8. Amanda
AMANDA
C uando llegamos por primera vez, me encantó que hubiera gallinas escarbando en el patio delantero. Le dan un toque muy campestre.
Sin embargo, no me entusiasma tanto la caca de gallina que acabo de pisar en nuestro porche. Doy un traspié hacia atrás y tropiezo con el perro. Casi me caigo de culo.
—¿Roscoe? ¿Ese es tu nombre? —Mueve la cabeza, lo que debe de ser una coincidencia—. ¿Puedes mantener a las gallinas fuera de este porche? Sus cacas son asquerosas.
Se sienta e inclina la cabeza.
Señalo las gallinas y juro que sigue mi dedo.
—No gallinas aquí. —Señalo el porche. Parezco una loca. Es imposible que un perro me entienda si le hablo como a un niño pequeño o como a alguien con un español chapurreado. Le acaricio la cabeza. Se apoya en mi mano y le rasco las orejas.
Cuando suena mi teléfono, levanta las orejas. Parece un perro completamente distinto cuando tiene las orejas hacia arriba. De hecho, es muy bonito.
—¿Diga ?
—Buenos días —Milagrosamente, la voz de Heather es clara y nítida a través del altavoz de mi móvil.
—Puede que tengamos un problema —digo—. No veo el paquete por ninguna parte. ¿Estás segura de que aparece como entregado?
—Eso es lo que muestra mi seguimiento —dice Heather—. Es bastante grande. Pesa más de diez kilos. Hoy he enviado otro que debería llegar el viernes. El hecho de que no esté el primero me preocupa.
A mí también, porque quiero terminar mis fotos y largarme de aquí.
—De acuerdo, bueno, hablaré con los del rancho para ver si hay algún otro sitio donde pueda estar.
Heather está diciendo algo, pero su voz está tan distorsionada que lo único que puedo distinguir es:
—…hasta entonces… que tengas… bonito.
¡Ashh! ¿Por qué la cobertura es tan mala? Corto y le envío un mensaje. Tardo tres intentos lograr que se envíe. Anoche tardé casi una hora en publicar la imagen que tomé de la granja. Ni siquiera he podido ver cómo ha ido el engagement .
Cuando doblo la esquina, Emery y Whitney están riéndose mientras juegan con cabritas.
En el barro.
Me alegro de que Em tenga algo de tiempo de primas, pero sus zapatos de diseño están absolutamente estropeados.
Se me ocurren una docena de palabras, pero ahora no puedo cambiar las cosas. Y los zapatos me han salido gratis, ya que son de una marca con la que trabajo. Me obligo a inspirar y espirar, y entonces se me ocurre una idea. ¿No es por esto por lo que estoy aquí?
Tomo media docena de fotos de las chicas antes de que se den cuenta de que estoy allí.
—¡Eh, mamá! ¡Mira esta! Kevin y Jeff dijeron que sólo la mamá tiene nombre – Bonkers, que no parece muy bonito – , ¡pero lo mejor es que eso significa que podemos ponerle nombre al resto!
Si no me hubiera calmado ya, esto me habría ayudado. Emery rara vez parece verdaderamente feliz. —Genial. ¿Cómo has llamado a la pequeña marrón chocolate?
—Le puse Hershey —dice Emery.
Un nombre perfecto, en realidad. Esperaba algo peor, como pepitas de chocolate o brownie.
—Esta es Spot; yo le puse el nombre —Whitney señala al bebé blanco con una gran mancha marrón sobre el ojo izquierdo. Ambas tienen las orejas caídas y cara de bobas. No soy una persona a la que le gusten los animales ni el barro, pero no puedo evitar sonreír.
—Hice unas fotos muy bonitas —digo.
Emery baja inmediatamente la mirada hacia sus zapatillas Gucci Screener.
—Eh, sobre los zapatos, voy a limpiarlos, lo prometo.
No hay jabón suficiente en el mundo para arreglarlas, pero no me molesto en decirlo. —Seguro que sí —digo—. Ahora, ¿dónde estaba el sitio que los chicos dijeron que tenía buena señal?
Apuntan a una colina que parece estar a casi un kilómetro de distancia. No consigo reprimir mi gemido.
—Puedo llevarte en coche —Jeff sale del granero rojo en un todoterreno de dos plazas que tiene una gran cama en la parte trasera. Lo detiene cerca de la entrada y descarga una pala grande y otras cosas embarradas.
Espero que el asiento esté más limpio que el resto.
—Sería estupendo, gracias —Empiezo a caminar hacia él, Roscoe trota a mi lado, pero llega a mi lado antes de que haya ido muy lejos.
—Siento lo de internet —dice Jeff—. Sé que el resto del mundo lo necesita. A Jed nunca le preocuparon esas cosas —da una palmada en el asiento.
Cuando me subo a su lado, Roscoe salta a la cama de atrás, ahora vacía, y se tumba.
—Vaya —dice Jeff—. Eso es nuevo.
—¿No puede subirse ahí? —Me doy la vuelta y sacudo la cabeza—. No, no.
Roscoe sale de un salto, pero parece triste.
—Me siento mal.
—Oh, puede ir detrás —dice Jeff—. Siempre iba detrás de Jed.
—¿Ah, sí?
—Desde que murió, no ha salido del porche, salvo para comer un bocado o dos de comida y beber un poco de agua.
—¿Esto está bien, entonces? —Vuelvo a acariciar la cama vacía—. Aquí, chico. Ven.
Roscoe vuelve a saltar.
—Está muy bien —dice Jeff—. Creo que le gustas de verdad.
