El Legado de Lúgardark (Arlasófica 2) Chapter 27 Todo se aclara #3
93%

Chapter 27 Todo se aclara #3

La Lady Maestre parecía abrumada con tanta información.

—¿Hay algo más que tengas que decirme? —comentó con mucha más desgana que en sus anteriores intervenciones.

No se atrevía a decirlo, y por eso había guardado silencio hasta ahora, pero Xalara creyó que, ya puestos, debía hacerlo.

—Érmul Nórebol era consciente de que yo estaba allí.

—¿Por qué lo sabes? —preguntó Syliana, despertándose en sus ojos una avidez que asustaba.

—Porque él me tocó —dijo—. Y nadie más puede hacerlo cuando estoy en las visiones.

A continuación, se arremangó para mostrar las marcas todavía visibles en sus muñecas.

—¿Él te hizo eso?

Estaba segura de que Syliana se esforzaba por contener las lágrimas al ver sus brazos.

—¿Tan grave es? —preguntó la recluta, asustada al ver su reacción.

—No sabría qué decirte —contestó, volviendo a darle la espalda cuando sus miradas conectaron en un mismo sentir.

—¿Usted cree que el Lórdezeit también puede ver escenas del pasado? —preguntó esta vez sin tapujos; en las últimas horas esa idea percutía en su mente—. Le aseguro que él es lo único tangible que hay en mis visiones.

—Podría ser que sí —opinó.

Ninguna de las dos volvió a hablar durante al menos medio minuto.

—¿Puedo preguntarle algo? —intervino Xalara.

Syliana se giró hacia ella y asintió.

—¿Qué ha sido del guardián? ¿Lo han arrestado?

—Es complicado —respondió.

—No me creerá si le digo que la presidenta lo contrató para matarme, ¿verdad?

—Las circunstancias se están poniendo muy difíciles —dijo Syliana después de unos segundos—. Crispina Streif está desatada y es capaz de todo ahora mismo.

Quiso preguntarle si eso significaba que la creía, pero la recluta, por alguna razón que no alcanzó a identificar, prefirió no hacerlo.

—En respuesta a tu primera pregunta —continuó la anciana—. A pesar de vuestras acusaciones, Desvon Jeidal está libre y sin ningún tipo de cargo —respondió, y Xalara tragó saliva como un acto reflejo—. Aunque ya no trabaja aquí, él mismo ha dimitido.

Al menos eso es algo —susurró—. Lady Maestre… —añadió—. Viggo Estrango…

La joven se calló al ver que Syliana se apresuraba para volver a su escritorio y abrir uno de sus numerosos cajones, del que extrajo un ejemplar del periódico El Arlasofo y lo arrojó sobre el tablero, empujándolo hacia Xalara. Ella leyó la noticia principal en la portada.

«SE RESUELVE EL MISTERIO

DE LÚGARDARK»

Tras semanas de incertidumbre a raíz de la desaparición del recluta de la élite Wined Nanton, ha podido resolverse el caso.

Desde el primer momento, la presidenta del Gobierno se puso al frente del problema, otorgando el caso directamente a la capitana de los cuero negro, quien, después de muchas investigaciones,

pudo resolver el misterio al encontrar pruebas irrefutables sobre la culpabilidad del maestre de arlasofía Viggo Estrango, quien ya había sido el principal sospechoso en una desaparición registrada en Lúgardark cuando él realizaba la EDMO.

Todo apunta a que Estrango se habría suicidado después de conocer que iba a ser arrestado por el secuestro y asesinato de Wined Nanton.

Más información en las siguientes páginas.

—Esto es muy injusto —opinó Xalara, empujando el periódico con desprecio—. Y lo es por varias razones.

—No te contradigo —convino Syliana—, pero esta sociedad en la que nos ha tocado vivir funciona de esta forma.

Esta vez la Lady Maestre tuvo que enjugarse una lágrima antes de volver a hablar.

—Viggo era un hombre especial, a quien la sociedad señaló siempre por actuar de forma distinta a la mayoría, pero, con su último acto, y aunque casi todos pensarán que fue un síntoma de locura o de cobardía, para mí lo fue de valentía. Se fue igual que vivió, a su manera.

Xalara no podía estar más de acuerdo con esa reflexión, y pensó que quizás ella debería seguir su ejemplo.

