18. Amanda
AMANDA
P ensé que las cosas serían más sencillas, más fáciles, una vez que regresaran los muchachos del rancho. Al parecer, me equivocaba.
—Es que, literalmente, es mejor cosechar el heno cuando el sol brilla —dice Abby.
—Nunca he entendido esa frase —digo.
—Cultivamos dos tipos de heno —dice Ethan—.
La alfalfa, que tiene un mayor contenido de proteínas y es buena para vacas y caballos; es la que tiene las flores moradas.
Seguro que la has visto. Podemos cultivarla y enfardarla dos veces cada verano, si cortamos la primera ahora mismo.
Sólo la segunda es verdaderamente buena para los caballos: es menos rica.
—¿Los caballos no pueden comer alfalfa rica?
—Por lo visto, les da una diarrea terrible. Las vacas comerán esta primera ronda más tarde, y guardaremos la segunda para los caballos más quisquillosos.
—¿Sólo uno o dos campos hay que cosechar? —pregunto.
—¿De alfalfa? Sí, sólo cuatro de dieciocho prados.
Pero algunos de los campos de heno de hierba común que recibieron más agua ya están listos para ser cortados.
Deben cortarse cuando están secos y luego dejarlos secar unos días antes de poder enfardarlos.
El pronóstico dice que tenemos por delante al menos cuatro días secos más, por eso estamos cosechando heno.
—Mientras brille el sol —dice Abby—. ¿Lo ves?
—Pero ¿por qué? —pregunto—. ¿Por qué no puedes cortarlo y liarlo al mismo tiempo?
—Creo que se podría generar moho —dice Abby—. Y eso puede enfermar a las vacas, y puede matar a los caballos. No pueden vomitar, así que tienen algo llamado cólico equino, que es, básicamente, como si su estómago explotara.
Ojalá no hubiera preguntado.
—Pero seguro que Kevin y Jeff…
—Harían lo que pudieran si no estuviéramos aquí —dice Abby—. Pero ya que estamos, vamos a intentar aprender qué hacer.
Es como si el trabajo, literalmente, no acabara nunca.
Estuve todo el día preocupada cuando fueron a ver cómo estaban las vacas – que al parecer les costó un poco encontrar – y luego se perdieron en el camino de vuelta.
Incluso Abby parecía un poco disgustada por no haber pedido ayuda a Steve.
Y con los animales, la lluvia dificultó las cosas.
Luego, en cuanto dejó de llover y Jeff y Kevin volvieron, todos tuvieron que marcharse durante largos ratos para cortar heno, luego enfardarlo, y luego cubrirlo.
No entiendo por qué alguien querría dirigir un rancho.
Por otra parte, gano mi dinero creando fotos que destacan productos que la gente podría querer comprar. Así que el trabajo manual relacionado con los animales no es exactamente lo mío.
—Bueno, al menos hay una gran posibilidad de que las cosas se ensucien terriblemente, ¿no?
—¿Cuentan las manchas de hierba? —pregunta Ethan—. Porque, de ser así, probablemente podría traer algunas impresionantes.
Compruebo la etiqueta del tratamiento quitamanchas Tide.
—¡Sí! Aquí lo dice. Así que, cuando llegues a casa, sobre todo si tienes alguna realmente sorprendente, espera —Debería llevarse alguna de las cosas de Lololime que Heather envió para Eddy.
Dudo que me atreva a pedirle que se las ponga, ya que ni siquiera sabe todavía cuál es mi trabajo.
Ethan es guapo. Creo que podría funcionar.
Me meto en mi habitación y vuelvo con dos camisas y un par de pantalones caqui.
—¿Qué es eso? —Frunce el ceño.
—Si te pones esto…
Ethan se ríe. —No voy a ir a la iglesia ni a trabajar en una oficina. Voy a estar trabajando todo el día en el campo.
Me pongo una mano en la cadera. —Escucha. No te voy a hacer pagar por esto, así que deja de quejarte —Se los doy.
—Son grandes —dice—. En realidad no…
—Ve a ponértelas.
Ethan se echa las manos a la cabeza, pero coge la ropa y desaparece.
A pesar de todos sus lloriqueos, cuando vuelve no tiene tan mal aspecto.
Y con botas y sombrero, incluso parecerá adecuado para su tarea, aunque un poco más formal de lo necesario.
—¿Para quién se supone que son? —Enarca una ceja—.
Para alguien un poco más grande que yo… —sus ojos se abren de par en par—. ¿El Dr. Dutton?
Miro a mi alrededor para ver si alguien más está prestando atención y, por suerte, no lo parece. —Cierra el pico, Ethan Brooks.
—Oh, ¿ahora es un secreto? Porque bien que aparece en toda tu cuenta de insta. Me sorprende que haya tardado tanto en darme cuenta. Debe de ser el sol. Me está friendo el cerebro.
—Por eso lo envió Heather, pero…
—¿No crees que se decepcionará cuando sea yo quien lo lleve puesto en su lugar ?
—No, no lo creo. Eres muy guapo, y a las chicas también les encantará verte.
—Creo que les interesa más oír y ver la excitante vida amorosa de otra persona que ver a un chico guapo —Se encoge de hombros—. Lo cual es una pena para mí —Vuelve su sonrisa arrogante y me pregunto si tiene razón.
