Chapter 8
Se despertó con el ruido del cacharreo que hacia Bilal mientras preparaba el desayuno.
Sus compañeros tenían ganas de bromear y no se privaban de hacerlo; pero Alí y él fueron más diligentes y, tras lavarse, orar y comer aun poco, se dirigieron directamente al cauchil en el que habían descubierto el derrumbe.
Destaparon la losa, Kamal descendió, y uno a uno sacó los ladrillos que impedían el paso del agua; como era previsible, el agua empezó a fluir con normalidad, pero para su sorpresa, en la pared lateral de la arqueta descubrió un aguajero del que salía un rayo de luz.
Acercó el ojo, y alcanzó a ver la parte alta de lo que parecía una obra en construcción: llegó a la conclusión que el derrumbe se había producido al excavar un habitáculo tan próximo a la arqueta, lo que hizo que cayera hacia el interior parte de su revestimiento.
Pero un golpe de intuición le aconsejó no decir nada, y decidió tapar el agujero sin comentarlo con nadie.
— ¡ Alí ! Coge los ladrillos que he ido sacando, y los alineas junto a aquella pared —dijo señalando a la que tenía enfrente—.
Mientras los limpio, tienes que preparar una mezcla de tierra de la Sabika con agua para que, al colocarlos de nuevo, peguen bien.
Pero antes tienes que retirar los chinarros más grandes, porque si quedan demasiados en la mezcla, luego no encajan bien —asomó la cabeza—.
Colócalos donde te he dicho para rascarlos sin obstaculizar el paso de la gente.
Dentro de un rato cuando esté todo listo, prepararás la esportilla y me la pasas junto a los ladrillos limpios, que vamos a reparar el revestimiento.
El trabajo fue laborioso y requería su tiempo, pero no tenían prisa porque el principal problema estaba solucionado. Cuando concluyó, salió del cauchil y se sentaron en el suelo a esperar que secara. Alí le preguntó:
— ¿ De dónde eres? Nunca te había visto por aquí , y eres demasiado bueno para pasar inadvertido .
—No creas que tanto. De todos modos, es cierto que no soy de aquí.
Vivía en una alquería con mis padres, pero murieron en un incendio y decidí venir a casa de cadí, que era un gran amigo suyo.
Él habló con Munir para que me contratara y por consideración mi benefactor, decidió darme esta oportunidad.
No tenía ganas de dar más explicaciones porque a pesar de que Alí le había caído bien, no se sentía a gusto compartiendo sus intimidades con un extraño. Decidió desviar la conversación.
—Y tú, ¿llevas mucho tiempo trabajando en la Alhambra?
—Desde hace cinco años —se encogió de hombros—.
Mi abuelo vino de Antequera siendo muy joven, y desde entonces mi familia vive aquí.
Cuando llegó, tuvo suerte y consiguió trabajo gracias a que era un carpintero muy hábil, y eso le permitió vivir sin tener que mendigar.
Mi padre no era tan diestro, pero sí muy fuerte, así que tampoco tuvo dificultades para que le contrataran como albañil.
Desgraciadamente, hace unos cinco años se cayó del andamio, murió, y mi familia perdió su principal fuente de ingresos; por eso no me quedó más remedio que ponerme a trabajar.
¡Qué otra cosa podía hacer! Soy el mayor y aunque mi madre teje y mis hermanos venden sus telas, somos demasiados y con lo que ganaba, no nos alcanzaba para vivir.
Por eso les llevo casi todo el dinero que me pagan, porque si no lo hiciera, los pequeños tendrían que pedir limosna para sobrevivir.
Se quedaron sin conversación y permanecieron un rato en silencio.
Kamal se dedicó a observar a la gente, se movía deprisa, no parecía que en la Alhambra hubiera mucho sitio para los ociosos.
Se entretuvo mirando los detalles ornamentales de las fachadas más próximas, y se acordó de su padre y de su obsesión por embellecer cualquier construcción por simple que fuera. Pasado un rato, comentó con Alí:
—Ya debe estar casi seco. Empieza a preparar una mezcla de arena, cal y agua, porque hay que aplicarla sobre los ladrillos de la arqueta para que se impermeabilicen; así conseguimos que quede totalmente estanca, y aguantará bien el paso del agua.
Le miró perplejo, y le preguntó a continuación:
— ¿ Eso es lo que hay que hacer ? ¿ De verdad que no eres un maestro experimentado? Nunca había trabajado con alguien que fuera tan minucioso y supiera tanto. Por curiosidad , ¿ a qué se dedicaba tu padre ?
—Era ulema y sí, aplicar esa mezcla sobre los ladrillos, es justo lo que hay que hacer para que la obra dure.
