EL LIMITE DE MI PIEL Capítulo 11 Bajo el dominio de la Bestia y el Pecado
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Capítulo 11 Bajo el dominio de la Bestia y el Pecado

Después de haber estado con Julián, experimenté una liberación de carga que no era normal.

El sexo, cuando se vive con la persona adecuada, tiene la capacidad de transformar el humor por completo.

Llevaba una sonrisa casi estúpida en el rostro; me fascinaba recordar las sensaciones que él provocaba en mí cuando me tenía a su absoluta merced.

Cuando esos ojos oscuros me miraban, mi cuerpo se volvía dócil, ardiente y dispuesto a que sus manos terminaran lo que su deseo había empezado Julián tenía la capacidad de sacar a la Carolina que disfrutaba de la pasión en su estado más puro.

Extrañamente, con él el sexo no me dolía en el alma.

En otras oportunidades, tras estar con otros hombres, me invadía una sensación amarga de tristeza, como si hubiese sido utilizada o cometido el peor de los pecados.

Pero con él no era así. Vivía cada encuentro con plenitud, sin tabús, rodeada de una chispa de felicidad que me hacía sentir viva.

Con él estaba dispuesta a cumplir mis fantasías más oscuras.

Los días transcurrieron y volví a mi rutina, sonriendo de vez en cuando al evocar su recuerdo.

En la unidad, el trabajo no daba tregua; sin embargo, no me sentía abrumada.

De pronto, en medio de la vorágine diaria, me asaltó una idea audaz: la fantasía de un trío.

Parecía el escenario ideal si lo realizaba con Ray y Julián.

Con ambos sentía una profunda confianza; aunque con Ray no había tenido intimidad física, él comprendía a la perfección las reglas del juego mental.

Una de tantas noches, mientras hablaba con Ray, me armé de valor y le confesé que había tenido un nuevo encuentro con el hombre que me tomaba como una bestia.

-Uff, qué rico -me soltó Ray al otro lado de la pantalla-. ¿Estás feliz entonces?

-Más que feliz. Me siento plena, llena y completamente libre de estrés -le respondí.

-Eso es excelente. ¿Puedo saber detalles?

-Me dominó por completo -confesé con una risa nerviosa-. Me dio duro, como a mí me gusta, con las nalgadas que tanto me encienden. Estuve enteramente a su merced.

-Te transformaste en una completa perra para él, ¿verdad? -insistió Ray con morbo.

-Totalmente. Saqué mi lado más salvaje, quería sentir todo su poder sobre mí.

-Me hubiera encantado verte así...

Recordé de inmediato la imagen de mi propio reflejo en el espejo del hotel durante aquel encuentro.

-Me sentía como una diosa sobre él, dominando el ritmo. Por cierto... él me comentó algo sobre los tríos en el carro y me gustaría cumplir esa fantasía.

-Vaya, qué interesante -respondió Ray, dejando ver su intriga-. ¿Ya tienes a alguien en mente?

-Sí. A ti.

-Wao... ¿en serio? ¿Yo? Es un honor que me haces... Pero a ver, ¿cómo te imaginas eso?

-Simple: háganme suya entre los dos.

-Está bien. Pero debes hablarlo con él y asegurarte de que esté de acuerdo.

-Claro, primero quería saber qué pensabas tú.

-Sería increíble verte rendida mientras él te posee y yo me dedico a devorar tus pechos y recorrer tu piel.

-Dios, me pones a temblar...

-Háblalo con él y me avisas.

La conversación concluyó, dejando mis pensamientos alimentados por la lujuria. La idea empezó a germinar hasta que tomé la decisión y le escribí a Julian.

**Carolina: ** *Hola, amor, ¿cómo estás?*

**Julián: ** *Bien, mi amor, ¿y tú?*

Respiré profundo y solté la propuesta sin rodeos.

**Carolina: ** *Amor, quiero pedirte algo... Quiero hacer un trío contigo y otro hombre.*

**Julián: ** *¿Con quién? ¿De dónde es? ¿Dónde lo conociste?*

**Carolina: ** *Es un chamo que conocí. Salí un día con él y me parece chévere. No hemos tenido sexo, pero tiene una mentalidad muy abierta. Así podría cumplir mi fantasía contigo, amor.*

**Julián: ** *¿Estás segura de esto?*

**Carolina: ** *Si es contigo, estoy más que segura.*

**Julián: ** *No sé... déjame pensarlo.*

**Carolina: ** *Está bien, amor. Si no quieres, no hay ningún problema.*

**Julián: ** *¿Por qué no me habías dicho que estabas hablando con alguien?*

**Carolina: ** *Porque no es nada serio, amor. No me he acostado con él; solo hemos tenido pláticas picantes. Tú sigues siendo el único que me ha poseído.*

**Julián: ** *Bueno, déjame pensarlo.*

**Carolina: ** *Está bien, mi amor.*

A pesar de que lo nuestro se limitaba al terreno de la pasión, noté un atisbo de enojo en sus palabras.

Julián era un hombre difícil de descifrar; no convivíamos lo suficiente e interactuábamos solo lo necesario.

Una punzada de decepción me atravesó la garganta, acompañada por el temor de que me juzgara.

Las inseguridades me invadieron y me arrepentí al instante de haberlo propuesto.

Reconozco que tengo el defecto de darle demasiado peso a la opinión ajena, incluso en aspectos donde solo debería importar mi propio deseo.

Temiendo haber distanciado a mi "bello", decidí apartar los pensamientos negativos y me enfocaba de nuevo en mi rutina: la clínica, el gimnasio y la lectura.

