El legado del alarife Chapter 36
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Chapter 36

No habían andado cien pasos, cuando al doblar una esquina presenciaron un terrible altercado: dos soldados estaban prendiendo a un hombre que trataba de huir.

El individuo se revolvía a pesar de tener una buena cuchillada, pero le tenían bien sujeto y le estaban maniatando, mientras que él no cejaba en sus intentos por liberarse .

— ¡ Estate quieto, maldito! No puedes escapar, y lo único que haces es darnos trabajo —gritaba uno mientras le zarandeaba—. El emir quiere interrogarte sobre las intenciones de su sobrino, y nos recompensará largamente si te llevamos vivo.

Kamal se paró en seco. Aquella frase significaba que el hombre al que intentaban detener tenía trato con Abu abd Allah, pues en caso contrario, los soldados no se aventurarían a apresarle en un barrio donde Aixa tenía tantos partidarios, y donde la gente se refería a El Zagal como el Usurpador .

Alí le imitó, y preguntó en voz baja:

— ¿ Por qué te detienes? No tenemos de qué preocuparnos, ese hombre nada tiene que ver con nosotros y si pasamos de largo, los soldados nos dejarán en paz porque no les interesamos. En este barrio no se sienten seguros, y no querrán buscarse más dificultades de las necesarias .

—Es que yo también tengo interés en hablar con ese hombre. ¿No has oído que El Zagal quiere interrogarle sobre las intenciones de su sobrino? Pues yo también quiero conocerlas. El futuro de Granada y la seguridad de mi familia, dependen en buena medida de ellas.

—Lo que han dicho carece de sentido. Te recuerdo que Abu abd Allah está refugiado con los reyes cristianos en Córdoba.

—Piénsalo bien. El emir no es su prisionero, tan solo su vasallo, y puede que a sus reyes les interese que vuelva a Granada para que continúe la guerra contra su tío.

Incluso si son listos, es posible que estén dispuestos a prestarles su ayuda, pues son los primeros interesados en que nos debilitemos luchando entre nosotros.

El Aragonés es astuto y sabe que Castilla no puede mantener una larga guerra, pero sí auxilia al emir para que la continúe por ellos, nosotros mismos nos destruiremos.

Sea cual sea el resultado de la contienda entre los nazaríes, a ellos les interesa que la lucha continúe porque una cruenta guerra civil, a la larga, les facilitará el camino para conquistar Granada.

— ¿ Crees que existe esa posibilidad ?

—Puede que sí. Creo que no valorar en su justa medida al enemigo, es la forma más rápida de ser derrotados.

No tengo que recordarte que, en la última guerra entre el emir y su padre, los victoriosos fueron los cristianos, que aprovecharon la ocasión para conquistar Ronda y Marbella.

Solo unidos podremos detener su avance, pero si los bandos nazaríes se enfrentan, nuestras posibilidades menguan y seremos una presa fácil.

Alí, a mí también me interesa conocer los planes de Abu abd Allah, porque se prepara una revuelta, y la postura del emir será clave para la solución de la contienda.

Por no decir que, si algún día decidiera regresar, tendría que huir para no poner en peligro mi vida y la de Fátima.

—En ese caso, ¿a qué esperamos? —dijo mientras echaba mano a la empuñadura de su alfanje.

Siguieron andando y al llegar a su altura, Alí desenvainó el arma al tiempo que gritaba: «¡ Soltad a ese hombre, esclavos del Usurpador !

» —y le dio una cuchillada al soldado que tenía más próximo.

Se giró para atacar al otro que, al ver su belicosidad, emprendió la fuga sin mirar atrás.

El soldado herido al verse solo, huyó como buenamente pudo, y ellos se lo permitieron porque su objetivo no era infligirle más daño, sino liberar al apresado.

Se concentraron en desatarle las manos y en prestarle auxilio.

— ¿ Cómo os llamáis y por qué os estaban prendiendo? Por lo que hemos oído, no sois un ladrón sino alguien allegado al legítimo emir, que Allah proteja y ayude a conseguir su empeño —dijo Alí mientras elevaba sus ojos al cielo.

—Me llamo Yusuf ibn Comixa. Soy alguacil y su hombre de confianza, y me ha enviado para que hable en su nombre con los notables que están preparando la revuelta.

Tengo que pedirles que no sigan adelante, porque ha pactado en secreto con su tío y le ha reconocido como señor de Granada, Málaga y Almería.

A cambio, El Zagal le permitirá instalarse en el Albayzín, y desde aquí gobernará en paz las tierras fronterizas.

