? —preguntó Jocelyn tratando de conservar la calma, fingiendo entusiasmo por saber el chisme.

—¡Nada! No ha dado comentarios, como es habitual. Lo que asegura que todo es verdad. —Ellen se quedó pensativa por unos segundos y preguntó—: ¿Ustedes lo vieron con alguien el sábado?

—No. Aunque sí noté que muchas estaban coqueteando con él, pero eso ya es costumbre —respondió Bea. Se sentía mal, pero tuvo que fingir indiferencia.

Respiró despacio para verse natural y no revelar que estuvo un momento con ella.

—No creo que haya una tercera —refutó Jocelyn. Henry ya había arrastrado a Bea en lío romántico—. Estoy segura de que Henry se cansó de ella y ese es el pretexto que usa para justificar que la han dejado.

»Se le fue la corona de las manos.

—¡Ellen! —la llamaron impacientes su grupo de amigas porque la esperaban para ir algún lado.

—Las veo después —dijo Ellen, y enseguida echó a correr hacia sus amigas.

Bea y Jocelyn seguían atónitas, sobre todo Bea, pues ya estaba viviendo las consecuencias de las decisiones del rey.

—Será mejor que llame a Dan para saber qué pasó —sugirió Jocelyn.

—¡No! —La detuvo Bea del brazo, cuando Jocelyn ya estaba tomando el celular—. No quiero presionar a Henry con esto. Suficiente ha de tener con los medios exigiendo una declaración.

»Le daré la oportunidad de aclarar esto.

Bea estaba muy molesta con Haley, ya que, por su culpa, la hizo dudar del cortejo de Henry.

Además, iba a ser una gota más en el escándalo.

Sin saberlo, Haley había culpado a Bea por quitarle el hombre que amaba, y la corona que le pertenecía, cuando en realidad no sabía que ese hombre jamás fue suyo y que la corona había estado en la cabeza de Bea desde su infancia.

No importaba cuantas declaraciones diera la casa real, Bea siempre iba a ser la otra para los medios.

Desde ese momento, estuvo atada de manos y tuvo que soportar cada rumor adicional que escuchaba acerca del romance ya público de Henry.

Ni siquiera con Jocelyn pudo desahogarse, porque estaba reprimiendo sus sentimientos, por si Henry cedía al chantaje emocional de Haley.

No quería verse como la otra derrotada emocionalmente.

Sin embargo, tal y como un chisme siempre cubre otro, el escándalo se fue apagando con el paso de los días. El único comentario que hubo por parte de la casa real fue que Henry terminó su relación con Haley por compromisos previos con la corona.

Se vieron obligados a confirmar que tal relación existió, pero al mismo tiempo revelaron indirectamente que el «compromiso con la corona» de Henry era conquistar a Bea.

Bea concluyó que los medios ya no siguieron con el escándalo porque al final sí lo atribuyeron como el clásico caso en que la abandonada no quería dejar libre a su pareja.

Sin embargo, entre conocidos, corría el rumor de que Haley quería hablar con Henry para una reconciliación.

Bea ahora estaba muy preocupada de que él cediera a tal petición. No conocía a Haley y por lo mismo temía las artimañas que pudiera usar para que él regresara con ella.

Han sido días tan largos, y Jocelyn también ha tenido que soportarlos, viendo cómo Bea desperdiciaba su vida junto a las ventanas, esperando que Henry llegara de un momento a otro.

—¡Vamos, Bea! Déjame hablar con Dan para saber qué está pasando en realidad. Has estado echa un lío desde el lunes —sugirió Jocelyn la mañana del viernes.

Lo que se suponía que iba a ser el día de preparación para verlo terminó convirtiéndose en un deseo de evitarlo.

—¡No! —rechazó enérgica ella.

—¿No has pensado que Henry está poniendo a prueba tu interés con el escándalo?

Bea pensó en eso un momento. Jocelyn podría tener razón; ya que eso explicaría el silencio de Henry.

Pero si era cierto que él estaba interesado en ella, y suponiendo el caso de que no estuviera poniéndola a prueba, entonces, lo más lógico era que ya se hubiera comunicado para callar los rumores de Haley buscando una reconciliación. Solo necesitaba un mensaje suyo diciendo que iba a explicárselo.