Mi padre me enseñó muchas cosas útiles, especialmente sobre técnicas de construcción a las que era muy aficionado.
Era un hombre sabio que solía decirme que cuanto más supiera, más preparado estaría para cumplir mi destino —suspiró con una sonrisa en los labios al recordarle—.
Antes de que yo naciera, trabajó durante algún tiempo en Granada como musawir del cadí, pero cuando llegué a sus vidas decidió que lo mejor era criarme en el campo, y en la casa de una alquería hemos vivido hasta su muerte.
— ¿ Por qué dejó Granada ? ¿ Tuvo un tropiezo con alguien poderoso ?
—No lo sé. Nunca me lo dijo, y desgraciadamente ya no me lo podrá contar —dijo con la voz casi quebrada por la angustia.
Alí se enterneció, y le tocó el hombro en señal de condolencia. Él también había perdido a su padre, y se hizo cargo de la pena que todos sentimos cuando ocurre una desgracia tan grande. Intentó cambiar de conversación:
— ¿ Tienes hermanos ?
—No. En mi casa vivía solo con mis padres y mi nodriza que, desde que dejó de amamantarme, se quedó con nosotros como sirvienta.
Pero todos han muerto —le miró de reojo.
Alí le inspiraba confianza y como la pena le ahogaba, olvidó la prudencia y se explayó—.
En realidad, mis padres no eran mi familia de sangre, pero cuando mi verdadera madre murió, ellos me acogieron y me criaron como si fuera hijo suyo.
Aunque no me quejo, porque te aseguro que no podía haber tenido unos padres mejores.
Su vida entera me la dedicaban a mí, porque para ellos no había nada más prioritario que mi educación y mi seguridad.
— ¿ Quiénes eran tus auténticos padres ?
—No lo sé. Mi padre solo me dijo que eran árabes, y que su familia mantenía con la de mis padres de sangre, una deuda de lealtad, pero no me contó nada más —se quedó meditando unos instantes— Supongo que cuando era pequeño no lo consideró conveniente y, cuándo me hice mayor, no encontró el momento oportuno para hablarme de mi origen.
Alí le miró con respeto, no era un albañil cualquiera.
No solo era fuerte y hábil, también instruido y educado.
Se dejó llevar por su desbocada imaginación, cerró los ojos y se entretuvo en fantasear: « A lo mejor Kamal pertenecía a una gran familia sin saberlo.
O puede que fuera de sangre real, integrante de una ilustre casta de guerreros o hijo de algún hombre santo. ¡Vete a saber! ».
Se quedó con la mente vagando por un mundo de la fantasía y las especulaciones, hasta que un caballo al trote casi le arrolla.
El susto le trajo a la realidad y reflexionó: « en cualquier caso con la muerte de sus padres, el misterio se quedará oculto para siempre.
Además, su origen me da lo mismo, lo importante es que parece una buena persona —sacudió la cabeza—.
¡Y ya está bien de perder el tiempo con tonterías!
—se reprochó—. Lo que tengo que hacer es trabajar y ganar dinero, para que mi familia pueda vivir con dignidad ».
— ¿ Preparo la mezcla ?
—Sí, pero cómo te dije, antes tienes que retirar las piedrecillas más grandes de la arena.
Cuando esté bien limpia, la mezclas con agua y cal, la remueves bien y empezamos —dijo poniéndose de pie—.
Conviene que terminemos el trabajo hoy, que el cadí ha respondido por mí, y no quiero que se avergüence de mi lentitud o de mi torpeza.
Mano a mano reanudaron la tarea, y al anochecer la habían finalizado.
Regresaron satisfechos a descansar. Las calles se fueron quedando vacías y al pasar por delante de una buena casa, una piedra se desprendió de una cornisa, y casi le cae en la cabeza a Kamal.
Menos mal que Alí, más que verla la intuyó, tuvo reflejos y le empujó para evitar que lo aplastara.
Kamal cayó al suelo, pero al ver el tamaño de la piedra, le miró agradecido.
— ¡ Vaya susto ! ¿ Estás bien ? —dijo Ali tendiéndole la mano—. Desde luego y a juzgar por el tamaño de la piedra que ha caído, esa casa necesita reparaciones urgentes. Casi te mata la dejadez de su dueño.
Kamal se retiró para observar la cornisa con perspectiva.
La fachada no tenía huellas de deterioro, y sin embargo ahí estaba el hueco que había dejado la piedra al caer.
Miró los bordes con detenimiento. La viga que la sustentaba no parecía podrida, más bien parecía que la habían aserrado, para que se desprendiera al hacer presión sobre ella.