Alí no daba crédito y le espetó:

— ¡ Mentís ! ¿ Por qué iba hacer tal cosa ? Él es el legítimo sultán y tiene muchos adeptos, no tiene por qué cederle el título a su tío . Además , si eso fuera cierto , ¿ para qué iba ordenar El Zagal que os prendieran?

—Por favor, os lo ruego, estoy herido y me estoy desangrando. Llevadme a un médico, y con gusto responderé a todas vuestras preguntas.

Le levantaron, y entre los dos le llevaron a la casa de Alí que era la más cercana. Allí prosiguieron el interrogatorio mientras que Kamal, usando algunos de los conocimientos que le había transmitido Isaac, intentaba cortarle la hemorragia.

—No se puede hacer más hasta el alba —dijo mientras anudaba la venda que taponaba su herida—.

Mientras no abran las puertas de la muralla, no tendremos la posibilidad de traer un médico de nuestra confianza.

Ahora, nos gustaría conocer la razón por la que el emir renuncia a su trono y pacta con el Usurpador , cuando somos tantos los que estamos dispuestos a luchar y a morir por su derecho.

Yusuf se quedó pensativo, dudaba entre aclarar ese aparente sinsentido o permanecer callado.

Les miró fijamente y le inspiraron confianza, le habían salvado de la tortura y probablemente de la muerte, al menos les debía honestidad y agradecimiento.

Además, se habían declarado partidarios de Abu abd Allah y tras pensarlo unos instantes, decidió sincerarse:

—Mi señor viene de regreso de la Corte de los cristianos.

Allí se refugió después de que El Usurpador atacara Almería, matara a su hermano, e intentara acabar con su preciosa vida.

Durante nuestra estancia en Córdoba hemos comprobado el poder de los enemigos del islam, y mi señor sabe que, de continuar la lucha contra su tío, los partidarios de la cruz acabarán por apoderarse del reino.

Hay quien piensa que Abu abd Allah es un hombre débil dominado por su madre, pero no es cierto.

Solo es un hombre práctico y consciente de que solo unidos seremos capaces de mantener una paz honrosa.

Yo mismo he podido ver su potente artillería y su numeroso ejército, y comparto su opinión de que solo juntos podremos hacer frente a tan terrible amenaza.

Por eso ha antepuesto los intereses del reino a los suyos, y ha decidió que prefiere que El Zagal que sea el emir, a que el reino sucumba bajo las botas de los seguidores del profeta Jesús.

—Pero El Zagal es un usurpador, y no está legitimado para ser sultán.

—Cierto, por eso insisto en que ha decidido anteponer la paz a sus derechos.

Es difícil que los cristianos nos ataquen si permanecemos unidos, porque están escarmentados de los dineros que les costó el fallido intento de apoderarse de Málaga.

Esa es la razón por la que mi señor se ha plegado a las exigencias del Usurpador, y ha decidido que es preferible ser señor de Loja y de las tierras fronterizas, a que el reino perezca bajo el poder de Castilla —les miró a los ojos, e insistió con voz suplicante—.

Os digo que esa es la única razón por la que se arriesga a romper su acuerdo con el Aragonés, y ha optado por claudicar ante las pretensiones de su tío.

Alí resopló, nunca pensó que Abu abd Allah fuera capaz de sacrificar sus derechos en beneficio del reino. Fingió creérselo, y añadió:

— ¡ Qué Allah bendiga al emir por tan sabia decisión ! Y ahora, descansad, la pérdida de sangre os tendrá agotado, y dormir os ayudará a reponer las fuerzas. No os preocupéis que en cuanto abran las murallas, iremos a buscar al médico .

Yusuf se quedó dormido, y en la estancia contigua los dos amigos se sentaron a comentar la situación.

— ¿ Qué opinas ? —le preguntó Alí.

—No sé qué decirte, aunque tiene cierto sentido lo que cuenta.

Por otra parte, los nazaríes nunca han pensado en nadie salvo en ellos mismos, y siempre han dispuesto del reino sin importarles la suerte de los granadinos.

Me cuesta trabajo creer que así, de pronto, el emir tenga un sentido tan alto de su misión como gobernante.

Siempre le he considerado un hombre culto, amante de la poesía y de la belleza, pero sin más criterio político que la voluntad de su madre que, según comentan los genoveses, será muy honesta, pero tan enérgica y varonil como el más aguerrido de los arráeces.

Alí soltó una carcajada. Efectivamente, esa era la calificación que sottovoce le atribuían a la sultana Aixa, aunque en el Albayzín era muy apreciada y la conocían como la Honesta .

—Es muy tarde, Kamal. Tu esposa debe estar preocupada, y nos conviene descansar porque mañana será un día muy duro.

Kamal asintió, y se fue a su casa dándole vueltas a la sorprendente reacción del emir.