El legado del alarife Chapter 54 #4
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Chapter 54 #4

—No ha pasado tanto tiempo desde que te fuiste, pero créeme, hiciste bien porque ahora sería muy arriesgado que permanecieras allí.

Y no solo por Aixa, también porque la situación está cada día peor para los musulmanes y, aunque el Gran Tendilla sigue de alcaide, Yahya no deja de presionar para obtener un puesto en el gobierno de la ciudad.

Dirás que es imposible, porque se pactó que ni él ni ninguno otro partidario de El Zagal, gobernarían Granada.

Pero la palabra de los cristianos no vale nada, y no me extrañaría que en poco tiempo llegara a conseguirlo.

— ¿ Tan mal andan las cosas ?

—Peor de lo que imaginas. El gobierno de Castilla es aún más abominable que el de los nazaríes, y la arbitrariedad de su rey no conoce límite.

No se rigen por costumbres sensatas como nosotros, sino por la despótica y caprichosa voluntad del maldito Aragonés que solo permanece fiel a sus ambiciones.

Es un hombre taimado y mezquino que solo se preocupa por aumentar su poder.

Ni siquiera sigue con rigor los mandatos de su religión, y si los defiende lo hace solo en la medida que favorecen sus pretensiones.

Habrás oído decir que la reina siempre anda con duda entre las distintas opiniones de los curas.

Pues bien, el rey fomenta esa debilidad mediante mil triquiñuelas, para conseguir que siempre acepte el criterio que a él más le conviene.

— ¿ Y qué es de Aixa?

—Visitó Dar al-Horra después de que abandonaras Granada.

Pero debió pensar que no tenía sentido permanecer allí si te habías ido, y decidió volver al señorío de Abu abd Allah.

Creo que ahora vive en Laujar de Andarax, dedicada a mandar sobre todos y especialmente sobre Morayma, mientras que su amado hijo se entretiene cazando y pecando, como el impío que siempre ha sido y será.

— ¿ Sabes si tras nuestra marcha, el cadí o la familia de Fátima sufrieron represalias ?

—Apenas unas breves molestias, ya que después de la entrega del reino, Aixa perdió a todos sus partidarios.

Además, Yahya vive ahora en Granada y sabes que los odia a muerte, mientras que por el padre de Fátima siente un gran afecto.

Ella nunca se atreverá a atentar contra ningún pariente de los Alnayares, porque sería tanto como firmar su sentencia de muerte.

Le guiñó el ojo en un gesto expresivo, de su opinión sobre la sultana.

—No Kamal, no es una débil mujer sin criterio.

Cierto que cuándo supo que conocías su secreto ordenó tu muerte, pero al no poder dar contigo se resignó porque dadas las circunstancias, nada podía hacer contra ti.

Eso no quita para que, si algún día te pones a su alcance, intente mataros a ti y a tu familia, aunque solo sea para ocultar que la suya está maldita por torcer durante siglos la voluntad de Allah.

Pero, créeme, eso solo ocurrirá si se siente a salvo de la venganza de alguien más poderoso que ella.

— ¿ Cómo supo que fui yo quien robó el testamento ?

—Le fue fácil deducirlo. Al llegar su equipaje a Laujar de Andarax, echó en falta el fardo en el que lo guardaba.

Sé que castigó duramente al sirviente encargado su custodia, hasta que finalmente decidió volver para recuperarlo.

Al llegar a Dar al-Horra, encontró los restos del fardo que escondiste y comprobó que faltaba el testamento, hizo averiguaciones, y supo que el alarife de las obras en la casa contigua a la suya, eras tú.

No necesitó saber más, lanzó a su gente en tu busca, y ofreció una generosa recompensa para quién le diera alguna pista sobre tu paradero.

Durante días te buscaron, pero ya te habías ido y como no hubo quien le diera norte de tu destino, decidió regresar junto a su hijo.

— ¡ Vaya! Parece que al final me veré libre de la persecución de esa pérfida familia .

Le miró asombrado al escuchar ese comentario. Parecía como si no conociera a Aixa, y no hubiera sufrido repetidamente las consecuencias de su inquina. Por eso añadió con énfasis:

—Hermano, no la infravalores. Creo que tu seguridad y la de tu familia, es solo momentánea. Porque si vuestras vidas se vuelven a cruzar lejos de Granada, no dudará en matarte, aunque solo sea por el rencor que siente hacia ti, y para ocultar el vergonzoso proceder de sus ancestros.

—Ya, pero por lo que dices, no sabe que me encuentro en Fez —se quedó pensativo—.

Está mayor para emprender un viaje por el mundo en mi busca, y menos sin la compañía de su hijo que en las actuales circunstancias, dudo que quiera dedicar tiempo y dinero a satisfacer los caprichos de su madre.

No, hermano, mientras que ellos permanezcan en Al-Ándalus, no tengo nada que temer —oyeron la voz de muecín llamando a la oración—.

Acompáñame, vamos a la mezquita y no olvides que, si nos encontramos con los amigos de Yusuf, te presentaré como un buen amigo que me ayudará con la redacción de mi legado.

Salieron, y Alí iba observando la ciudad con ojos de alarife.

Preguntaba a Kamal sobre las construcciones que veían a su paso, y se detenía en cualquier esquina para buscar algunos puntos de referencia con los que poder orientarse.

Desde allí, su amigo le indicaba la dirección que debía tomar para llegar a sitios tan importantes como la universidad, al palacio del sultán, la Mellah, o a tal o cual zoco.

Le observó mientras él le escuchaba atentamente, y por un momento pensó que allí podría superar su pena, porque su cercanía y la importante misión que debía cumplir a su lado, le insuflaban nuevas ganas de vivir.