EL LIMITE DE MI PIEL Capítulo 10 Entre la lujuria y el santuario
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Capítulo 10 Entre la lujuria y el santuario

Los días transcurren y me es inevitable no pensar en Julián mi cuerpo, agotado por la rutina, me exige a gritos una dosis de dopamina.

Entre las exigencias del trabajo, las responsabilidades de la casa y el peso del día a día, me siento mentalmente sobrecargada.

En medio de esa marea, Ray se ha convertido en un gran escape.

Hablamos todos los días y hemos construido una complicidad muy bonita; nos volvimos buenos amigos.

Con él no tengo filtros: le comparto mis anécdotas más atrevidas e incluso le confesé mi fantasía de estar con dos hombres a la vez.

-¿Y si aguantas? -me soltó entre risas.

-Hasta yo creo poder aguantar -le respondi, divirtiéndome con el reto.

En una de tantas conversaciones, Ray me confesó que su mayor morbo no es poseerme, sino ofrecerme al placer, y sus palabras me transportaron de inmediato a una de mis sagas literarias favoritas: ¨Pídeme lo que quieras¨, de Megan Maxwell.

Admiro profundamente a esa mujer; amo cómo escribe y soy devota de todas sus novelas.

Ella es la absoluta culpable de tantas fantasías y fetiches que habitan en mi mente; ni el porno me ha resultado jamás tan divertido o estimulante como sumergirme en ese tipo de lectura.

La literatura me ha culturizado en el aspecto íntimo. Me enseñó que hay un universo entero más allá de la mecánica básica de una relación. Porque para mí, el sexo y hacer el amor son dos continentes totalmente diferentes.

El sexo me gusta disfrutarlo en su estado más puro: lleno de lujuria, de una pasión tan desbordante que te haga temblar las piernas y deje tu cuerpo exhausto, absorto y sin respuestas.

Es un espacio libre de prejuicios, donde ambos buscamos el placer mutuo con un egoísmo compartido que termina en plenitud.

Pero hacer el amor... hacer el amor es sagrado.

Es el complemento perfecto entre el cuerpo y el alma, donde las caricias y los besos cargados de admiración son los verdaderos protagonistas.

Es rozar la piel del otro con una sutileza que te hace vibrar el espíritu.

Es olvidarse del mundo exterior para habitar un lugar seguro, donde la entrega es total y el cuerpo del otro se convierte en tu hogar.

En ese instante, todo tu sistema nervioso responde al amor verdadero: el corazón se acelera a un ritmo cardíaco que parece a punto de estallar y, al alcanzar el clímax, todo se sella con un beso profundo, un beso bonito del que no te quieres soltar.

No existe mayor placer que descansar en los brazos de quien amas, cruzar miradas y ver ese brillo especial que te grita que eres la persona más importante de su vida.

Ahí es cuando entiendes que no tuviste sexo, sino que hiciste el amor.

Para lograr eso, ambos deben estar enamorados, porque el amor no es un impulso; es una planta que se cultiva y se cuida a diario.

Mis días siguieron su curso entre la misma rutina y, gracias a Dios, un flujo constante de trabajo en la unidad.

Una mañana me levanté temprano y apliqué mi regla de oro: no revisar el teléfono apenas abro los ojos.

Apagué la alarma, me conecté con mi cuerpo y realicé mis rituales matutinos.

Al terminar el desayuno, noté una notificación de Telegram, pero no me molesté en abrirla.

Tengo una hora de trayecto desde mi casa hasta la clínica. Al llegar al trabajo, preparé el café, encendí los equipos, acomodé mi espacio y, finalmente, revisé el teléfono. Sorpresa. Allí estaba el mensaje de Julián.

Una sonrisa instantánea se dibujó en mi rostro al ver la hora del envío: 5:20 a.m.

*Julián: La que elimina todo y me elimina de su vida.*

*Carolina: Hola, mi amor. Yo no elimino nada, eso lo haces tú. Tienes el temporizador activado en los mensajes. *

*Julián: Yo no tengo eso, amor. ¿Cómo estás? *

*Carolina: Yo tampoco. Estoy bien, ¿y tú?*

*Julián: Bien, mi amor. Con muchas ganitas de hacerte el amor rico. *

Leí la pantalla y sonreí para mis adentros, pensando: « ¿El amor? Lo que vamos es a cogernos como animales».

*Carolina: Sí, vamos a hacerlo hoy, amor. Y no me vas a salir con que tienes mucho trabajo. -Se lo escribí recordando perfectamente las dos últimas veces que me había dejado con las ganas. *

*Julián: Vamos, mi amor, pero pagamos el hotel entre los dos porque ando pelado.*

Al leerlo, no lo podía creer. Pensé que se estaba volviendo igual a los demás y, como yo me encontraba en la misma situación financiera y no iba a mover el mundo buscando dinero para un hotel por muchas ganas que tuviera, decidí ser práctica.

*Carolina: Yo tampoco tengo. Lo hacemos en el carro.*

*Julián ¿En serio, amor? ¿No le paras a eso? *

*Carolina: Debería, pero tengo muchas ganas y no es la primera vez que lo hacemos en el carro. *

*Julián Déjame ver si cae una marañita y nos vamos al hotel, ¿te parece? *

*Carolina: Resuelve. Que lo primero que me gustó de ti es que eres un hombre que resuelve.*

*Julián: Claro que sí, mi amor. Eso haré.*

*Carolina: Quiero ver qué traes puesto. Andas vestido de negro. *

Casi de inmediato me envió una fotografía donde se veía guapísimo. Le advertí que yo no llevaba puesta ropa interior sexy debido a mi jornada de enfermería.