Nunca le caigo bien a las mascotas. O quizá es que no me gustan mucho y ellas lo notan. —Qué raro.
—Bastante —Jeff se vuelve para acariciar la cabeza de Roscoe y este se aparta de él.
—¿Es agresivo?
Jeff sacude la cabeza. —Sólo con cosas que podrían atacar a las gallinas. Mofetas, comadrejas, mapaches. Ese tipo de cosas.
Ah. —Oh, casi lo olvido. Se suponía que habían traído un paquete para mí. El rastreo indica que llegó.
—¿No lo viste en el porche? —Jeff frunce el ceño—. Ahí es donde suelen dejarse los paquetes.
Sacudo la cabeza. —Nada más que un banco mecedor y caca de gallina.
Se ríe. —Nunca faltan cacas de gallina. Asegúrate de que las niñas no les den de comer en el porche o cerca de él porque será mucho peor .
Definitivamente les advertiré de ello. —¿Tenemos que dar de comer a las gallinas? —Ni siquiera había pensado en ello.
—Kevin y yo lo hacemos casi todo —dice—. Pero me aseguraré de enseñarte cómo les damos comida y agua. También cogemos muchos más huevos de los que podemos comer los dos. Si tus hijas quieren participar más, quizá les guste recogerlos.
¿Huevos frescos? Ahí podría haber una oportunidad para una foto, siempre que pueda mantener la caca fuera de ella. —Me gustaría. Gracias.
—Sobre el paquete —Suspira—. Es posible que acabara en otra casa. A veces, la señora de correos no ve muy bien. Te llamas Amanda, ¿verdad?
Asiento con la cabeza.
—La mujer que vive calle arriba, en lo alto de la colina, se llama Amanda Saddler. Puede que Pauline sólo viera el nombre de Amanda y no prestara atención a los números.
Maravilloso. —¿Cómo podría recuperarlo, si me lo entregaron mal?
Jeff ladea la cabeza, dudando claramente de mi inteligencia.
—Sólo tienes que ir y llamar a su puerta.
Claramente.
—Llegamos —señala—. Estaré sacando ramas en el prado de más allá, pero si sigues aquí cuando vuelva, estaré encantado de recogerte.
¿Sacando ramas? Ni siquiera pregunto. —Gracias.
—Tu sobrino Ethan es muy trabajador. Parece muy ilusionado de estar aquí. Espero que tus hijas se diviertan la mitad que él.
Yo también lo espero.
En cuanto me bajo, Roscoe también lo hace, con la lengua fuera.
—Supongo que se quedará aquí conmigo .
—Qué cosa más rara —dice Jeff.
En cuanto su carrito se aleja, saco el móvil.
Antes incluso de permitirme mirar las últimas publicaciones que he hecho, edito y subo la foto de Em con la cabra.
Pongo los hashtags #ComprarParaUsar, #NiñaVaquera, #VidaDeCampo, #Cabras y #CabraBebé, junto con #Gucci y #GucciScreeners.
Ahora mismo no les debo ningún post, pero espero que genere algo de atención de todos modos.
Ser multidimensional es agotador.
Después de sentarme, me permito ver cómo va la publicación con la granja.
Más de 100.000 me gusta y más de mil comentarios. Eso es genial, incluso para mí. Quizá Heather tenía razón. Quizá necesitaba mover un poco las cosas. Repaso y respondo a los comentarios con más interacción, o a los que hicieron instagramers que conozco.
Muchos preguntan cuánto tiempo estaremos aquí, por qué y dónde.
Muchos otros están comentando que esto es emocionante y nuevo para mí.
Esos son los que espero que Heather esté notando.
Me paso la siguiente hora respondiendo a mensajes de texto y contestando correos electrónicos, con Roscoe acurrucado a mi lado.
Zoey me llama justo cuando estoy casi lista para iniciar el camino de vuelta. ¿Por qué está todo tan alejado?
—¡Eh, chica! ¿Estás viva?
—Todo indica lo contrario —digo—. ¿Cuánto tiempo ibas a darme antes de llamar a la policía?
Zoey se ríe. —Menos de dos horas más. ¿Qué demonios está pasando? ¿Por qué tienes el teléfono apagado?
—No está apagado —digo—. Estoy en el quinto pino. La cobertura de móvil es pésima y no hay internet.
—Debo de haberte entendido mal. Me ha parecido escuchar que no hay internet.
—Es precioso, igual .
—He visto tu publicación con la cabra. Supongo que a algunas personas les parecerá bonito.
—Los animales no, Z. Las montañas. El gran cielo azul. Los pinos y los pájaros y el aire fresco. —Al menos, aquí arriba, es fresco. Cuando subíamos en coche a la cima de esta colina, sentí un fuerte olor a vacas.
—Bueno, sí, pero puedo ver fotos de todo eso.
No es lo mismo que sentirlo o verlo en una panorámica de 360 grados, pero no me molesto en explicárselo. Pensará que me he vuelto loca. —Es sólo por una semana.
—Ya veremos —dice.
—¿Qué significa eso?
—Si las publicaciones que subes siguen teniendo éxito, ¿crees que Lololime te va a dar la bienvenida a Nueva York con un desfile?
—¿Qué significa eso?
—Mira tu insta, tonta.
La pongo en altavoz y lo compruebo. El post de la cabra está a tope, y cuando saco mis datos de engagement , son cinco veces más de lo habitual. ¿Qué está pasando? —¿Por qué a la gente le gusta tanto la cabra?
—No estoy segura de que sea la cabra. Creo que es porque la foto es muy diferente a lo que suele verse en la línea infantil de Gucci.