—Si lo que dices es verdad, ¿no crees que si tú le preguntas a Dan qué está pasando, muestra más mi indiferencia a la situación?

—Quizá. ¿Vas a llamarlo para averiguarlo por ti misma?

—¡No! ¡Por supuesto que no!… No tengo tanto valor —aclaró Bea, temblando.

La simple idea la tenía al borde del colapso nervioso, porque no quería que la rechazaran ahora que su corazón se desbocaba en emoción con solo pensar en él.

—Entonces, ¿qué vas a hacer?

Bea pensó cómo contactar a Henry sin mostrar que estaba desesperada por saber la verdad.

—¡Ya sé! ¡Envíale un mensaje!… Es algo informal, pero a la vez le demostrará tu interés por saber qué está pasando —sugirió Jocelyn con la fuerte convicción de que era la mejor opción.

Un solo mensaje que podría aclarar todo.

—¡No voy a preguntarle directamente qué sucede! —excusó Bea.

—¡Claro que no! Pero un «Hola» abre miles de puertas.

Bea se entusiasmó con ese «Hola», por lo que tomó el celular para enviar el mensaje. Sus manos temblaban ante el tecleo de cada letra, como si cada una construyera el camino hacia Henry.

Ambas esperaron expectantes, con la mirada puesta en el celular. Pero los minutos pasaron y no hubo una respuesta.

Fue inevitable que Bea sospechara ya lo peor. De seguro, Haley había logrado solucionar las cosas con Henry.

Pero, tomando el caso hipotético de que fuera cierto, ¿por qué la había aceptado de nuevo? Faltaba muy poco para que el compromiso fuera anunciado formalmente. ¿Eso quería decir que Henry pelearía por el amor de Haley?

¿Acaso la usó deliberadamente como un medio para liberarse del compromiso?

Todas las preguntas que se ha hecho anteriormente regresaron para torturarla con su brutal desdén. Y su corazón empezó a oscurecerse con el paso de los minutos por la ira al sentirse utilizada… otra vez.

Ante la mirada atónita de su amiga, Bea arrojó el celular al escritorio sin cuidado y fue a echarse a la cama para hojear su libro en turno. En el silencio, sintió que Jocelyn tampoco sabía qué decir en ese momento, ya que de seguro ella tampoco entendía la razón de todo.

Sin embargo, pronto sugirió de nuevo su idea de llamar a Daniel para averiguar qué sucedía. Era lo único que podía hacer para dar un poco de tranquilidad a su amiga.

Como era de esperar, Bea se lo prohibió.

—¡No puedes seguir como un zombi, mirando el celular, sobresaltándote y buscando por todos lados cada vez que alguien menciona a Henry!

»No permitas que esa mujer tenga poder sobre ti, Bea —dijo Jocelyn, desesperada de que su amiga no luchara por lo que sentía por él.

—¡No lo entiendes! ¡No puedo rebajarme al nivel al que me quiere llevar Haley! —explicó Bea, alzando ya la voz. Era una reacción a la frustración que sentía—. Además, es él quien tiene que darme la cara.

»Supuestamente, él cree que no sé nada de ese estúpido compromiso, pero está haciéndose el tonto porque mi comportamiento con él ha cambiado.

»Pasé de humillarlo frente a sus padres y temblar de nervios al escucharlo… ¡Me está usando!

Jocelyn iba a responder cuando fue interrumpida por el celular. Corrió por el aparato para arrojarlo a su amiga, quien se tomó su tiempo, y con indiferencia, para leer el mensaje.

—Hola —leyó Bea en voz alta tras un corto silencio de expectación.

—¿Hola? ¿En serio es esa su respuesta? —soltó decepcionada Jocelyn. Quizás creyó que Henry era un hombre más abierto a la hora de conquistar, por lo menos, con más palabras convincentes.

—Un «Hola» abre miles de puertas —recordó Bea muy sarcástica. Jocelyn rio entre dientes por la ironía—. ¿Qué le escribo?