*Julián: No importa, mi amor. Desnudita te ves sexy. *

*Carolina: Encima de ti y en cuatro, siempre me voy a ver sexy. Bueno, cuéntame, ¿cómo has estado, amor? *

*Julián: Bien, mi amor, gracias a Dios. ¿Y tú cómo has estado, mi cielo?*

*Carolina: Bien, mi amor. Con muchas ganas de ti, y en mi rutina de trabajo, casa y ya.*

*Julián: ¿Me has extrañado, mi amor?*

*Carolina: Mucho. Sabes cómo me masturbo viendo tus videos y pensando en lo que siento cuando me chupas las tetas. *

*Julián: Hoy lo hacemos realidad de nuevo, mi amor.*

*Carolina: Qué rico, mi amor. Si supieras el susto de mi vida que pasé... Pensé que había roto el vibrador negro.*

*Julián: ¿Y eso, amor? ¿Cómo pasó? *

*Carolina: Me estaba dando riquísimo y de pronto toqué la punta y estaba muy doblada por dentro, jajaja.*

*Julián: ¿Y cómo hiciste, mi amor? *

*Carolina: Lo toqué bien y es que el juguete es así, la punta tiene movimiento, jajajaja.*

*Julián: Jajajaja.*

*Carolina: Es mi favorito, no quiero que se dañe. Aunque ya encargué dos más. *

*Julián: ¡Dios mío, mi amor, tienes un arsenal! Jajaja. *

*Carolina: Es que me aburro rápido. También me compré la rosita y el otro que te mostré.*

*Julián: ¿Y si te aburres rápido del mío?*

*Carolina: Del tuyo no me aburro, porque el vibrador no me lo mete como tú, no me toca como tú, ni me lo chupa como tú.*

*Julián: Ni te nalguea como yo.*

*Carolina: Exactamente, mi amor. Hoy dame duro, déjame marcas, hazme gemir.*

*Julián: Así va a ser, mi amor. Dalo por hecho.*

*Carolina: Sí... y los jalones de pelo mientras me besas.*

*Julián: ¿Y me darás culito, verdad?*

*Carolina: En el carro no te puedo dar eso, jajajaja. Cada vez que te lo doy, me acuerdo de ti por semanas.*

*Julián: Esa es la idea, mi amor.*

*Carolina: Jajaja, lo sé, pero es doloroso.*

El día en la clínica se me hizo eterno. Nunca había deseado tanto que dieran las 4:00 p.m. para marcharme. Sabía en mi interior que Julián no me iba a decepcionar y que resolvería la situación. Le escribí al salir y me confirmó que ya iba en camino a buscarme.

Subí a la camioneta en el punto pautado y el aroma de su perfume me derritió al instante.

Verlo y sonreír como una estúpida es de mis cosas favoritas; este hombre siempre despierta sensaciones arrolladoras en mí.

Incapaz de contenerme, deslicé mi mano hacia su entrepierna mientras nos besábamos y, al palpar la dureza de su costado, le pregunté al oído:

-¿Estás armado?

-Sí, en ambos lados -me respondió con complicidad.

Escondí la cara en su cuello para ocultar mi sonrisa.

Julián posee cualidades físicas que me desarman: su cuerpo atlético, sus brazos y sus piernas son mi absoluta perdición.

Esta vez dejé atrás cualquier inhibición; acaricié sus brazos firmes mientras manejaba.

Me comentó que debíamos pasar un momento por su trabajo y que luego iríamos directo al hotel.

Asentí, manteniendo mis manos en su cuello, llenándolo de caricias.

-Amor, tengo calor, me quiero quitar el uniforme -le confesé.

-Hazlo, amor.

-No, me da pena -respondí, haciéndolo reír.

De pronto, deslizó una de sus manos sobre mi ropa, afincándose en mi punto más sensible. Tensé las piernas de inmediato, rindiéndome al placer instantáneo que me provocaba. Definitivamente, su intención era hacerme olvidar mis juguetes.

Llegamos a su lugar de trabajo. Observé cómo se bajaba de la camioneta para entregar unos tubos que había comprado y conversar con un hombre, mientras yo lo contemplaba a través del retrovisor. Al regresar, me plantó un beso cargado de promesa.

-Listo, vamos al hotel.

Fuimos al mismo hotel de nuestro primer encuentro.

Entregamos las identificaciones y entramos a la habitación.

Sin perder un solo segundo, comencé a desvestirme mientras él entraba al baño.

Por alguna extraña razón de timidez momentánea, me cubrí con un paño al salir.

Él me tomó como tanto me gusta: me levantó en sus brazos, devorando mis labios con una urgencia incontenible hasta llevarme a la cama.

En ese instante, se desató la bestia que siempre atisbo a través de sus ojos.

Cuando Julián se entrega a la pasión, su mirada se vuelve oscura, dominante, y me fascina esa fuerza salvaje con la que me reclama como suya.

Su deseo era palpable en la forma en que devoraba mis pechos con una lujuria desmedida, nada sutil, disfrutándolos como si fueran su deleite favorito.

Sentir su anatomía firme despertó en mí una urgencia incontenible.

Guié su centro hacia mi canal, elevando las piernas para abrazar su cintura y empujarlo hacia mi interior.

El dolor punzante y dulce de esa entrada brusca me llevó directo al éxtasis; sus embestidas eran duras, exactamente lo que mi cuerpo ansiaba.