Me sumergí en las novelas de Eva Muñoz, cuyo estilo me atrapó por completo tras haber devorado a Megan Maxwell.

Seguí hablando con Ray de forma casual, manteniendo conversaciones triviales sobre la vida, valorando que fuera un hombre capaz de no sexualizar cada interacción.

Pasaron los meses. Una mañana, entre el ajetreo del trabajo, revisé el teléfono y encontré un mensaje de Julián.

**Julián: ** *Hola, mi amor, ¿cómo estás?*

**Carolina: ** *Hola, amor. ¿Qué tal todo?*

**Julián: ** *Bien, mi amor. Pensé lo que me propusiste.*

Un vacío se me instaló en el estómago y los nervios amenazaron con traicionarme.

**Carolina:** *Ok, ¿y qué pensaste?*

**Julian:** *Lo haremos, pero bajo mis términos.*

**Carolina:** *Dime cuáles son esos términos.*

**Julián:** *Tu cuerpo es mío, tus besos son míos. A él solo podrás tocarlo cuando yo te lo ordene, y si en algún momento me siento incómodo, él se va. ¿Estamos?*

Al leer sus palabras, mi corazón dio un vuelco y la boca se me secó. El tono dominante de sus condiciones, lejos de intimidarme, encendió una chispa de excitación en mi interior.

**Carolina: ** *Está bien, mi amor. Así será. ¿Te parece si salimos los tres y lo conoces primero?*

**Julián: ** *Habla con él y me avisas. Ya sabes cómo es mi horario. Y prepárate, porque te voy a castigar; tú solo eres mia.*

**Carolina: ** *Sigo siendo tuya, amor. Hablo con él y te aviso.*

Releí los mensajes varias veces para asimilar la intensidad de sus palabras. Acto seguido, le escribí a Ray.

**Carolina:** *¡Buenas! Hablé con mi bestia. Aceptó hacer el trío, pero bajo sus términos.*

**Ray:** *¿Cuáles términos?*

**Carolina:** *Dice que mi cuerpo y mis besos le pertenecen a él, y que solo te tocaré cuando él lo autorice. Además, si se siente incómodo, el juego se acaba.*

**Ray:** *¡A la verga! ¿No te puedo besar?*

**Carolina:** *No, hasta que él lo permita.*

**Ray:** *¿Estás segura de que quieres esto? Me parece bastante extremo.*

**Carolina:** *Sí quiero, y él también bajo esas condiciones. ¿Qué dices?*

**Ray:** *Está bien. Me fascinará ver cómo te domina esa bestia, pero vas a complacerme en las posiciones que yo te pida.*

**Carolina:** *Hecho. ¿Nos conocemos entonces?*

**Ray:** *Me parece perfecto. Vamos a almorzar este sábado a las 12:00 p.m. y luego nos vamos al hotel.*

Los nervios me consumían, pero mantuve mi decisión firme.

Deseaba vivir la experiencia sin importar las etiquetas.

Había pasado gran parte de mi vida condicionada por el qué dirán, y esta vez elegí mi propia satisfacción.

Le escribí a Julián para concretar la cita en Vhouse Ternera.

Él aceptó, pidiéndome que fuera sexy y con lencería negra.

El sábado llegó. Me levanté temprano, me di un baño prolongado, me hidraté la piel con crema perfumada y me vestí con el conjunto de encaje negro en forma de rosas que reservaba para las ocasiones especiales.

Completé mi atuendo con un body, jeans ajustados, sandalias y el cabello impecablemente lacio.

Abordé el taxi con las emociones a flor de piel.

Llegué primero al restaurante y me ubiqué en una mesa discreta en la esquina. A los pocos minutos apareció Ray, vistiendo jeans, chemis y lentes oscuros, desprendiendo un aroma exquisito.

-Señorita, ¿cómo estás? -me saludó con un beso y un abrazo.

-Bien, ¿y tú? -respondí, intentando disimular el temblor de mis manos.

-Hoy te vas a entregar por completo a nosotros -me susurró al oído.

Tragué grueso y asentí. Mi reacción le sacó una sonrisa llena de complicidad que solo aumentó mi calor interno. Se sento a mi derecha y, con tono burlón, preguntó por Julián. En ese instante vi llegar a mi bestia: vestido totalmente de negro, impecable y dejando una estela de perfume a su paso.

-Buenas tardes -saludó con su voz grave.

Me levanté de inmediato. Se acercó, me plantó un beso en los labios y le presenté a Ray. Ambos se estrecharon la mano con firmeza. Me senté entre los dos, sintiéndome pequeña pero intensamente deseada.

-Entonces... ¿Cómo irá esto? -rompió el hielo Ray, manteniendo la calma-. La señorita quiere experimentar una doble penetración y vamos a complacerla. Ya me explicaste tus términos y los acepto, siempre y cuando me dejes disfrutar de ver cómo la posees y pueda deleitarme con sus pechos.

Julián esbozó una sonrisa helada.

-Está bien. Pero ella sigue siendo mía.

Ver a ambos hombres negociar sobre mi cuerpo, lejos de ofenderme, provocó una humedad instantánea entre mis piernas.

-De acuerdo -intervine, mirándolos a ambos-. Pero si en algún momento siento que es demasiado, usaré la palabra clave: *rojo*.

Ambos asintieron. Pidieron una ronda de cervezas y la tensión inicial se disipó. Conversaron sobre sus experiencias y acordaron dividir los gastos del encuentro. Tras pagar la cuenta, nos dirigimos a la camioneta de Julián.