El legado del alarife Chapter 54
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Chapter 54

Aquella noche, dándole vueltas a tantos recuerdos dolorosos, apenas consiguió dormir. No era el calor, era la conciencia de que, si Granada se perdió, fue por la ambición y el odio que se profesaban entre sí los nazaríes.

Se levantó temprano y se dispuso a continuar.

Releyó lo último que había escrito y decidió que su hijo debía conocer toda la verdad, porque aquellos hechos constituían una importante lección para quién está llamado a emprender una larga lucha, o a desempeñar grandes responsabilidades al frente de la umma.

Tenía un recuerdo algo confuso de los acontecimientos, todo pasó demasiado deprisa y no tuvo tiempo de asimilarlo.

Pero quería que su hijo supiera que fueron los nazaríes los que vendieron el reino y que, si Granada era hoy día cristiana, es porque ellos lo propiciaron con sus actos y omisiones.

Su avaricia mató su futuro y el de la umma , lo que probaba que jamás debieron ser sultanes, y por eso Allah los castigó haciendo que lo perdieran todo.

Por esa misma razón él, Kamal, descendiente directo de la estirpe de Fátima y actual Elegido , debía mantenerse fiel a su legado; porque lo importante en esta vida no es alcanzar las propias ambiciones, sino contribuir a que se cumpla la voluntad del Altísimo. Tomó la pluma y se concentró:

***

Q uiero que sepas, hijo mío, que tras el asedio se precipitaron los acontecimientos.

El Zagal aprobó la capitulación y el rey Fernando, deseoso de acabar cuanto antes con aquella costosa guerra, presionó a Yahya para que oficiara de mediador en la entrega de los restantes territorios orientales del reino.

El wali cumplió la encomienda a la perfección pues, negociando en buenas doblas castellanas con alcaides y próceres, consiguió que también les fueran entregadas sin lucha la ciudad de Almuñécar y su alcazaba, Abla, Abrucena, Fiñana y Calahorra.

Solo puedo decirte que desde que desde que Yahya tomó las riendas de la negociación, los cristianos dejaron de librar batallas y poner asedios, pues ya no tuvieron necesidad de asaltar más fortalezas.

Sus alcaides les dejaban el paso franco y si alguno se oponía, las tropas de Yahya estaban prontas a la lucha en favor de los cristianos, usando todo tipo de ardides, cargas, retiradas y conversiones.

***

Dejó la pluma, no podía evitar que se le saltaran las lágrimas, al recordar aquellos disimulos que percibía como puñaladas en su corazón .

Saber que , si le acogieron tan bien los Alnayares, fue para poder sacar mayores ventajas de la capitulación, le irritaba en lo más profundo de sus entrañas.

Por esa misma razón se indignaba al recordar que Yahya, no solo les abrió las puertas de Baza, sino que también cedió soldados a los cristianos para que pudieran continuar la guerra contra Abu abd Allah, y de esa manera culminar el ignominioso pacto que hizo en su exclusivo provecho.

Suspiró mientras negaba con la cabeza. Aquella historia le hacía hervir la sangre, y respiró con fuerza antes de seguir escribiendo:

***

¿ Te preguntarás, hijo mío, a qué se debió tan sucia traición?

Has de saber que a la más vil de las razones: dineros, bienes, prebendas y reconocimientos.

Un señorío con sus rentas, y ser nombrado caudillo general de los moros de Baza y alcaide de Almería, fue el pobre precio que pidió por vender a sus hermanos, y sin embargo él parecía enormemente satisfecho por haberlo conseguido.

Todavía recuerdo su cara de sorpresa cuando me preguntó si deseaba acompañarlos al real cristiano y bautizarme, y le contesté que prefería marcharme con tu madre a Granada.

Me miró con una desconfianza que me hizo temer por mi vida, pero aceptó mi decisión porque has de saber que, por aquel entonces, yo era muy apreciado entre las gentes de Baza por mi contribución a la defensa.

Así que, tras unos instantes de vacilación me dejó ir, no fuera a ser que mi muerte propiciara algún tipo de levantamiento que destrozara sus ambiciones.

Cuando Yahya, al frente de su familia y de todo un cortejo de servidores, se encaminaron al real cristiano, en el último instante miré el rostro del traidor.

Te aseguro que, aunque trataba de aparentar dignidad y pesadumbre, dejaba traslucir la satisfacción por haber conseguido sus miserables objetivos.

Abandoné Baza con la población que no quiso someterse, pero no me fui a Wadi-Ash, sino que regresé a la alquería donde me esperaba Bilal. Fue una buena decisión, pues días después los castellanos entraron en Purchena y gracias a las gestiones de Yahya, Almería y Wadi-Ash también capitularon.

El Zagal, como compensación a su rendición, recibió un señorío que incluía Andarax, Órgiva, Lecrín y Lanjarón, cuyas rentas ascendían a cuatro millones de maravedíes al año.

Y no solo eso, también veinte mil hermanos nuestros pasaron a ser sus vasallos.

