El Legado (El Rancho de Birch Creek 1) 24. Amanda
79%

24. Amanda

AMANDA

C omo he vivido en Nueva York la mayor parte de mi vida adulta, nunca he pensado mucho en los husos horarios.

Obvio que sabía que la costa oeste tenía unas horas de retraso, pero eso nunca afectó a mi vida cotidiana.

Ahora bien, levantarme a las seis de la mañana para prepararme para una conferencia telefónica a las nueve es brutal.

Por supuesto, Abigail y sus pequeños ángeles ya están despiertos, excepto Gabe.

—Voy a atender una llamada importante —les advierto.

—Me quedaré por aquí y me aseguraré de que Gabe esté en silencio —ofrece Whitney con una sonrisa. Ni siquiera me sorprende que se ofrezca de voluntaria. Es lo que hacen sus hijos.

No es que nunca les haya oído discutir. Se pelean, riñen y gritan como todo el mundo.

Pero en cuanto su madre se da cuenta y arquea una ceja, o si se han descontrolado mucho, gira su cabeza de repente, empiezan a disculparse y a retroceder.

Lo mejor de venir aquí, aparte de la ayuda que supuso para conseguir el contrato de Lololime, fue el tiempo que Maren ha pasado observando a hermanos que son amables entre sí.

Emery siempre ha querido tener ese tipo de amistad con ella y nunca la ha tenido.

He visto que se le ha pegado un poco, pero aún nos queda mucho camino por recorrer.

—Gracias —digo—. Te avisaré cuando termine.

—Estupendo —dice Whitney—. Entonces saldré a ayudar a dar de comer a los animales.

Por supuesto. Sus hijos ni siquiera arrastran los pies para evitar hacer el trabajo.

Bueno, quizá Gabe sí. Sólo tiene siete años, pero básicamente no hace otra cosa que jugar, seguir a los mayores y lloriquear.

Estoy segura de que las mías eran así a los siete años, pero lo he olvidado…

o lo he bloqueado. Me siento, con la lista impresa delante de mí y el portátil abierto.

Roscoe da una vuelta a mi alrededor y luego se hace un ovillo cerca de mis pies.

Sigo esperando que siga a los demás al salir por la puerta, que persiga a los animales, que corra de un lado a otro como debería hacer un perro, pero sólo lo hace cuando salgo yo. Si estoy dentro, él también.

Suena mi teléfono. —¿Diga?

—¿Amanda?

—Sí, con ella hablas —respondo.

—Soy Victoria Davis, la vicepresidenta responsable de Redes Sociales de Lololime —como si no supiera ya que me iba a llamar hoy.

—Me alegra tener noticias tuyas y estoy entusiasmada por formar parte del equipo.

—Gracias por firmar el acuerdo. A partir de ahora, mi oficina programará una reunión mensual de aproximadamente una hora al principio de cada mes para hablar de nuestros objetivos y de tus planes para alcanzarlos.

—Estupendo. Estoy ansiosa por ello.

—Creo que Heather te envió la lista de objetivos que elaboramos para tu cuenta de julio .

—Me las envió, sí —digo—. Aunque me gustaría aclarar un poco las expectativas —mi corazón se acelera.

—Estoy totalmente de acuerdo. Lo mejor que podemos hacer en estas llamadas es que compartas tus ideas sobre cómo potenciar específicamente los productos que te hemos asignado, y también sobre cómo mejorar tu propia marca y tus seguidores, y entonces podremos hacerte sugerencias sobre si nuestras perspectivas se alinean y ajustarlas donde sea necesario.

—De acuerdo —¿Por qué suena como si toda parte del ajuste va a correr por mi cuenta? Supongo que como son ellos quienes me pagan, es probable que eso sea bastante habitual.

—Heather me ha dicho que piensas quedarte en el rancho familiar hasta finales de julio. ¿Unas cuatro semanas más?

—Así es. Mi hija tiene un campamento de animadoras a principios de agosto que dura dos semanas.

—La razón por la que te enviamos una lista de productos en los que centrarte que incluye artículos masculinos y femeninos a partes iguales es que…

—Exactamente de eso quería hablar.

—Creemos que sería estupendo que compartieras imágenes de tu misterioso vaquero con algunas prendas de Lolo, trabajadas de manera orgánica, por supuesto.

Creo que, para mantener la atención de los seguidores, puedes prometer que revelarás quién es y cómo os conocisteis a finales de mes.

Luego podremos lanzar todos los productos en secuencia, lo que encajará perfectamente con el lanzamiento de nuestras líneas de otoño en agosto.

—Esa es la cuestión —Suspiro.

—No estás saliendo con él de verdad.

¿Cómo? Pues… —Algo así.

Suspira. —Heather me dijo que te presionó para que encontraras un vaquero atractivo, y nos preocupaba que no fuera realmente el adecuado; de ahí los ángulos laterales. ¿Está casado?

—No —balbuceo. —Él…

—¿Es demasiado joven?

Pienso en Kevin y en qué en algún momento lo consideré. —No, tiene más o menos mi edad. Pero el asunto es que…

—Por favor, dime que no es pariente tuyo.

—No es pariente mío —le digo—. Pero tiene un pasado que no querríamos que se revelara en las redes sociales. No quedaría bien ni con nosotros ni con la marca.

