El legado del alarife Chapter 56
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Chapter 56

Llevaban varias horas hablando. Alí le había contado que el rey Fernando, tras plantar su campamento cerca de Granada, se dedicó a devastar la vega y ordenó construir una ciudad a la que llamó Santa Fe, cuando accidentalmente se quemó el real que había levantado.

Ese mismo invierno, un capitán cristiano llamado Pérez del Pulgar, entró durante la noche por un lugar cercano a la torre de Bib-Altaubin, llegó a la mezquita, y el muy osado clavó en su puerta un cartel con el Ave María   y la siguiente frase : « Sed testigos de la toma de posesión que realizó en nombre de los reyes, y del compromiso que contraigo de venir a rescatar a la Virgen María, a quien dejo prisionera entre los infieles » .

Al llegar a este punto, le pudo la indignación y exclamó a voz en grito:

— ¡ El muy blasfemo! Y no contento con semejante profanación , antes de huir prendió fuego a la alcaicería . Aquel suceso sublevó los ánimos del pueblo, aunque reconozco que también hundió nuestras escasas esperanzas de que la situación se pudiera revertir, y el cerco terminar bien.

— ¿ Disparó mucho la artillería ?

—Ni un solo cañonazo, no hizo falta. Con cincuenta mil personas dentro de los muros de la ciudad y sin ayuda, el hambre lo hizo todo.

Cuando iba a principiar el otoño, el emir envió a su visir para negociar con los cristianos la rendición.

Sé que hubo muchas reuniones secretas, y lo sé porque de su existencia y contenido acabó por enterarse toda Granada.

Hubo numerosos tumultos y en vista de la situación, el muy traidor decidió anticipar la entrega de la ciudad.

Poco más puedo decirte pues, si no recuerdo mal, fui a verte para ponerte al tanto de esos tristes acontecimiento, y decidiste volver el mismo día que Abu abd Allah y su madre habían partido hacia su señorío.

Se quedó pensativo y añadió:

— ¿ Me permites que te haga una pregunta ?

—Por supuesto.

— ¿ Cómo se te ocurrió entrar aquella misma noche en Dar al-Horra ?

Le contestó con una media sonrisa en los labios:

—No sé si fue inspiración divina o curiosidad, pero sentí el irreprimible deseo de hacerlo.

El mismo día que regresé, al atardecer me acerqué a visitar la obra, llevaba tiempo ausente y quería ver cuánto habías avanzado.

Al llegar, desde la azotea vi que estaban recogiendo a toda prisa, y me quedé esperando hasta que todo quedó en silencio.

—Y sabiendo que había estado habitada, ¿no te dio preocupación pensar que Aixa podía haber dejado gente armada de guardia?

—Reconozco que lo pensé, pero como no oía ni veía nada, y acabé sucumbiendo a la tentación de echar un último vistazo.

Al llegar a la planta baja vi muchos fardos apilados, y el corazón se me disparó al pensar que quizás hubiera más vigilancia de la prevista.

Me moví en silencio tratando de localizar a los guardias, pero solo encontré a un sirviente durmiendo delante del portalón.

Retrocedí para irme por donde había entrado, pero al pasar otra vez por delante de los fardos, vi que habían dejado uno pequeño separado del resto.

Me llamó la atención y lo cogí, estaba demasiado visible para ser algo casual, y pensé que quizás contuviera algo de extraordinario valor que no querían olvidar.

Lo abrí muerto de curiosidad y encontré el testamento, metí el documento entre mis ropas, y los restos del fardo los oculté para que nadie notara que había sido abierto —le dedicó una sonrisa astuta—.

Antes de marcharme coloqué en su lugar otro de un tamaño parecido, con la esperanza de que nadie notara el cambio y una vez que todo estuvo en orden, salí de la casa.

— ¿ Por qué abandonaste Granada tan repentinamente? Ni siquiera te despediste de mí y si conseguí conocer de tu paradero, fue gracias al cadí que, cuando fui a visitarle tras la muerte de Jalila, me lo dijo.

—No lo hice por no perturbarte. Tu esposa estaba embarazada, sabía de tu pena por la pérdida de tu primera hija y pensé que, si lo ignorabas, permanecerías a su lado sin que mi marcha te planteara ningún dilema de lealtades.

— ¿ Qué hiciste después ?

—Cuando conocí la naturaleza de mi legado y comprendí el peligro que corríamos, decidí que lo mejor era que mi esposa y yo permaneciéramos ocultos.

Volvimos a la alquería con Bilal, y allí pasamos unos meses hasta que Fátima quedó encinta.

Entonces supe que no podía seguir eludiendo mi responsabilidad, y regresamos a Granada para que mi esposa pudiera despedirse de su familia.

Mientras permanecíamos hospedados en casa de mis suegros, él escribió a Yusuf para contarle la verdad sobre mi origen, al tiempo que le rogaba que nos acogiera y nos brindara protección frente a mis enemigos.

Poco después su hermano le contestó ofreciéndonos su casa, su vida y sus bienes y, aquí estoy, dispuesto a cumplir mi destino hasta sus últimas consecuencias.

