El Legado (El Rancho de Birch Creek 1) 12. Amanda
41%

12. Amanda

AMANDA

E l Dr. Dutton no llama. Ni siquiera envía mensajes de texto.

Lo cual está muy bien.

No es que realmente quisiera salir con un veterinario que vive en medio de la nada.

Sólo estoy decepcionada porque la publicación que hice con su foto ha funcionado extraordinariamente bien. Y porque Heather sigue preguntando por él.

—Podría enviarle algunas cosas que podría ponerse —Sugiere por quinta vez—. ¿Quizá una camiseta deportiva? O una mochila. Le vendría bien, dijiste que es veterinario, ¿no?

—Ya te lo he dicho —le digo—. No estamos saliendo. Apenas le conozco. No hay nada entre nosotros. Desde luego, no puedo presentarme en su puerta y entregarle una camisa y un bolso y pedirle que los use para mí.

—Dile que si se los pone te quedarás para ver cómo se los quita.

—Voy a colgar —digo.

—¡Piénsatelo! —Es incansable.

Ojalá pudiera ignorarla: me gustaría dejar de pensar en él, por favor y gracias. Y cada vez que me lo imagino, recuerdo que, aunque coqueteé descaradamente y le lancé mis mejores movimientos, aún no me ha llamado.

Uf.

—¿Amanda? —Abby está subiendo la cuesta hacia mi despacho.

Es tan injusto. Se ha hecho amiga del entrenador de caballos, así que desaparece durante horas, sentada en su porche, probablemente coqueteando.

Mientras tanto, si quiero publicar algo o llamar a mi futura jefa, espero, tengo que subir hasta la cima de una colina estúpidamente alta.

E incluso aquí arriba, por lo visto sigo sin poder disfrutar de paz y tranquilidad.

—¿Sí?

—Oh, menos mal —Se lleva la mano a los ojos—. Estás aquí. Como estabas sentada en el otro extremo, no podía verte desde la casa.

Exactamente lo que pretendía.

—Menos mal que Maren sabía dónde estabas.

Esa pequeña traidora. —¿Qué necesitabas?

Abby se sienta a mi lado y arranca una flor silvestre de lavanda de la maleza que crece cerca de mis pies.

—Son bonitas. Me pregunto qué serán.

—¿Has venido hasta aquí por las flores silvestres?

—Ya veo que estás de mal humor —Deja caer la flor y acaricia la cabeza de Roscoe. El traidor se aleja de mí y se acerca a ella—. Me han contado que te quedarás hasta después del 4 de julio —¿Su voz está tensa? ¿Está enfadada?

—Sí, resulta que a Lololime le gusta mucho el cambio de aires de las publicaciones que estoy haciendo aquí, y quieren que me quede un poco más —No menciono que también quieren que tenga citas.

Aunque, si lo hiciera, podría averiguar qué opina de que coquetee con el entrenador de caballos que no parece decidir si le gusta.

No es ni de lejos tan guapo como Eddy, pero está en los alrededores mucho más seguido.

Además, se ve increíblemente bien en la silla de montar.

—Estupendo —Fuerza una sonrisa que nunca llega a sus ojos—. Bueno, tengo buenas noticias, durante la última semana que estés aquí, tendremos internet. Después de insistirle a todo el mundo de los alrededores, por fin han accedido a venir antes.

—¡Fantástico!

—Sólo cuatro días antes —Refunfuña—. Pero disfruto de cada victoria, por pequeña que sea.

—Como dijeron que vendrían en julio, nos podrían haber puesto al final de su lista. Creo que es una gran victoria.

—También hay malas noticias —Hace una mueca.

¿Y ahora qué?

—Acabo de hablar con Kevin y Jeff. Por lo visto van a ir a una reunión familiar que se celebra una vez cada cinco años, y no tienen forma de librarse. Se alegran de que estemos aquí para que puedan ir.

—¿Eso qué significa?

—Estarán fuera una semana, se irán justo después de que llevemos las vacas a la propiedad forestal, al parecer.

—Eso es terrible —digo.

—Efectivamente. Tenemos que prestar mucha más atención a lo que han estado haciendo para poder hacerlo en su ausencia.

—En realidad no esperas que yo haga nada de eso, ¿verdad?

—No —dice ella—. No lo esperaba, pero pensé que podrías haber cambiado de opinión. Parece que lo haces a menudo —se levanta y se sacude los vaqueros—. Bueno, no te entretengo más. Voy dentro a leer un rato la Biblia con los niños.

—Hay un gran edificio religioso en Manila —le digo—. Podrías ir allí —y liberarnos de tu actitud santurrona y sabelotodo.

—No nos gustan los sermones organizados —dice Abby—. Pero gracias por la sugerencia —Empieza a caminar hacia la casa, lo cual me molesta. ¿Cómo sabe que no tengo nada más que decir?

Me levanto y corro para alcanzarla, casi tropezando con Roscoe, que corre tras de mí obedientemente. —¿Te molesta que nos quedemos más tiempo?

Abigail aprieta sus labios y sus fosas nasales se agitan, pero sólo un instante. —Por supuesto que no.

