El legado del alarife Chapter 13
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Chapter 13

Al concluir el trabajo, se presentó por sorpresa Munir. Les indicó el trazado que debía seguir el nuevo muro y tras pensarlo un instante, puso la mano sobre el hombro de Kamal y le preguntó:

—Muchacho, te vengo observando desde que empezaste a trabajar, y he podido apreciar que tienes grandes conocimientos de matemáticas y geometría ¿Quién te enseñó? Porque el cadí me dijo que te habías criado en una alquería.

—Así es, señor. Todo lo que sé me lo enseñó mi padre, un ulema muy respetado que estudió en El Cairo.

Solía contarme que, en su juventud, además de asistir a las clases en la madraza, frecuentar la biblioteca era su gran pasión.

Y debió hacerlo con mucha asiduidad, porque hablaba de ella como si se tratara de su segunda casa.

Mi padre era un hombre al que todo le interesaba.

No desdeñaba ningún conocimiento, porque para él todo estaba relacionado y el saber no estorba, al contrario, ayuda a no errar cuando hacemos uso del libre albedrío.

Le recuerdo pendiente de mi formación y, aunque dedicaba la mayor parte de su tiempo a que aprendiera el Corán y la Sharía, también me enseñó matemáticas, geometría, historia, poesía…

muchísimas materias. Juntos cultivábamos los frutos de la tierra, construíamos edificios y otras muchas cosas, pero en lo que más me insistía era en la importancia de ser humilde y consciente de lo mucho que me quedaba por aprender.

Él lo llamaba, « saber pensar rectamente » .

—Por lo que cuentas, debió ser un gran hombre.

—Sí señor, el mejor que he conocido.

— ¿ Te explicó la proporción áurea ?

—Por supuesto. Me dijo que la había formulado un sabio griego llamado Euclides —entornó los ojos para hacer memoria y recitó—.

« Se dice que una recta ha sido cortada en extrema y media razón, cuando la recta entera es al segmento mayor, como el segmento mayor es al segmento menor » —alzó la vista sonriendo—.

Me dijo que a veces se daba de manera espontánea en la naturaleza, como en la concha del caracol o el cuerpo humano…

Por cierto, he observado que vos también la conocéis y apreciáis su belleza, ya que la habéis tenido en cuenta al proyectar algunos edificios de la Alhambra.

Es tan maravillosa, que mi padre la consideraba como la máxima expresión de armonía en la tierra.

— ¡ Asombroso! Jamás había conocido a un joven que tuviera tantos conocimientos.

No pienso desaprovechar el regalo de Allah que supone tenerte a mi servicio, y a partir de ahora trabajarás colaborando estrechamente conmigo .

Te alquilaré una morada más acorde con tu nueva posición , y desde mañana podrás vivir en ella.

Seguir viviendo en el barracón sería indigno, y no contribuiría a preservar tu autoridad sobre los restantes albañiles.

Kamal miró a Alí, parecía tan admirado por su fulgurante ascenso, como triste por una separación que intuía inevitable. Lo miró con tristeza, la verdad es que se había acostumbrado a él y le iba a echar de menos así que, con toda la humildad que pudo, le pidió al alarife:

—Señor, sabéis que soy huérfano y que Alí es mi único amigo, no me gustaría que tuviéramos que separarnos.

Os aseguro que es muy listo y si le nombrarais mi ayudante, podría enseñarle todo cuanto sé.

Estoy seguro que, con el tiempo, llegará a seros tan útil como yo mismo y sus servicios os acabarán resultando más provechosos, que si continúa trabajando como un simple albañil.

Munir se mesó la barba mientras pensaba. Definitivamente no era mala idea que preparara a su compañero porque cuántas más personas competentes tuviera a su servicio, mejores resultados obtendrían, y más satisfecho estaría el emir con su trabajo.

— ¡ De acuerdo! Si te comprometes a transmitirle tus conocimientos, me parece bien que se traslade contigo y te haga de asistente —se dirigió a Alí—.

Espero que sepas apreciar la gran oportunidad que se te ofrece.