—Los designios de Allah, a veces parecen tortuosos, pero no dudo que, si preservó tu vida y la de tus antecesores hasta tener descendencia, es porque quiere que su voluntad se cumpla.

—No solo ha guardado mi vida, también la tuya porque después de la muerte de Fadil, alguien tiene que ser el protector de mi linaje.

Creo que, si te ha traído hasta aquí, es para que cumplas con ese sagrado deber; por eso te confío la vida de mi esposa y de mi hijo, porque estoy seguro que nunca me defraudarás —oyó pasos en el patio y agudizó el oído, cruzó el dedo sobre sus labios para imponer silencio y susurró—. Debe ser Abdul.

Se pusieron en pie, y a los pocos instantes apareció Abdul en el umbral.

—Perdonadme, mi señor. Todo está preparado, y Yusuf os aguarda para empezar el almuerzo.

—Vamos en seguida.

Recogieron y fueron a su encuentro. Según andaban Kamal le susurró que, en presencia del tío de Fátima, no comentara su intención de visitar a Abraham Vivas.

— ¿ Desconfías de él ?

—No, pero soy prudente. Tiene grandes lazos de amistad con los árabes, y no tengo seguridad en que vaya a ser tan discreto como exigen las circunstancias. Nadie puede hablar de lo que desconoce, y no es necesario que mis relaciones con los judíos lleguen a más oídos de los imprescindibles.

Alí asintió y al entrar en la estancia, encontraron a Yusuf esperándolos. Les sirvieron y en cuanto estuvieron solos, preguntó con impaciencia a Kamal:

—Sobrino, ¿te falta mucho para terminar? Mi amigo Taher me ha dicho que los preparativos están muy avanzados, y desean reunirse contigo para concretar algunos detalles.

—No, Alí me ayuda mucho, y pronto estará concluido. Calculo que, a no más tardar, habré finalizado el escrito en el plazo de una semana.

—En tal caso, les informaré que pronto serán recibidos.

Yusuf se quedó pensativo. Parecía angustiado y apenas probó bocado, lo que le extrañó a Kamal porque era de los que disfrutaban con los placeres de la mesa. Le observó de reojo, seguía ausente y no pudo por menos que preguntar:

—Tío, ¿hay algo que te preocupe?

—He recibido carta de mi hermano, y las noticias no son buenas.

Morayma, la esposa de Abu abd Allah, ha muerto —suspiró—.

Le ha comentado nuestro primo Yahya, que su muerte le ha sumido en una gran tristeza; tanta, que desea alejarse de allí para superar su abatimiento —se encogió de hombros y con una expresión cariacontecida, añadió—.

Por lo que me dice, ha decidido vender sus posesiones para instalarse en la Berbería.

A Kamal se le secó la boca, otra vez con la amenaza nazarí tan cerca.

Porque estaba seguro que Aixa vendría con su hijo y que en cuanto supiera que ellos residían en Fez, mandaría a sus sicarios para asesinarles.

Pero… ¿qué podía hacer para proteger a los suyos, si no conocía otro lugar seguro en el que poder ocultarse?

Sintió una sensación de vértigo que le dejó en suspenso, hasta que se fue rehaciendo y empezó a barajar sus posibilidades: volver a Granada era temerario, ¿qué podría hacer desde allí, si ahora estaba bajo el poder cristiano?

Y por otro lado…, ¿ a dónde podrían ir, si desconocía la existencia de algún pariente vivo ?

Respiró hondo y dejó la mente en blanco, trató de serenarse y una vez que lo consiguió, volvió a evaluar los hechos: acaba de decir su tío que los preparativos de la conspiración estaban muy avanzados.

Quizás pudieran acelerarlos y si conseguía el triunfo antes de la llegada de Abu abd Allah, no tendría de qué preocuparse porque entonces él sería quién ostentara el poder.

La respuesta era sencilla, aunque Yusuf parecía no haberla contemplado, y pensó que quizás existiera alguna otra información de gran transcendencia que él desconocía. Siguió preguntándole:

—Dime, tío. ¿Hay algo más que deba saber?

—No sé si lo sabes, pero desde hace tiempo, Abu abd Allah mantiene una estrecha relación con el sultán.

Al parecer, tu enemigo considera que de toda la Berbería, Fez es el lugar perfecto para dejar sus recuerdos atrás y pasar sus últimos años —bajó la mirada—.

Me ha dicho mi amigo Taher, que le ha escrito una carta al sultán pidiéndole que le acoja, y él le ha contestado que lo recibiría como a un hermano —le miró desolado—.

Supongo que no necesito explicarte más, tú mejor que nadie sabes el peligro que representa su llegada —negó con la cabeza—.

¡No! No nos conviene que se presente en estos momentos.

Sé que su familia persigue a la tuya desde hace años, y ahora que saben que tienes el testamento, lo harán con más inquina si cabe.

Si llegan a enterarse de que resides aquí, correrás un grave peligro y podrían frustrarse nuestros planes.

