El legado del alarife Chapter 14
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Chapter 14

Al acercarse al barracón, le llegó un delicioso olor a guiso y el ruido de un gran jolgorio: Muhammad ya tenía fecha para la boda, y todos lo celebraban en torno a una gran olla de cous-cous de cordero con zanahoria, berenjenas y aceitunas, que su madre les acababa de llevar para que lo festejaran.

Las preguntas se sucedían sin tregua, una convivencia tan estrecha y de tanto tiempo, hacía que todos se sintieran participes del importante evento.

— ¿ Cómo es tu casa ? —preguntó el Aguador .

—Pequeña pero suficiente. Tiene dos estancias y una letrina, aunque para mí tienen el mismo valor que el mejor de los palacios.

Está al lado de la de mis padres, y he tenido que construirla porque era imposible convivir todos juntos por falta de espacio: somos muchos de familia, y su casa no es grande.

— ¿ Cuándo es la firma del contrato matrimonial?

—Mañana. Su padre y yo compareceremos ante el sheik para firmarlo, y dentro de diez días celebraremos el banquete que lo hará público.

La familia de mi padre se ha comprometido a regalarnos tres cabritos, y la de mi madre diez pollos.

Mis primos y mis tíos van a participar en el sacrificio, y por fin he conseguido juntar el importe del impuesto para el recaudador y lo que cobran los músicos, así que todo está listo.

Sus compañeros se reían celebrando el feliz acontecimiento, pero Alí estaba tan nervioso por su inminente cambio de vida, que no podía centrarse en la causa del festejo. No pudo callar por más tiempo, y dijo con los ojos brillantes:

—Pues Muhammad no es el único que abandonará pronto el barracón, Kamal y yo lo haremos mañana al anochecer.

Se hizo un silencio expectante y el pequeño Bilal, rápido como una ardilla, le preguntó con curiosidad:

— ¿ Os han despedido ?

—Todo lo contrario. Munir está tan contento con nuestro trabajo, que ha decido que Kamal trabaje de alarife y que yo sea su ayudante —sacó pecho y añadió dándose importancia—. Nos va a asignar una vivienda más acorde con nuestra nueva condición, y mañana nos mudaremos a ella.

Todos les miraron incrédulos. Por mucho que Munir estimara el trabajo de Kamal, era demasiado joven para un salto de categoría tan enorme.

No acababan de creerlo, y siguieron observándoles con prevención.

Bilal, que estaba acostumbrado a la fértil imaginación de su compañero, pensó: « Ya está Alí contando otra de sus fantasías », por eso aseveró con firmeza:

—Te estás burlando de nosotros.

—Por supuesto que no. Mañana después del trabajo, volveremos para recoger nuestras cosas y nos traslademos. Tú mismo podrás comprobarlo.

Miraron a Kamal, que confirmó esas palabras con un rápido movimiento de cabeza y todos se quedaron mudos. Tras unos segundos que permanecieron callados por la sorpresa, les felicitaron efusivamente, y uno tras otro se levantaron para ir a dormir a su jergón.

A la mañana siguiente, Alí amaneció con unas impresionantes ojeras. Se notaba que apenas había dormido, porque los nervios y sus desbocadas ilusiones le habían mantenido en vela, y ni aun así podía permanecer quieto. De camino al trabajo, le preguntó a Kamal muy preocupado:

—Lo que tú sabes, ¿es muy difícil de aprender? Yo no soy listo ni leo bien, no sé cómo me las voy a arreglar para entender esas cosas tan complicadas.

Kamal sonrió, y le dio una palmada en el hombro.

—Sí que eres listo y aprenderás como todos: poco a poco, con voluntad y mucha paciencia.

Ya verás cómo al avanzar, las cosas te resultan cada vez más fáciles.

Pero lo primero es conseguir que leas con soltura.

Tendrás que frecuentar la biblioteca, y dedicarle un rato a la lectura al acabar el trabajo.

Mi padre decía que cualquier hombre que se precie, debe contar entre sus mejores amigos a los libros, porque son ellos los que nos abren la mente, nos enseñan la grandeza de Allah y todo lo necesario para ganarnos la vida.

Los libros alimentan el espíritu mostrándonos todo lo que es bello y útil, pues recogen el saber de la humanidad desde la creación.

No hay duda de que son gratos a los ojos de Allah, porque nos permiten profundizar en el conocimiento de su obra.

Por eso los musulmanes construimos bibliotecas y no desdeñamos los conocimientos antiguos, al contrario, los estudiamos con amor y los difundimos cuanto podemos —se volvió hacia Alí—.

Despreocúpate de lo que no sabes, porque si hasta ahora no has tenido la oportunidad de que alguien te enseñe, ni Allah ni nadie te pedirá cuentas.

Pero si a partir de hoy no eres diligente y te esfuerzas en aprender, preocúpate porque de eso sí que serás culpable.

— ¿ Tú padre te enseñó todo los que sabes ?

—Casi todo, hasta que murió en el incendio.

Tenía muchos libros, y dedicaba la mayor parte de su tiempo a mi formación.

Además del aljamiado, me enseñó a leer y escribir en árabe, latín y en la lengua de los cristianos.

Al principio me seleccionaba los libros que debía leer y los comentábamos, pero cuando me hice mayor, permitió que fuera yo quién los escogiera.

Decía que su misión en la vida no era la de cercenarme mi libre albedrío, sino enseñarme a pensar rectamente.

— ¡ Qué suerte has tenido con tener un padre como el tuyo! Debes echarle mucho de menos .

— ¡ No sabes hasta qué punto! Lo único que me reconforta es pensar que estará con mi madre en el Paraíso, y que me dejó como herencia la mejor de las riquezas: los conocimientos que me transmitió . Desgraciadamente sus libros se quemaron, y para recordarlos solo cuento con mi memoria.

—Sé que no es un consuelo, pero quiero que sepas que en lo sucesivo yo seré tu hermano. No estás solo, Kamal, me tienes a mí. Ahora y siempre podrás disponer de mi persona, y de lo mucho o poco que consiga reunir a lo largo de mi vida.

Tras recordar aquellas palabras que tanto le reconfortaron, Kamal se levantó para estirar las piernas. Llevaba horas enfrascado en sus recuerdos y no había visto a Fátima, así que decidió dejar la escritura e ir en su búsqueda.