Tienes que ser diligente y aprovechar el tiempo, prestándole a Kamal toda tu atención.

— ¡ Por supuesto, señor! No daré ningún motivo de queja, y todos mis sentidos se centrarán en aprender —comentó Alí con la mejor de sus sonrisas.

Recogieron las herramientas y volvieron al barracón. Alí iba exultante, no podía creer que hubiera tenido tanta suerte. Miró a Kamal con profundo agradecimiento, y comentó convencido:

—Ahora sé que entre los planes de Allah, estaba el que yo te salvara la vida; pero mi intervención no fue solo una muestra de su misericordia hacia ti, también hacia mi persona.

Yo nunca hubiera dejado de ser un simple albañil, sino me hubieras brindado esta gran oportunidad —bajó la voz—.

No lo comentes, pero ahora sé que casarme con Jalila, no es un sueño tan imposible.

Si prospero mucho, estaré a la altura de su condición y su padre no se opondrá a nuestro matrimonio.

Puede que ahora no sea posible, pero si tú me enseñas, pondré todo mi empeño en aprender y lo más importante, dejaré de ser pobre y podré mantenerla como a la mujer servida que es.

— ¿ Quién es Jalila ?

—La hija del alarife. Comprenderás que siendo yo un simple albañil y ella una magduma , nunca pensé que la voluntad de Allah fuera que yo acabara desposándola.

Con toda razón, Munir se habría opuesto al matrimonio, pues basta con entrar en su casa y ver la servidumbre que tienen para saber que, en mi actual condición, la muchacha está fuera de mi alcance.

Además, es mujer y estoy seguro de que su padre la guarda para casarla con alguien poderoso.

Y no creas que me parece mal, establecer buenas alianzas es una aspiración legítima, y lo lógico es que su padre quiera unirla con alguien de su mismo rango.

No soy muy listo, pero sí lo bastante para darme cuenta que, aunque mi virtud es pareja a la suya, no lo son ni el prestigio ni el dinero de nuestras familias.

Kamal sonrió al oírle. No había duda de que Alí era un muchacho impulsivo y lleno de sueños, pero no hasta el punto de perder el contacto con la realidad.

Le miró de reojo. Tenía los ojos brillantes y una sonrisa ilusionada, y no quiso frustrar una esperanza que, aunque en esos instantes fuera un imposible, podía funcionar como estímulo de su voluntad de aprender.

— ¿ Cómo la conociste ?

—Por casualidad, un día que Munir me ordenó reparar una celosía rota que mediaba con el patio principal de su vivienda.

La vi mientras esperaba a la sirvienta que la acompañaba a los baños y como aún no tenía puesto el velo, pude contemplarla a placer —suspiró—.

¡Oh, Kamal!, puedo asegurarte que su belleza haría palidecer a la más hermosa de las huríes.

Nunca podré olvidarla, porque a su lado cualquier mujer resulta fea.

Suspiró y Kamal se quedó mirándole, nunca hubiera imaginado que pudiera estar tan enamorado.

Tenía una expresión tan transfigurada, que le vinieron a la memoria los versos que tanto le gustaba recitar a su padre : Mi amor por ti, que es eterno por su propia esencia, ha llegado a su apogeo y no puede menguar ni crecer.

No tiene más causa ni motivo, que la voluntad de amar .

¡ Qué hermoso le parecía El Collar de la Paloma !

No podía imaginar que alguien pudiera cantar al amor, con tanta pasión como lo había hecho el gran Ibn Hazm.

Su padre guardaba con veneración aquel libro y de vez en cuando, cuando pensaba que estaba a solas con Raissa, solía recitárselo dulcemente.

Se volvió hacia Alí que continuaba absorto en sus pensamientos, y le dijo con firmeza:

—Si lo que más deseas es que sea tu esposa y esa es la voluntad de Allah, no tengo necesidad de inventarme nuevos alicientes para que atiendas a mis explicaciones. Si aprendes bien y rápido, serás fiel a tu destino, prosperarás, y quizás consigas alcanzar la felicidad en este mundo.