Kamal reflexionó, definitivamente tenían que anticipar la conjura; pero para tomar esa decisión, necesitaba saber con cuántos recursos contaba. No era cosa de poner en marcha una rebelión, sin tener bien calibradas las posibilidades de obtener la victoria.

Pensó que era el momento y que en cuanto estuviera a solas con Alí, le daría instrucciones para la entrevista con Abraham Vivas.

Quería que le insistiera para que, a la mayor brevedad, el rabino concretara la fecha en la que podrían disponer del importe del préstamo.

El asunto era urgente, porque sin dinero la conspiración carecía de futuro ya que, al menos durante algún tiempo, comprar voluntades era tan importante como contar con armas y tropas para el combate.

Se pasó la mano por la frente para intentar despejarse. Necesitaba saber cuánto faltaba para la llegada de Aixa, pues no iba a desencadenar una revuelta condenada al fracaso. Le preguntó a Yusuf:

— ¿ Sabes cuándo piensan cruzar el estrecho ?

— ¿ Con exactitud?... No creo que lo sepa ni él .

Pero mi hermano me dice en su carta que las negociaciones de venta entre Hernando de Zafra y Sidi Muhammad Moratil, están muy avanzadas.

Sabe por Yahya que los cristianos desean que se marche cuanto antes, y que el Aragonés ha ordenado que esté preparada la flota para que pueda partir en cuanto se cierre el trato —resopló resignado—.

Han pasado varios días desde que me escribió así que, a estas alturas no podría decirte cuanto tiempo tardarán en firmar la compraventa.

Debemos tenerlo todo previsto, porque en cualquier momento veremos aparecer por las puertas de Fez a su comitiva.

Se quedó en silencio sumido en unos pensamientos que le generaban un enorme desasosiego, hasta que finalmente añadió:

—Sobrino, ¿qué debemos hacer? Sabes que los preparativos están en marcha, y que nuestros hermanos ya han contactado con mucha gente de su confianza para comprometerlos.

Nadie sabe cuándo o cómo atacaremos, pero hay demasiadas personas al tanto de que algo grande se prepara, para dejar pasar mucho tiempo sin resolver esa incertidumbre.

—Habrá que acelerar la reunión pendiente, convócala para dentro de tres días. Si me concentro, podré terminar mi escrito en ese plazo.

Siguieron comiendo y no volvieron a sacar el tema. Al terminar, Yusuf se fue a sus quehaceres y ellos a trabajar. En cuanto estuvieron solos, Kamal comentó con Alí:

—Ya has oído a Yusuf. Esta tarde tienes que contactar con el rabino para entregarle la carta, y decirle que necesitamos una respuesta rápida sobre el préstamo.

Sin dinero no hay posibilidades de éxito, ya que comprar apoyos en esta fase de la rebelión, es más efectivo que fiar en la fe de los creyentes.

Alí asintió y se levantó para marcharse, mientras que él se quedaba releyendo el último párrafo escrito. Añadió a continuación:

***

H ijo mío, el momento se acerca más deprisa de lo que había previsto, y sea o no el Elegido de Allah, jamás seré un obstáculo para que se cumpla su voluntad.

Te digo esto porque mi intención era explicarte la naturaleza de nuestro legado, al tiempo que te aconsejaba sobre cómo proceder en determinadas circunstancias, pues eso es lo que debe hacer un buen padre con su hijo.

Desgraciadamente el tiempo apremia, y me veo obligado a abreviar más de lo que quisiera.

Has de saber que el Magnánimo guio mis pasos y cuando Abu abd Allah abandonó Granada, entré en la casa de Aixa y encontré el testamento del Profeta.

Lo cogí, pero no lo robé. Una mala acción nunca compensa otra, y jamás está justificada.

Pero en esa ocasión, al tomarlo solo recuperé lo que era mío por derecho divino, y con la ayuda del cadí supe que era el descendiente del primogénito de los primogénitos de Hasan, el hijo de la bien amada Fátima, la hija del Profeta.

No soy, por tanto, un alauí husayní más, soy el actual Elegido, el heredero espiritual y de sangre del Profeta y el único legitimado para ser califa, al que solo el robo del testamento y su ocultación a los ojos de los creyentes, ha impedido que nuestra condición resplandezca ante la umma.

Esa ignorancia es la razón por la que los musulmanes nos mantenemos desunidos contraviniendo la voluntad del Altísimo, y a mí me corresponde enmendar esa ignominiosa situación. Has de saber que… »

***

Oyó unos pasos acelerados procedentes del patio, y dejó de escribir para fijar la vista en el umbral. A los pocos instantes apareció Yusuf muy sofocado.

—Sobrino, perdona la interrupción, pero ha ocurrido algo importante que conviene que sepas cuanto antes.

Le siguió en silencio hasta donde les aguardaba Taher, que a grandes zancadas recorría la estancia sin poder parar quieto. Tuvo un mal presentimiento, algo grave tenía que ocurrir para que aquel venerable anciano generalmente tan impasible, se encontrara en semejante estado de agitación.