El legado del alarife Chapter 60
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Chapter 60

Aquella noche apenas pudo dormir. Estuvo inquieto, aunque trató de no moverse y permaneció abrazado a su esposa, hasta que las claras del día le permitieron identificar objetos; entonces saltó del lecho para orar con devoción, le pidió al Magnánimo que bendijera a su familia, y se preparó para ir con Alí a La Mellah.

Salieron temprano y al entrar en la judería, se asombró de lo singular que era aquel barrio: una calle principal, y sinfín de callejones angostos limitados por casas de dos plantas, que apenas contaban con siete u ocho varas de fachada cada una.

Los edificios se apiñaban produciendo una agobiante sensación de asfixia, parecía como si se estuvieran empujando los unos a los otros; claramente el hacinamiento allí no era un problema menor, sino una realidad palmaria que resultaba imposible obviar.

Conducido por Alí se dirigieron a la sinagoga.

El día anterior había dado tantas vueltas, que ya todo le resultaba familiar y se movía con paso seguro.

Se paró ante la puerta, llamó, y le abrió un batlan cubierto por un bonete del que escapaban sus característicos tirabuzones.

No hizo falta que les preguntara nada, porque enseguida reconoció a Alí, y les condujo hasta la estancia donde se hallaba Abraham.

Kamal se sorprendió al ver el aspecto del rabino.

No era alto y enjuto como Isaac, sino de corta estatura, rechoncho, y con un rostro tan redondo que recordaba a una gran luna llena.

Aparte de por sus ropas, en lo único que se notaba su ascendencia judía era por su prominente y acaballada nariz, que sobresalía como un empinado montículo en medio de aquel remedo de torta blanda que parecía tener por cara; pero por lo demás, apenas si se le podían apreciar los ojos, de incrustados que los tenía sobre sus abombados mofletes.

Tenía unos labios muy finos, tanto que parecía que la boca se la habían abierto de un tajo de alfanje y, a pesar de ello, su aspecto era agradable porque algo en sus movimientos que le revestían de una gran dignidad, y predisponía a tratarle con respeto.

Alí hizo las presentaciones:

—Rabino, este es mi señor, Kamal ibn Fadil. Es uno de los árabes más respetados de todo el islam, y un gran amigo de Isaac ben Tanta.

Abraham le dirigió una cordial sonrisa, y sus redondas mejillas se expandieron hacia los lados, dándole su rostro un aspecto apaisado. Dijo a media voz:

—Isaac me dice en su carta que os debe la vida. Me congratulo de ello, porque en caso contrario ambos habríamos perdido un gran amigo, y el mundo se habría visto privado de un hombre extraordinario y un magnífico médico.

—Cierto, rabino. Pocos hombres he conocido que reúnan tantas cualidades como Isaac.

Se dedicaron a ponderar las habilidades profesionales y las virtudes del médico hasta que, pasado un rato, Alí consideró que había llegado el momento de abordar la cuestión del préstamo. Les interrumpió disculpándose, y mirando a Kamal con expresión compungida, dijo humildemente:

—Perdonadme, mi señor. Sé que en cien vidas que viviésemos, no habría tiempo suficiente para hacerle justicia a los méritos de vuestro amigo, pero el tiempo apremia, y hemos de resolver el asunto que nos trae hasta aquí.

Recordad que ya tenéis señalados otros compromisos, y que aún nos quedan varias gestiones por hacer antes de abordarlos.

Kamal se quedó admirado. No solo había conseguido reconducir la conversación, sino que lo había hecho con la cortesía precisa para que Abraham no se sintiera ofendido. Asintió, y se dirigió al rabino:

—Me ha dicho mi secretario que deseabais hablar conmigo.

Antes de que digáis nada, permitidme puntualizar que entiendo vuestras reticencias a recomendar el préstamo, sin que previamente sepáis el destino que pienso darle al dinero.

Como sabéis, me unen a Isaac fuertes lazos de amistad, pero también entiendo que nuestra relación no os resulte garantía suficiente, pues sé lo duro que os debió resultaros buscar un nuevo acomodo para vuestro pueblo, después de sufrir la injusta y perentoria expulsión de Al-Ándalus.

Pero creedme si os digo que, si bien es cierto que necesito el préstamo con urgencia, no os lo pediría a costa de poner a vuestro pueblo en peligro.

Por ello he pensado en ofreceros una garantía que espero que os satisfaga.

Se puso serio y miró al fondo de sus ojos para evitar desconfianzas, hasta que Abraham preguntó:

—Os escucho con verdadero interés.

— ¿ Qué os parecería si en lugar de a mí , tuvierais que entregar mi copia del documento de crédito a Isaac?

Para eso y aunque sea yo quién retire y os reintegre el dinero, él será quien figure como prestatario en el contrato, y yo me limitaré a figurar como un simple fiador de la operación.