Por una vez, está extremadamente silenciosa. —Mientras no sea un asesino —dice— es probable que podamos lidiar con cualquier defecto que quedó en el pasado.

Que no sea un asesino. No parece una vara muy alta, pero… aparentemente para mí lo es. —El caso es que atropelló a alguien con su coche mientras estaba colocado.

El gemido que emite al teléfono no es bueno.

—Era una especie de figura pública, y la persona a la que golpeó era una persona realmente mala, un asesino en serie de hecho, por lo que su representante pudo hacer que todo desapareciera.

Pero hay bastantes posibilidades de que los medios de comunicación encuentren o recuerden la historia si se supiera quién es…

—Los medios de comunicación no lo dejarían pasar una segunda vez.

—Lo dudo.

Su suspiro es enérgico. —Muy bien, se acabó ese plan —Da golpecitos en algo—. Supongo que te acabas de enterar.

—Por supuesto, hace menos de dos días.

—Porque si lo hubieras sabido cuando firmaste el contrato, eso sería motivo de rescisión.

Mi corazón va a mil.

—Así son las cosas, esto es ser una influencer . Tendrás que cortar el contacto con él de inmediato —Tapa el teléfono, por la sordina de los sonidos, y le hace unas preguntas a otra persona. Ojalá supiera quién es y si está relacionado conmigo.

—De acuerdo, este es el plan —Ha vuelto—. Vas a terminar tu relación con él inmediatamente y también regresarás a Nueva York cuanto antes. Eso ayudará a evitar cualquier especulación futura. A partir de ahora, te referirás a él como «tu aventura con un vaquero» o «tu vaquero misterioso».

¿De verdad puede dictar así mi vida? Tengo que hablar con Abby. —¿Qué productos voy a…?

—Tenemos que reconfigurar tus objetivos de julio basándonos en esta nueva información —La línea vuelve a amortiguarse, por poco tiempo—. ¿Hay alguna posibilidad de que empieces a salir con alguien en Nueva York? ¿Rápido?

—Bueno, yo…

—Está bien. Nos pondremos en contacto contigo —y cuelga.

—Pareces muy alterada —dice Abigail—. ¿Va todo bien?

—Estoy bien —No llores, Amanda. ¡No llores! Por supuesto, mis ojos no escuchan. Las lágrimas brotan y me corren por la cara. ¿Existe una forma más vergonzosa de que tu cuerpo te traicione? Creo que no.

—He estado igual de «bien» bastante este último tiempo —Abigail se sienta en una silla de la cocina—.

Mientras estabas con tu llamada, Gabe y Whitney siguieron a Emery y Maren fuera.

Al parecer, una de las gatas acaba de tener gatitos.

Parece que por aquí no les gusta mucho la idea de castrarlos —Apoya los brazos en el tablero de la mesa y dice—: Si te apetece contarme lo que está totalmente bien en tu vida ahora mismo, estaré encantada de escucharte.

Incluso prometo no darte ni un solo consejo —Hace como si se sellara los labios.

En lugar de desaparecer, mis lágrimas se multiplican y, encima, empiezo a tener hipo. —Esto es muy vergonzoso.

—Algo sólo es vergonzoso si te importa lo que piense la gente —Abby sonríe—.

Me tomo tu vergüenza como un cumplido. Pero también debo explicarte que el año pasado tuve más de una crisis nerviosa.

Si hay algo que puede hacer más probable ese tipo de cosas, son las situaciones de alto riesgo y los cambios en tu rutina.

Entre tu contrato con Lolo y el desplazarte a un rancho ganadero, diría que has tenido mucho de ambas cosas este último tiempo.

—Lo dice la mujer que perdió a su marido más recientemente, que trabaja el máximo de horas y tiene más hijos que yo.

Abigail patea una silla, deslizándola casi medio metro hacia mí. Su tono amable, dulce y ligero desaparece. —Siéntate.

Obedezco sin pensar.

—Ahora escúchame —Toda su expresión ha cambiado—.

Definitivamente, te he escuchado lo suficiente en las últimas semanas para saber que eres una madre excelente, que te esfuerzas en tu trabajo y que estás sometida a un gran estrés.

Eres una mujer brillante, pero te preocupas demasiado por que las cosas parezcan perfectas.

Necesitas preocuparte más por el estado real de las cosas.

Y tienes que dejar, y me refiero a inmediatamente dejar de comparar todo en tu vida con la vida de la gente que te rodea.

Creo que es un peligro de las redes sociales en general, pero cuando se trata de tu trabajo, imagino que las comparaciones cobran vida propia.

Tanto mirar a tu alrededor y juzgar no te ayuda —Levanta la mano, con dos dedos levantados—.

Criar dos hijos puede ser tan o más difícil que tres, dependiendo del momento de su vida y de la tuya, de las personalidades implicadas y del tipo de madre que seas.

Como madres solteras, no vale la pena criticarse mutuamente, y no tiene sentido intentar averiguar quién tiene la vida más difícil.

Abro la boca, pero ella continúa.

—Nunca sientas que no tienes derecho a quejarte o a que algo te cueste porque otra persona pueda haber lidiado con «más» .

Toda su perorata es perfecta, y sólo me hace sollozar más fuerte.