Chapter 58
Al llegar al jardín, se quedó mirando la escena conmovido: Fátima mecía al niño con la mirada absorta en su carita, mientras canturreaba muy quedo una cancioncilla improvisada que le recordó al estribillo de un zéjel:
« Duerme mi niño.
Duerme risueño.
Que el ángel Gabriel,
vela tu sueño.
Tú no te asustes,
no pasa nada,
eso que oyes,
es el batir de sus alas »
No era la clásica canción de cuna de letra amenazadora, era una nana dulce y hermosa, y no se atrevió a interrumpir un momento tan mágico. Fátima la repetía una y otra vez, hasta que por fin sintió la mirada de Kamal sobre ella y alzó la vista.
—El niño está dormido —susurró.
—No lo despiertes, yo me acerco.
Se sentó a su lado y bajando la voz, comentó:
—Fátima, el momento se acerca y debo darte algunas instrucciones —le dirigió una larga y melancólica mirada—.
Si por voluntad de Allah la conjura no saliera bien, quiero que abandones inmediatamente la ciudad con Karim.
Alí os protegerá, sabes que para mí es como un hermano, y he decidido confiarle vuestra seguridad y vuestro sustento.
Dile a tu esclava que prepare el equipaje y si en algún momento Alí te lo pide, poneos en camino sin más demora.
No me esperéis, no le digas a nadie dónde os dirigís, y no vuelvas a contactar con alguien conocido.
— ¿ Ni siquiera con mis padres ?
—Con ellos, tampoco. Dile a Yusuf que los escriba para tranquilizarlos, y que les informe de que habéis conseguido huir y os encontráis a salvo. Pero por tu seguridad y la de nuestro hijo, nadie debe saber vuestro paradero.
Dejó de mecer al niño y se quedó en suspenso.
Kamal vio que sus ojos se llenaban de lágrimas que empezaban a resbalar lentamente por las mejillas, pero no descompuso el gesto.
Permaneció quieta, mirándolo a los ojos sin articular palabra, y con la pena pugnando por escapar de su pecho.
Él sintió que se le retorcían las entrañas, y quiso darle una explicación que la consolara:
—No creas que te pido que dejes de relacionarte con tus padres por desconfianza, sé que puedo confiar plenamente en ellos.
Pero nada quita que tus cartas o las suyas sean interceptadas, y llegue a oídos de nuestros enemigos el lugar donde os ocultáis.
Mi linaje ha sufrido demasiadas traiciones, y no hay razón para pensar que la persecución vaya a cesar en estos momentos.
Si Aixa llega a enterarse de vuestro paradero, sé que enviará sicarios para mataros.
No, esposa mía, debemos proteger la vida de nuestro hijo a cualquier precio.
Asintió, y volvió a mecer al niño al compás de la cancioncilla que canturreaba .
Kamal permaneció a su lado. Solo su voz cadenciosa rompía el silencio, hasta que apareció la esclava con una jarra de agua de rosas y enmudeció.
Les preguntó si querían comer algo, pero el momento era demasiado duro para sentir apetito, y la muchacha se retiró discretamente; en cuando lo hizo, Kamal le pidió:
—Me gustaría sostener al niño entre mis brazos. No sé si me quedarán muchas más ocasiones para hacerlo, pero ahora que puedo, deseo sentirlo cerca de mi corazón.
Con mucho cuidado le pasó al pequeño, y en cuanto lo tuvo en sus brazos notó que la emoción le desbordaba.
Se encomendó al Magnánimo, y le pidió que le concediera tiempo para educarlo; le enseñaría el Corán y la Sharía, a leer, a escribir, a cazar, a manejar el alfanje, y todo aquello que le había enseñado Fadil con tanto amor.
Ahora, con aquel cuerpecito pegado a su pecho, entendía lo que sentía su padre cuando agradecía a Allah que les hubiera permitido criarle.
Él daría lo que fuera por gozar de ese privilegio, pero sabía que su destino estaba en las manos de Todopoderoso, y que a él solo le correspondía acatar su voluntad.
Instintivamente le apretó un poco más y el niño se despertó. Lloriqueó un poco, hasta que apareció la nodriza para llevárselo y se quedaron solos.
—Fátima, ¿entiendes por qué te pido que, si mis planes se malogran, huyas bajo la protección de Alí?
—Sí, perdóname si antes te he dado una impresión equivocada.
Sé que lo dices pensando en nuestra seguridad, y ten por seguro que seguiré tus instrucciones sin desviarme del camino —suspiró—.
Que sienta pena al pensar que quizás no vuelvas o que nunca más podré comunicarme con mis padres, solo significa que os amo mucho, no que sea incapaz de comprender la trascendencia de lo que me pides.
Has de saber que yo habría tomado esa misma decisión, aunque tú no me lo hubieras pedido.
Para mí tampoco existe nada más importante que la seguridad de nuestro hijo.
Kamal sonrió satisfecho y un poco avergonzado.
No tenía que haber dudado de Fátima, después de las veces que había demostrado ser una mujer juiciosa.
Se quedó embelesado mirándola. ¡Qué bella estaba!
La maternidad le había dado un halo de dulzura que la hacía irresistible a sus ojos.
Si iba a morir, lo que más sentía era perder a Fátima y a su hijo.
Se acordó de los versos de El Collar de la Paloma y le preguntó:
— ¿ Te gustaría que te leyera un poema ?
No le dio tiempo a contestar, porque en ese instante apareció su esclava y dijo:
—Mi señor, acaba de llegar Alí, vuestro secretario, e insiste en que precisa hablar urgentemente con vos. Dice que os espera en la estancia de trabajo.
Fátima se anticipó.
—Ve con él, seguro que trae la respuesta que tanto ansías. No te preocupes, ya me leerás el poema en otro momento, que ambos sabemos que las noticias que esperas, son demasiado importantes para posponerlas.
Se levantó para reunirse con Alí, pero en el último momento no lo pudo evitar, volvió sobre sus pasos y le dio un largo beso.