Sé que en su carta se ofrecía para garantizarme en la forma en que vos o los banqueros estimarais oportuno, pues su confianza en mí es absoluta —hizo una pausa—.

Yo, por mi parte, solo puedo decir que para mí no hay persona que me inspire mayor garantía que Isaac, y para vos me imagino que tampoco.

Mantendríamos que en secreto la auténtica condición de los intervinientes en el préstamo y, sin merma de su ejecutividad, conservaríamos esa redacción de la escritura sin modificarla, el tiempo que vos consideréis oportuno para salvaguardar la tranquilidad de vuestros hermanos.

Abraham sonrió satisfecho.

—Creedme, no era por desconfianza hacia vos.

Estar recomendado por Isaac, ya es de por sí una inmejorable garantía.

Pero mi obligación es prevenir cualquier imponderable que, en vuestro caso, estoy seguro que no sería intencionado —cruzó los gordezuelos dedos sobre su abultado vientre—.

Me parece bien la propuesta, ¿qué cantidad precisaríais?

—Dos mil doblas de oro.

—Muchas son. Tengo que hablarlo con los banqueros, y no podré contestaros hasta esta tarde.

—Como vos digáis. ¿Os parecería bien que mi secretario venga por la respuesta al atardecer?

—Sería al momento más adecuado.

Se despidieron afectuosamente y abandonaron la sinagoga. Alí iba exultante, todo había salido a pedir de boca y como siempre que estaba contento, sus pies se volvieron ligeros y no tardaron en abandonar La Mellah.

Al llegar a casa de Yusuf, se empeñó en que Kamal se reuniera con su familia mientras él hacía los cálculos.

Sacó su ábaco y pasó lo que restaba de mañana haciendo simulaciones, para prever a cuánto podrían ascender las cuotas de devolución.

Esperaba que los banqueros, gracias al hecho de que el que aparecía como prestatario era Isaac, no pidieran un interés excesivo, y fueran generosos con los plazos de devolución.

Cuando Abdul le avisó para la comida, ya había calculado todos los supuestos imaginables.

Se sentaron a la mesa y Yusuf no paraba de hablar, estaba tan nervioso que, a pesar de que intentaron tranquilizarle comentando lo inapelable que eran los designios de Allah, no consiguieron gran cosa. Kamal tuvo que insistir:

—Tío, yo también deseo que todo salga bien, pero si la voluntad del Omnipotente es que sea otro Elegido el que haga realidad sus designios, quiero que sepas que he dado instrucciones a Alí para que huya con Fátima y con mi hijo.

Espero de tu piedad que, si tal hecho ocurre, respetes mi decisión, les facilites una cobertura para que puedan viajar bajo tu amparo, y les proporciones los medios para que puedan salir de Fez con seguridad.

—No concibo que tal cosa pudiera ocurrir.

—Y no digo que vaya a suceder. Pero no es la primera vez que mi estirpe lo intentan, y por imponderables o traiciones no lo consiguen.

Yusuf se quedó desconcertado y preguntó:

—Desconfías de alguien.

—No, como tampoco lo hicieron mis ancestros.

Tío, debes dar a mis palabras su justo valor, pues nada ocurre sino es por voluntad del Todopoderoso, y solo en sus manos está la victoria.

No obstante, prométeme que si fracasamos facilitarás las cosas para que Alí pueda huir con mi familia, y vivir dignamente en algún lugar seguro.

—Empeño en ello, no solo mi palabra, también mis aspiraciones de morar eternamente en el Paraíso. Puedes estar tranquilo, que así se hará.

Alí, que había permanecido silencioso hasta ese momento, decidió justificar su ausencia durante aquella tarde. Se dirigió a su amigo, y dijo en un tono casi indiferente:

—Kamal, se ha agotado el papel, sería conveniente que me acercara a La Mellah a comprar una resma.

El que venden allí es de mejor calidad que el del zoco y, ante los importantes acontecimientos que se avecinan, supongo que tendrás que transmitir muchas órdenes.

Hay que procurar que vayan escritas en un soporte digno, porque en el futuro serán veneradas por los creyentes como importantes reliquias.

— ¡ Buena idea ! —precisó el tío de Fátima—. Hay que todos cuidar los detalles, ya que los próximos acontecimientos serán de una gran transcendencia histórica. Algún día, esos papeles se reverenciarán como lo que realmente son: el principio del reino de Allah en el orbe.

Kamal asintió, y Alí no volvió a despegar los labios hasta que finalizó la comida.

La charla continuó con las especulaciones de Yusuf sobre la reunión que había convocado para la tarde y, poco a poco, la ingesta de alimentos consiguió lo que no habían logrado ellos con sus palabras: el anciano se tranquilizó hasta caer en la somnolencia.