—¿Segura? —No puedo evitar indagar un poco más.

—Ha sido estupendo para los niños pasar tiempo con tus hijas —se aclara la garganta—. O al menos, con una de ellas.

—¿Qué significa eso?

Ella se encoge de hombros. —Nada.

—Di lo que quieras decir.

Sus brazos se balancean mientras camina aún más deprisa. —Maren no parece muy contenta de estar aquí, y se nota.

—Lo superará. Suele jugar en equipo.

Esta vez, ni siquiera se molesta en ocultar su bufido.

—¿Cuál es tu problema con ella?

—No tengo ningún problema con ella —dice—. Pero está causando problemas a todos mis hijos, y ellos se llevan bien con casi todo el mundo.

—Sí, tus hijos son una delicia increíble.

¿Cómo alguien podría no quererlos? —En realidad me siento un poco mal al decirlo irónicamente, porque sus hijos son bastante buenos.

Ethan es un poco odioso a veces, pero en general tiene buenas intenciones.

E Izzy es capaz y paciente con Whitney, Emery y Gabe.

Hace la comida casi todos los días, y nunca excluye a Emery por no ser de su familia.

—Sé que mis hijos no son perfectos —dice Abigail, resoplando un poco por su rápido paseo y toda esta charla—. Pero han intentado forjar algún tipo de relación con Maren, y han sido rechazados constantemente. En realidad, han sido groseramente rechazados.

—¿Para qué necesitan forjar una relación en primer lugar ?

—Supongo que no lo necesitan —dice—, pero pensé que estaría bien que conocieran a sus primos, ya que todos han pasado por algo bastante parecido.

—A Maren no le gusta el rancho, así que no es que estar aquí la vaya a unir…

Ya casi hemos vuelto a la casa del rancho y Abigail se detiene, girando sobre sus talones para mirarme. —El rancho no, Amanda. Hablo de perder a sus padres.

Oh. —Las mías lo han superado —digo—. Paul murió hace tres años y medio. —Además, para empezar, no era el mejor padre.

La lástima y la condescendencia de la cara de Abigail me dan ganas de abofetearla.

—¿Crees que Maren está bien? ¿Crees que Emery lo está?

Uno no se recupera de perder a su padre en tres años.

Puede que no se recuperen en toda su vida .

No estará allí para amenazar al chico que las lleve en su primera cita.

No estará allí para el baile de graduación, ni para el día de su boda.

No estará ahí para quejarse cuando les molestes, o cuando piensen que has hecho las cosas mal.

—Los tuyos tienen suerte entonces —Cruzo los brazos. Roscoe gimotea y se tumba a mis pies, poniéndose una pata sobre la cara. Ojalá pudiera hacer eso.

—¿Por qué tienen suerte?

—Porque nunca te equivocas —No puedo evitar sonreír.

Ella sonríe a medias. —Dije cuando los niños creen que su madre se ha equivocado, no que ninguna de nosotras estuviera equivocada.

Me río. —Eres todo un abogada.

—Siento haber herido tus sentimientos respecto a Maren. No siempre abordo las cosas de la manera correcta, pero he estado preocupada por ella. Y ahora que te quedas más tiempo, creo que tenemos que hacer algo al respecto.

Toda la tensión que disipé con mi broma vuelve con toda su fuerza. — ¿Tenemos que hacer algo con mi hija ?

—Está siendo terriblemente mala con Gabe, y cuando Whitney lo defiende, también es bastante grosera con ella. No has hecho nada al respecto, así que considera este tu aviso formal de que, si no tomas medidas para frenar su actitud y comportamiento, lo haré yo.

¿Cómo se atreve a criticar no sólo a mi hija, sino también mi forma de criarla? —Ni siquiera lo has presenciado, ¿cómo puedes saber lo que ha hecho?

—Mis hijos me hablan —Ese es un golpe bajo.

—Las mías también me hablan. Yo también estoy aquí para ver qué pasa, a diferencia de ti, que siempre estás fuera, coqueteando con ese domador de caballos por lo que sé.

La mano de Abigail se cierra en un puño y, por un momento, me preocupa que vaya a darme un puñetazo. El color inunda sus mejillas y sus labios se tuercen. —Debe de ser agradable —dice.

Aunque realmente parece una trampa, no puedo evitarlo. —¿Qué debe de ser agradable?

—No tener que hacer ningún trabajo de verdad.

Primero Paul te mantuvo mientras no hacías más que comprar, y ahora publicas unas cuantas fotos a la semana y la gente te paga por ello.

Disculpa si mi trabajo te ha molestado, pero algunos nos vemos obligados a usar el cerebro para ganarnos la vida, y eso conlleva tiempo.

Tiene razón, por supuesto. Y ese es el quid de mi problema con ella.

Ella es una abogada de Harvard… y yo soy una donnadie que depende de la voluble atención de montones de seguidores desconocidos, quienes podrían darse cuenta de que soy un fraude en cualquier momento.

Y, desde luego, no puedo confiar en mi inteligencia.

Dos años de universidad no son ni siquiera un título, y mucho menos unas aptitudes comercializables.