El Legado de Lúgardark (Arlasófica 2) Chapter 20 En busca de una explicación
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Chapter 20 En busca de una explicación

La noche fue tan intensa en Lúgardark que Syliana Meistre no dejó de deambular por su despacho, sin saber cómo actuar ante la situación que enfrentaban. Nunca, cuando decidió convertirse en Lady Maestre, imaginó encontrarse ante un escenario así.

La desaparición del recluta Eizan Maguair, supuestamente absorbido por la pared, mientras que de la nada aparecía el cadáver de Wined Nanton, tenía desconcertados a todos en Lúgardark.

Era imposible creer en algo así, salvo porque Xalara Verdreven se pasó toda la noche jurándolo.

Además, el estado del cadáver obligaba a considerar hipótesis que iban más allá de lo razonable.

Por orden de Syliana, Xalara permanecía aislada en una habitación que, lejos de ser una celda, sí la mantenía recluida dentro de la Torre de los Maestres.

Verdreven fue examinada por la sanadora Aurora Áselfof, confirmando que su estado de salud era normal, más allá de su visible nerviosismo. De todas formas, nadie quería acercarse demasiado a la recluta, como si ella les pudiera contagiar algo, o incluso hacerlos desaparecer.

Aquella situación sobrepasaba todo lo establecido, por eso la Lady Maestre no dudó en escribir a las autoridades pertinentes para poner el caso en manos de los cuero negro.

Todas las actividades del lunes fueron suspendidas, prohibiendo a los reclutas salir de sus barracones, salvo a los que estaban asignados para las tareas de vigilancia. La situación era tal, que Syliana no descartaba proponer la clausura de Lúgardark, al menos hasta que hallaran una explicación.

Cuando apenas había amanecido, un grupo de cuero negro llegó a Lúgardark con su capitana al frente. Fueron recibidos en las puertas por Syliana, que respiró un tanto aliviada al ver que la presidenta no venía con ellos, como había temido.

Sin demasiados formalismos, se trasladaron directamente hacia el despacho de la Lady Maestre, donde montaron el operativo de investigación. En él pretendían interrogar a varias personas para llegar a esclarecer lo sucedido.

Solo la capitana acudió junto a Syliana y el guardián de Lúgardark a presenciar el cadáver de Wined Nanton, que aún yacía en el mismo sitio en el que apareció.

Lo lógico era no perturbar el cadáver ni el lugar donde estaba para que los cuero negro pudiesen sacar sus propias conclusiones.

De todas formas, nadie se atrevía a hacerlo.

Ese cadáver era tan temido como una maldición.

Dayana Cleyton comenzó a rodear el cadáver sin decir ni una sola palabra, aunque su gesto estuviera hablando todo lo que su boca callaba. Se agachó varias veces para verlo desde más cerca, pero no lo tocó.

—¿Y bien? —preguntó Syliana, impaciente por la actitud de la capitana.

—No sé qué responderle —reconoció Dayana—. Esto se escapa a todo lo establecido.

La anciana asintió, pues estaba de acuerdo con su afirmación.

—¿Usted considera que esto haya podido ser obra de algo sobrenatural? —cuestionó la Lady Maestre, azorada por la sugerencia.

La capitana la miró con una expresión de sorpresa.

—¿Por qué me pregunta eso? ¿Pretende que con mi edad empiece a creer en fantasmas?

—Por el estado del cadáver, y por el relato de los hechos de Xalara Verdreven.

—¿Dónde se encuentra ella ahora? —preguntó la capitana, poniéndose en pie y separándose del cadáver de Wined.

—Está recluida en una habitación bajo vigilancia —contestó Syliana de una forma un tanto temerosa.

—¿Por qué no se encuentra encerrada en los calabozos? —preguntó sorprendida.

—Porque no puedo considerarla culpable de algo así.

—¿Entonces por qué la tiene recluida?

—Porque, por el mismo modo que no puedo considerarla culpable, tampoco puedo considerarla inocente —admitió.

—Mójese, ¿qué opina? —insistió la capitana, visiblemente irritada.

—Opino que la recluta ha tenido la mala fortuna de estar en el lugar incorrecto y en el momento inapropiado.

—Hablamos de Xalara Verdreven —argumentó la capitana—. Con ella cualquier cosa es posible.

—Si me permiten exponer mi opinión —intervino Desvon—. No creo que esa muchacha haya podido hacer algo así. Creo que debemos enfocar la investigación de una forma distinta.

—¿Y qué sugiere? —preguntó la capitana con cierta altanería, volviéndose hacia él.

—No lo sé —admitió—. Ese trabajo se lo dejo a usted. No quiero interferir en su investigación.

—Ya lo está haciendo —replicó Dayana.

—Lo siento, no era mi intención.

La capitana de los cuero negro apartó la vista del guardián después de murmurar algo.

—¿Han avisado a la familia del fallecido? —preguntó.

—No, todavía no —reconoció Syliana.

—¿Y a la del desaparecido?

—Tampoco.

—En ese caso, me encargaré de avisar a mis compañeros para que vayan a sus casas. Estas noticias tan brutales es mejor comunicarlas en persona.

Luego volvieron al despacho, donde la capitana envió una carta a los cuarteles de Bibrébem para emitir la orden. Además de otra dirigida a la presidenta del Gobierno para informarla de sus primeras investigaciones.

Syliana continuaba convencida de que Crispina Streif haría acto de presencia tarde o temprano en Lúgardark.