Pensarás que no es mucho por la rendición de tan buen guerrero, pero es que para entonces estaba ya viejo, y su odio hacia Abu abd Allah era mayor que su voluntad de continuar con una guerra que sabía perdida.

No le disculpo, pero comprendo su debilidad.

Después de tantos esfuerzos, la perfidia de los suyos hizo inevitable la caída del reino en manos cristianas.

Además, su traición no le trajo más que pesadumbres, pues has de saber que pagó muy cara su colaboración con los cristianos.

Su vil comportamiento al hacer la guerra contra sus propios hermanos, solo consiguió granjearle el desprecio y enemistad de sus servidores.

Finalmente optó por pasar a la Berbería, ya que seis meses después de consumada su traición, marchó a Wadi-Ash para vender sus territorios y solicitar permiso al rey Fernando para cruzar el estrecho.

El rey se lo dio de mil amores y le entregó cinco millones de maravedíes, y con esos dineros y sus servidores más fieles, abandonó Al-Ándalus en dirección a Fez.

Tampoco allí le fueron bien las cosas pues al llegar, según me contó Isaac, el sultán codició su fortuna y pretextando su gran amistad con Abu abd Allah, le despojó de todo, le hizo encarcelar y le cegó quemándole los ojos.

Hijo mío, también en esta vida, Allah hace justicia cuando lo considera oportuno.

El Zagal recibió lo que merecía por su despreciable comportamiento ya que, aunque habían sido muchos sus méritos en el pasado, no supo estar a la altura de un buen creyente.

Ahora, por lo que me contó mi buen amigo, anda errante y mendigando por estas tierras para poder sobrevivir.

Justo castigo para quien no dudó en aliarse con los cristianos, y guerrear contra su propio pueblo...

***

Dejó de escribir y se levantó para estirar las piernas, estaba cansado.

No llevaba mucho tiempo, pero los recuerdos le agobiaban, y mirar al pasado le ocasionaban unos sufrimientos indescriptibles.

Las imágenes de tantos muertos y herido, de tantos niños sin padres y de tantos padres sin hijos.

Las caras del cadí, Bilal, Fadil, Raissa, y de todos los amigos que nunca más volvería a ver, le producían una inmensa congoja y una sensación de vacío en el alma.

Guardó la pluma hasta el día siguiente, no podía seguir escribiendo, necesitaba la presencia de Fátima y de su hijo para recuperar la paz.

56 EL FINAL DE LA GUERRA

Abrió los ojos antes del amanecer, pero permaneció quieto sintiendo el calor del cuerpo de Fátima que, cada mañana, le sacaba del sopor con dulzura y le hacía sentir vivo.

No quería moverse por miedo a perturbarla, pero al oír su respiración tan serena y acompasada, una sensación de paz le inundó hasta dejarle completamente relajado.

Estaba a punto de abandonarse de nuevo al sueño, cuando notó que ella se incorporaba, y muy silenciosa intentaba abandonar la alcoba.

— ¿ Dónde vas ?

—A ver cómo ha pasado la noche Karin. ¿Te he despertado?

—No, lo estaba desde hace rato. Voy a levantarme, que aún me falta mucho para terminar mi escrito, y no puedo prolongar la espera de mis adeptos indefinidamente.

Se levantó y, tras asearse y tomar un bocado, se fue a trabajar. Prosiguió:

***

… antes de concluir con mis cuitas y cerrar mis reflexiones, me vienen a la memoria las palabras de aquella fatwa referida a la validez del juramento de fidelidad a Abu abd Allah cuando destronó a su padre. Y te las escribo para que nunca las olvides, y las tengas en cuenta en tu proceder:

« La violación del juramento de fidelidad prestado a nuestro señor Abu al-Hasan, Dios le guarde, por parte de las gentes responsables, y el haber llevado a cabo la proclamación de su hijo, no encuentran el menor respaldo en la ley de Dios ni tienen más calificación que la de puro y simple pecado, en razón a los muchos perjuicios que desagradan a Dios cuales son, la escisión del islam en un país abandonado a sus propios medios, la división de su poder después de haber estado unido, y el haber encendido el fuego de la guerra civil y por su causa, sembrado la enemistad y el odio en los corazones de los musulmanes, corrompiendo su concordia ».

Ten siempre presente esta verdad y no lo olvides, pues esta es una parte esencial de nuestro legado.

Para llevar a cabo la misión que el Todopoderoso nos ha encomendado, recuerda que nunca debes abandonar a los creyentes y con el sacrificio de tu propia vida si fuera preciso, deberás permanecer fiel a la voluntad de Allah sin componendas con los impíos.

Y si alguna vez te asaltan dudas sobre cómo proceder, recuerda el contenido de esa fatwa y opta por la unidad de la umma, la concordia y el amor entre los hermanos .

Como te decía, después de abandonar Baza, marché hacia la alquería en la que me esperaba Bilal. Nada había resuelto, pues seguía sin encontrar un lugar digno al que llevar a tu madre, y no obstante pensé que no hallaría otro sitio mejor en el que poder refugiarnos.