—No es que me importe —dice—. La ropa gratis es ropa gratis, pero creo que deberías decirle al Dr. de Perros Soñado lo que necesitas y darle a la gente lo que quiere.
—¿Doctor de Perros Soñado?
Ethan se encoge de hombros. —En algún programa llamaban a la gente «Dr. Mac Humeante» y «Dr. Soñado» y todo tipo de cosas. Este tipo no es médico, pero es médico de perros, ¿no?
—Los veterinarios son, sin duda, médicos.
Abby ha vuelto a entrar en la habitación, con vaqueros y camiseta. —¿Estamos hablando de Dutton? Porque creo que le gustas.
No quiero hablar más de esto. —Sois los dos unos ridículos.
Ethan mete unas cuantas cosas en una bolsa y se dirige a la puerta.
—Ya voy —dice Abby—. Tengo que enviar un correo electrónico.
Ethan asiente y se va.
—Hola, «correo electrónico» —dice Abby.
—Espera, ¿me estás llamando «correo electrónico» a mí? —Pongo los ojos en blanco—. Puedes irte. No necesito…
Se sienta y da unas palmaditas en la mesa frente a la silla de al lado. —Adelante. Siéntate y cuéntame cómo no necesitas al veterinario superatractivo que se muere por la viuda.
—Yo no…
—Pareces exactamente el tipo de persona a la que le gustaría tener una aventura de vaquero divertida —sonríe—. ¡ Yija! Ya puedo ver los hashtags —se inclina hacia mí—. Oh, espera. Ya los he visto.
Bajo la voz. —Lo dice la mujer que efectivamente va a tener una cita con uno.
Abby se queda con la boca abierta y parpadea de un modo muy satisfactorio. —¿Cómo lo sabes?
Me encojo de hombros.
—Amanda Brooks.
—Puede que anoche te oyera hablar por teléfono.
—¿Qué?
—Estabas en la línea de casa, ya que tu móvil todavía no funciona muy bien, a veces, con el wifi, y lo cogí para llamar…
No importa. Y estabas hablando de que Steve iba a estar en el rodeo la mayor parte del día.
Le dijiste: «me gusta verte cabalgar». Solté el auricular como si fuera un hierro candente, pero dos y dos son cuatro.
Ella exhala un fuerte suspiro de alivio. —¿Así que los niños no lo saben?
—Creo que podrían darse cuenta —digo—. No puedo creer que la reina del «habla con tus hijos» no se lo haya dicho ya.
—Voy a sentarme y preguntarles al respecto —dice—. Es que no he tenido tiempo.
—No es una democracia. No pueden decidir si dejas que el médico atractivo te invite a salir.
—Si les pone tristes, incómodos o ansiosos…
—Entonces hablarás hasta que se harten, y lo superarán a su propio ritmo.
Si no deja de mirarme de esa manera tan condescendiente, voy a dejar de apoyarla.
—Deberías llamar a Eddy y pedirle que te acompañe a la cena y baile del 4 de julio. He oído que es todo un acontecimiento por esta zona.
—Precisamente por eso no querrá ir. Estoy bastante segura de que es el galán local, lo que probablemente no sea difícil en una ciudad de este tamaño. Me imagino que habrá salido con chicas de tres condados, por lo menos.
—¿A quién le importa? —Abby se encoge de hombros—. No vas a casarte con él.
Está claro que no. —Es verdad.
—Llévatelo, haz unas fotos de muerte, y luego publica alguna de ellas para anunciar que estás saliendo con el típico hombre que está bueno, y luego, cuando rompáis, piensa en las condolencias y en la compasión que recibirás de todos tus seguidores.
A todo el mundo le encanta odiar al tipo atractivo cuando ha roto el corazón de la heroína —Abby se levanta—.
Bueno, ya he llevado a cabo mi buena acción del día.
Ahora toca un poco de trabajo manual. Deséame suerte.
No es que no le desee suerte, pero Abby no parece necesitarla.
Ahora está más morena, más en forma y con más energía que hace unas semanas, y a sus hijos les encanta estar aquí.
Yo, en cambio, hace semanas que no hago ejercicio, una de mis hijas está muy entusiasmada y la otra…
no. Y todavía estoy esperando a saber si todo este tiempo en el campo, que para Maren resulta desgarrador, va a dar sus frutos.
Cuanto más me acerco a principios de julio, más nerviosa me pongo.
He investigado un poco.
Sé que están considerando seis cuentas para sólo dos puestos.
No sé exactamente quién es mi competencia, pero sé que empecé la última, y sé que todos estamos publicando nuestro contenido ahora mismo mientras competimos por el mejor engagement .
He elaborado una lista decente de siete cuentas que podrían ser mi competencia, y dos de ellas son mucho, mucho, mucho más grandes que la mía.
Cuanto más leo sus comentarios, menos creo que tenga alguna posibilidad.
Una de ellas es instructora de yoga. Siempre está hablando de cristales, chakras y chi, y promociona velas y música new age, y un montón de cosas como esterillas de yoga e incienso.
La he visto hacer grandes propagandas de cosas tan distintas como Voltaren para los músculos doloridos y aceites que pretenden arreglarlo todo.
Aparte de un poco de incoherencia, su marca es buena.
Es una mujer de talla grande que promueve una imagen corporal sana, así que ni siquiera puedo esperar que fracase.