Chapter 57
En cuanto entró en la estancia, Taher se postró ante Kamal muy apurado; estaba pesaroso de ser portador de tan malas noticias, y con un hilo de voz dijo humildemente:
—Perdonadme que os distraiga de vuestra tarea, mi señor, pero el asunto que me trae es urgente.
—Álzate y cuéntamelo despacio. No dudo que lo será , pues de otra manera no alcanzo a explicarme tanta prisa ni tanta turbación. Yusuf dice que eres un hombre sereno y por tal te tengo, así que sea lo que sea, puedes decírmelo porque te escucho con verdadero interés.
—Acabo de saber que el sultán ha ordenado formar un destacamento de su guardia personal para que vaya a la playa de Cazaza, la que está junto a Melilla, van para recibir con todos los honores a Abu abd Allah y a su familia.
Tienen órdenes de esperar hasta que desembarquen, y escoltarlos hasta aquí en las mejores condiciones de comodidad y seguridad.
Al oír el nombre de sus enemigos, súbitamente Kamal sitió los latidos de su corazón en la sien.
Por un momento se quedó sin aliento, pero no podía perder la compostura delante de Taher y haciendo un esfuerzo supremo, se controló para no mostrar excesivas señales de alarma. Habló lo más despacio que pudo:
—Malas noticias son esas, habrá que adelantar la reunión pendiente a mañana —volvió la mirada hacia el anciano—.
Ahora, amigo mío, tranquilízate. Nada ocurre si no es por la voluntad de Allah, y estoy seguro de que las nuevas que traes, solo son unos imponderables que nos obligan a acelerar nuestros planes, pero que no necesariamente los desbarata. ¿Sabes cuándo van a partir?
—Mañana al amanecer.
—Pues en ese caso, al menos tendremos doce días antes de que lleguen.
Nada saben de mi presencia aquí, y no dudo que serán muchos los sirvientes y los bultos que traigan consigo.
Por eso creo que la marcha de la comitiva será lenta, porque no existen razones para que apresuren el paso.
Creo que nos queda tiempo suficiente para preparar y ejecutar lo que nos proponemos, si es que así lo decidimos —se acercó para ponerle la mano en el hombro—.
Gracias Taher, nunca olvidaré tu lealtad.
Avisa a nuestros amigos que la reunión se anticipa a mañana, pues tenemos que tomar decisiones importantes sobre el futuro inmediato.
Se paró, cruzó los brazos y se quedó en silencio, para que el anciano sobreentendiera que la entrevista había terminado. No necesitó decir más porque Taher captó enseguida su significado, se inclinó respetuosamente, y retrocedió hacia la salida acompañado por Yusuf.
Cuando su tío regresó, Kamal le dijo con expresión de reconocimiento:
—Agradezco tus desvelos, tío, pero debo dejarte porque he de concluir mi escrito. Mañana empiezan unos días de gran incertidumbre y por lo que pueda pasar, debo terminar mi trabajo para ponerlo a buen recaudo.
Su tío asintió, y él se giró con la intención de marcharse. Aún no había salido, cuando le oyó decir a su espalda:
— ¿ Está demasiado fría la estancia? Refresca al atardecer, y ahora más que nunca conviene que preserves tu salud. Ordenaré a Abdul que te lleve un brasero con abundantes brasas, eso bastará para templarla .
—Gracias, Yusuf, no está de más ser prudente.
Al sentarse de nuevo ante su escribanía, levantó el papel y releyó lo último que había escrito: « y has de saber » . C ogió la pluma y continuó:
***
…que cuando escribo estas palabras, me dispongo a dar pasos importantes en la dirección prevista.
Mañana, primer día de safar del año 899 de la hégira, determinaré si ha llegado el momento de alzarnos contra los usurpadores.
Y será mañana, porque hasta entonces no sabré si los banqueros judíos me han concedido el préstamo y lo más importante, si las circunstancias son las propicias para alcanzar el triunfo.
Una vez tomada la decisión, no habrá marcha atrás, y sé que si yerro pagaré el fracaso con mi vida.
Pero tú no has de preocuparte, porque os he encontrado a tu madre y a ti el mejor de los protectores.
Alí, mi fiel Alí os sacará de Fez, y os llevará a un lugar seguro donde podréis vivir en paz.
Él se encargará de cuidarte con el mismo afán que lo hubiera hecho yo, y cuando llegue el momento te hablará de mí y del amor que te tenía guardado, te entregará este escrito, y conocerás por mi mano la naturaleza de tu legado.
Hijo mío, deseo que Allah ilumine mis pasos para que al fin se cumpla el destino de nuestra familia.
Pero no creas que mis decisiones están inspiradas por la soberbia, la vanidad o la ambición, pues no anhelo de ostentar la dignidad de califa.
Al contrario, debes saber que mi proceder solo está condicionado por mis obligaciones hacia mi legado, y por la idea de evitarte a ti mayores incertidumbres durante tu vida.
Pero si la voluntad del Altísimo es que no es éste el momento oportuno para que se cumpla la profecía, confío en su magnanimidad para que te proteja de todo mal.
***
En ese instante apareció Abdul portando un brasero, lo colocó cerca de la mesa, y se entretuvo en remover las brasas hasta avivarlas para comprobar que salía bien el calor.
Kamal le estuvo observando, un gesto tan cotidiano le hizo evocar el rostro de su hijo y de Fátima, y se estremeció al pensar en las consecuencias que le podían acarrear sus decisiones: si los planes no salían bien, no volvería a verlos.
Sintió un ansia tremenda de sentirlos cerca y sabiendo que Alí no tardaría en llegar, decidió resumir sus últimos consejos para su hijo, y aprovechar el tiempo que aún quedaba para poder gozar de su compañía.
En cuando Abdul salió, tomó de nuevo la pluma.
***
…Voy a concluir este escrito, porque añoro demasiado vuestra presencia y quiero gozar de ella mientras me sea posible.
Pero una vez más te lo pido: cuida de tu madre, escúchala y sigue las enseñanzas de Alí, porque sus palabras son las mías, aunque salgan de su boca.
Sé que los dos te hablarán de mí, te aconsejarán como yo lo hubiera hecho, y en mi ausencia te darán todo el amor que yo te tengo guardado.
Pero por encima de todo, deberás permanecer fiel a la voluntad del Todopoderoso sin dudas ni vacilaciones.
Este es el legado de nuestra familia, y en ti confío para que se perpetúe .
***
Firmó, sacudió el papel para que se secara, lo guardó, y recogió todo lo más deprisa que pudo; luego llamó a Abdul para que embalara la caja de su escribanía, esperó y cuando vio que terminaba de atar el fardo, se marchó contento a disfrutar de la compañía de los suyos.