Chapter 49
Estimó conveniente poner en sobre aviso a su hijo, alertándole para que se guardara de personas como Yahya. Consideraba un grave error creer en sus falsas palabras y quería que jamás se fiara de ellas, ya que de hacerlo fracasaría en la importante misión que Allah le tenía encomendada.
Tomó la pluma y escribió:
***
Hijo mío, antes de proseguir con mi relato, quiero prevenirte de las personas cuya ambición no tiene límite.
No importa si las conoces de antiguo o cuánto las amas, la codicia está en su naturaleza, y prima sobre cualquier afecto que pudieran tenerte.
Por esa razón has de aprender a juzgar rectamente a todos , y no permitir que tus sentimientos nublen tu entendimiento ni tus decisiones .
Tu madre es maestra en el arte de distinguir a las personas dignas de las que solo buscan medrar, y cuya fidelidad es tan caprichosa como las hojas que se lleva el viento.
Por eso te pido que la escuches, ya que sus consejos me salvaron la vida en más de una ocasión, y me permitieron proteger tu legado.
Quiero contarte la historia de alguien que en otro tiempo fue el poderoso walí de Almería y Wadi-Ash, además de vicealmirante de nuestros mares.
Su nombre es Sidi Yahya Alnayar, y el precio de su traición estaba escrito en su acuerdo secreto con los cristianos: la taha de Marchena, Luchar, Alboloduy, río Pechina, río Almanzora, y otras alquerías que en total rentaban más de quinientos mil maravedíes.
Ese fue el precio que el inicuo puso a su virtud, sin que ello obstara para que, en agradecimiento, también le fueran concedidas otra serie de dignidades que para nosotros nada valen pero que, para su vanidad y eterno estigma de traidor, le fueron otorgadas por los cristianos para que las usaran él y sus descendientes.
Y si te cuento esto es porque sé que pese a ser nieto de un sultán y cuñado de El Zagal, siendo el Walí de Almería, mantuvo conversaciones secretas con alcaides y alfaquíes, a los pidió que capitularan en cuanto fueran requeridos para ello por nuestros enemigos.
Pero El Zagal supo de esos acuerdos antes de que llegaran a culminarse, porque cuando iba a ser entregada la ciudad de Vera, muchos hermanos la abandonaron y huyeron a Baza, donde hicieron público su miserable comportamiento.
Así llegó a conocimiento de El Zagal y, cuando solo faltaba la entrega de Almería para completar su traición, el emir se adelantó ocupándola con un poderoso ejército de mil jinetes y quince mil peones.
Entiendes ahora lo importante que es aprender a juzgar a las personas, sin que te condicionen tus odios o tus afectos hacia ellos.
El Zagal fio en quien era de su sangre además de pariente por su matrimonio, y eso le supuso la pérdida de más de cincuenta ciudades.
De nada le sirvió que a su llegada a Almería ordenara encarcelar a Yahya, tampoco que cambiara a los principales de su administración por personas de su confianza, pues el mal ya estaba hecho, y ya no le quedaban dineros ni hombres para oponerse al avance de nuestros enemigos.
Pero no creas que solo El Zagal fue consciente de nuestra debilidad, también lo fue el rey Fernando que en cuanto supo que Almería no le sería entregada sin lucha, decidió dirigirse hacia las tierras del Almanzora para ocuparlas, a sabiendas de que allí no hallaría resistencia.
Carecíamos de recursos para hacer frente a su poderoso avance y, ante la posibilidad de sufrir una cruel aniquilación, las ciudades capitulaban sin presentar batalla.
Hijo mío, si te escribo esto es para que sepas que cuando te veas obligado a tratar con codiciosos, de lo único que podrás estar seguro es que siempre actuarán conforme a su conveniencia.
No conocen más lealtad que la derivada de su propio interés, y si algún día quieres controlarlos, tendrás que convencerlos de que su beneficio coincide plenamente con apoyar tu causa.
Esa fue la estrategia que El Zagal siguió con Yahya, que en cuanto supo que los reyes cristianos rompían el pacto por no entregarles Almería, se enfadó terriblemente y se revolvió contra ellos.
Entonces su señor comprendió que, ahora sí, podría confiar en él sin temor a nuevas traiciones.
Y así fue porque año y medio después de encarcelarlo, Yahya se encontraba reorganizando la resistencia de Baza con tan solo trescientos jinetes y ocho mil hombres de a pie.
El Zagal ayudó a la defensa haciendo que se le unieran gentes provenientes de Wadi-Ash, Almería, las Alpujarras, Tabernas y Purchena.
Pero la iniciativa de resistir la tomó Yahya sin contar con esos efectivos, y de esa manera volvió a ser útil a la causa de Allah, aunque cómo te digo, lo hizo pensando exclusivamente en sus ambiciones.
¿ Se redimió el wali con esa heroicidad?
No hijo mío , el que es codicioso lo es siempre, y solo modifica su forma de actuar porque aprende de los errores que le impidieron alcanzar sus objetivos, pero el fin que persiguen es siempre el mismo: su mayor beneficio personal.
No lo olvides porque pasado el tiempo, el wali volvió a negociar la entrega de los restantes territorios a los cristianos, aunque esta ocasión lo hizo con la anuencia de El Zagal.
Te preguntarás por la razón de esa autorización, y la respuesta es sencilla: porque estaba tan debilitado que, a esas alturas, cualquier resistencia resultaba inútil.
Incluso le permitió mediar en la entrega de Almería y Wadi-Ash, aunque Yahya, como el impío que fue y seguirá siendo, no tuvo la dignidad de seguir los pasos de su señor cuando finalmente abandonó Al-Ándalus, sino que vive entre nuestros enemigos como un converso de alcurnia ».
***
Dejó de escribir para retomar el hilo de sus recuerdos. Rememoró la cara de aquellos niños hambrientos que no perdían de vista a Bilal y que cuando el guiso empezó a desprender los primeros olores, se agitaron con una sonrisa nerviosa en los labios.
Devoraron más que comieron. El hambre atrasada les impidió mantener el decoro de aguardar a que lo hicieran antes sus mayores y, aunque su abuelo intentó refrenarlos, Kamal le pidió que por esa única vez lo permitiera, porque llevaban demasiados días de privaciones.
Recordaba también lo mucho que le costó coger el sueño, no era el frio ni la añoranza de Fátima, era la pena de saber que, aunque les dejaran todas sus provisiones, serían insuficientes para que pudieran sobrevivir durante el invierno y morirían.
Miró de reojo a las criaturas: dormían plácidamente a pesar de que el viento silbaba cortante y la lluvia rezumaba por cada grieta del techo que, dado el constante goteo que se oía, debía estar completamente agujereado.
A pesar de ello, les había cubierto con su mahsuw y entre el calor de la prenda y la novedad de tener el estómago lleno, descansaban sin miedo al mañana.
Le dio muchas vueltas y tomó una decisión: no abandonarían la alquería, hasta no dejar resuelto el problema de los pequeños.