A media mañana, la capitana de los cuero negro, junto a sus subordinados, convirtió el despacho en una sala de interrogatorios.

Primero les llegó el turno a varios reclutas de la Comarca Central.

Todos aseguraron no saber nada sobre las desapariciones.

De Wined Nanton dijeron que se levantó como uno más aquella madrugada para ir a la formación.

Algo que su instructor de dormitorios corroboró más tarde.

Nadie sabía el momento exacto en el que Wined se ausentó ni cómo pudo desaparecer de forma tan abrupta.

De Eizan Maguair contaron que era un chico algo peculiar, con una forma de ser muy festiva. También aseguraron haberlo visto salir junto a Xalara Verdreven del comedor poco antes de producirse su supuesta desaparición.

Después de entrevistarse con los reclutas del Centro y su instructor de dormitorios, Dayana Cleyton decidió interrogar a todos los maestres en conjunto.

Syliana presidía la mesa junto a Dayana.

Los otros cuero negro se levantaron para dejar su asiento a los maestres, colocándose detrás de su capitana.

Viggo Estrango fue el último en llegar al despacho, y lo hizo visiblemente bebido, desatando miradas de desprecio por parte de sus compañeros.

Incluso la propia Syliana se avergonzaba por su estado.

—Buenos días a todos —saludó Dayana con un tono deferente—. Supongo que saben por qué están aquí. Así que voy a ir directa al grano: ¿alguien tiene algún tipo de información que aportar sobre las desapariciones y la aparición del cadáver de Wined Nanton?

Varios maestres comenzaron a hablar al mismo tiempo, lo que hacía imposible poder entenderles.

—¡De uno en uno, por favor! —reclamó la capitana—. Usted, maestre…

—Lenders —terminó Syliana, viendo a quién señalaba.

—Yo lo único que opino es que no deberíamos seguir aquí —dijo Brenda—.

Lúgardark debería estar clausurado a estas horas.

Al menos hasta que se descubra la verdad.

No es seguro continuar adelante con la EDMO en estas circunstancias.

Un recluta ha sido asesinado y es muy posible que el otro también. Por favor, recapaciten.

—No estoy de acuerdo —discutió el maestre de tácticas de guerra y estrategia, Tíndrac Zoris—. Si nos vamos estaremos dándole la razón al asesino.

—¿Por qué está tan seguro de que se trata de un asesino y no de una asesina? —preguntó la capitana con suspicacia.

—No estoy asegurando nada, solo es una forma de hablar —explicó Tíndrac—. Asesino, asesina, ¿qué importa? La cuestión es que no podemos doblegarnos ante un acto así.

—¿Alguien ha llegado a plantearse la posibilidad de que sea un ser de…? —la maestre de cocina y nutrición militar, Lysaria Faen, no se atrevió a terminar la frase.

—No estará usted sugiriendo que todo es obra de fantasmas que acechan en las sombras de Lúgardark —cuestionó Aldo Rénir—. Si lo que estamos planteando en esta mesa es si las desapariciones son de carácter sobrenatural, prefiero levantarme e irme —aseguró con tono firme.

—Le veo muy seguro en sus opiniones —comentó Dayana—. ¿Cuál es la suya acerca de la posible causa de las desapariciones?

—Creo que está muy claro —aseguró—. La explicación más fehaciente la tenemos en esta misma mesa.

—Explíquese, por favor —solicitó la capitana.

Syliana comenzó a mover sus dedos de forma nerviosa, vaticinando lo que estaba a punto de soltar Aldo.

—Viggo Estrango fue acusado en su momento de la, hasta ahora, única desaparición registrada en Lúgardark.

—Por favor, Aldo, no acuses sin pruebas —exigió la Lady Maestre.

—No tengo pruebas. Es cierto —admitió—, pero es lógico pensar que ha sido él. La primera y única desaparición ocurrió cuando era un recluta. Y el desaparecido no fue otro que su amigo, que además daba la casualidad de ser un marginado cuya única relación conocida fue la mantenida con él.

—Veo que estás muy bien informado, Rénir —comentó Viggo con una actitud desinteresada.

—Soy el maestre de historia —arguyó—. Estar bien informado sobre sucesos pasados es una de mis obligaciones.

—Eso es cierto —asintió Viggo, con una sonrisilla que no se esforzó en disimular.

—¿No ven en qué estado se encuentra? —protestó Aldo, mirando directamente a Dayana—. ¿Desde cuándo un maestre de Lúgardark puede pasearse por sus pasillos borracho y ser considerado como algo normal?

—Creo que ya está bien —zanjó ella—, me he cansado de sus niñerías. Se supone que estoy tratando con adultos responsables, no con críos que se echan la culpa movidos tan solo por rencillas personales.

—Solo hay algo que no entiendo —dijo interviniendo por primera vez Gúlfrica Estéinar, con total tranquilidad.

—Díganoslo —solicitó la capitana.

—¿Por qué la matapresidentes no se encuentra presente en esta mesa?

Todos guardaron un silencio repentino, como si por primera vez acabaran de ponerse de acuerdo.

—Quiero que os vayáis —ordenó finalmente la capitana, sin responder a la solicitud de Gúlfrica.

Los maestres comenzaron a abandonar su asiento para salir del despacho.

—Usted no —dijo mirando a Syliana—. Y usted tampoco —añadió, señalando esta vez a Viggo.