—Dicho todo esto, creo que es hora de que vuelvas a tu barracón —comentó Syliana mientras devolvía el periódico al cajón, al mismo tiempo que, de forma inconsciente, rescataba a Xalara de sus oscuros pensamientos—.

Supongo que estarás reventada, y mañana temprano comienza un nuevo día.

Ya sabrás a estas alturas que Lúgardark es implacable y no espera por nadie.

Con los músculos entumecidos, la recluta se levantó y se dispuso a salir.

—Una cosa más —dijo Syliana, deteniéndola—. Te sugiero que no compartas con nadie lo que hemos hablado aquí.

Xalara asintió y caminó hacia la puerta. Pero no pudo abrirla, dado que alguien lo hizo desde fuera antes que ella. Entonces se vio obligada a retroceder hacia la pared por la fuerte inercia de la apertura.

—Lo siento —dijo la supervisora de dormitorios de la Comarca del Noroeste, apurada—. No he podido frenarlo.

—No pasa nada —dijo Syliana—. Tiene derecho a entrar en mi despacho.

—¡Qué está haciendo usted aquí! —bramó Gustavo Zorien, con los ojos hirviendo de rabia.

—Buenas noches, vicepresidente —respondió Syliana con una calma que para el otro debió de resultar exasperante.

—Usted fue relegada del cargo por su incompetencia —insistió, ahora de forma más calmada.

—Así es —admitió la anciana—, pero en la carta de destitución, que aún conservo en mi bolsillo —apuntó antes de sacarla—, afirmaba que, en el caso de resolución del misterio de las desapariciones, yo podría volver a ocupar el cargo con carácter inmediato.

Gustavo se puso pálido, porque ante eso no tenía nada que decir.

—Sin embargo, el responsable de las desapariciones resultó ser un maestre que usted misma colocó en el cargo —apuntó él.

—Sí, reconozco que también tengo fallos, pero en la carta no existe ningún tipo de cláusula que haga alusión a dicho factor.

El hombre respiró profundo.

—Tendré que tratarlo entonces con la presidenta —dijo de forma amenazante.

—Tengo entendido que usted y ella no pasan por su mejor momento —comentó la Lady Maestre.

—Cuidado, anciana. Vigile muy bien lo que insinúa. A su edad, un disgusto puede costarle caro —respondió conteniendo su furia.

—Soy muy consciente de mi mortalidad —replicó ella—.

Por eso no tengo ningún tipo de reparo en expresar lo que siento.

Cuando usted llegue a mi edad lo comprenderá.

Y ahora, si me disculpa, me gustaría volver a acoplarme en mis aposentos.

Para una anciana como yo, la comodidad es indispensable allá donde me encuentre.

No obstante, he de añadir que usted no ha cambiado demasiado mis aposentos; se nota que los ha pisado muy poco. Buenas noches, consejero.

Gustavo se giró hacia la puerta, tras unos segundos en los que, probablemente, no encontró las palabras que quería decir, y fijó en Xalara sus fríos ojos.

—¿Qué hace ella aquí? —protestó Gustavo, volviéndose nuevamente hacia Syliana.

—La recluta Verdreven acababa de tener una reunión conmigo, y se marchaba justo cuando usted llegó.

—O sea, que ha escuchado nuestra conversación —profirió él.

—Eso me temo.

—Muy bien —asintió—. Informaré a la presidenta de que la Lady Maestre de Lúgardark se reúne en privado con la asesina de su sobrino.

Nada más decirlo, Gustavo salió del despacho, lanzando un último gesto que hablaba por sí solo hacia Xalara, que no rehuyó el cruce de miradas.

—Por favor, supervisora —dijo Syliana—, acompaña a la recluta a su dormitorio y asegúrate de que entra en su cama.

La puerta se cerró desde dentro cuando ambas salieron del despacho.

—¿Dónde te ha llevado? —susurró Michelle, asomándose en la litera al terminar Xalara de acostarse.

—Ya te lo diré mañana, ahora necesito dormir.

Michelle no pareció conforme, pero no le quedó más remedio al ver que su amiga cerró los ojos.

Aquella noche, Xalara la pasó en un estado de duermevela, asediada por decenas de preguntas sin respuesta. Hasta que el repiqueteo de campanas puso fin a ese tormento, solo para dar inicio a otro.