El Legado de Lúgardark (Arlasófica 2) Chapter 13 Por la juventud #3
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Chapter 13 Por la juventud #3

—Tú y yo no somos amigas. No somos nada —afirmó con rotundidad—. Y nunca lo seremos. ¿Te queda claro? ¿O necesitas que te lo ponga por escrito?

Al borde del llanto, Michelle asintió con la voz rota:

—Transparente.

—A ver si es verdad —concluyó Xalara.

Lamentaba ser tan brusca con ella. No se lo merecía, pero tampoco tener a su lado a alguien tan problemática. En realidad, le estaba haciendo un gran favor, y con el tiempo lo entendería. Aunque las formas no fueran las mejores, sí eran las necesarias.

Finalmente, pudo ducharse antes de bajar a cenar.

En el comedor, todo era como antes: Xalara sola y apartada en un extremo de la mesa, y Michelle en el otro.

Xalara le dirigía rápidas miradas a su compañera de litera, que apenas probaba bocado.

Desde su posición apreció que tenía los ojos llorosos, y estaba claro quién era la causante.

A pesar de ello se sentía conforme, porque Michelle, al fin, parecía haberse desengañado de estar a su lado.

La tensión que se respiraba en aquella litera recordaba a los prolegómenos de un conflicto bélico. Mientras se ponían el pijama, Xalara y Michelle no dejaron de intercambiar miradas. Eran distintas, pero ambas reflejaban un sentimiento de incomodidad.

A Xalara le costó conciliar el sueño. A ello contribuyó que Michelle se pasara casi una hora susurrando para intentar activar la fórmula volter.

Seguramente con la intención de leer un libro bajo las sábanas.

Le recordó a sí misma cuando era incapaz de activar la fórmula, y cómo los consejos de Víliam la ayudaron en aquella cueva.

En el fondo sentía cierta envidia; echaba de menos leer en secreto por las noches en su dormitorio.

Le costaba creer que aquello ya no fuera a suceder.

En una hora indeterminada de la noche, Xalara se despertó, sudando y jadeando, pese al tremendo frío impregnado en todos sus nervios.

Sufría fuertes náuseas, pero no llegaba a vomitar, por lo que aún era más desesperante.

Otra vez esa presencia, y estaba en el suelo.

Xalara se tiró de la cama, como si la reclamara.

La presencia avanzó hacia la pared. Xalara sentía cada movimiento, aunque no pudiera verlos.

Sus dedos temblorosos recorrieron la superficie rugosa, siguiendo su estela.

Esta vez, la presencia parecía más lenta e indecisa que en anteriores apariciones.

De repente perdió el contacto, como si se hubiera evaporado en tan solo un segundo.

Después de sufrir este nuevo episodio, Xalara regresó a su cama, quedándose boca arriba a la vez que intentaba recuperar la compostura. En su mente, un conflicto de teorías intentaba descifrar qué era eso tan extraño que le sucedía. Tal vez se estaba volviendo loca.

Con el paso de los minutos, se vio inmersa en una pesadilla: alguien la inmovilizaba contra el colchón, apretando una sábana sobre su cuerpo, y un trozo de tela presionaba fuertemente su boca, consiguiendo que despertara.

—No busco problemas —quiso decir ella, pero ya era demasiado tarde.

—¿Recuerdas cuando te dije que ya hablaríamos tú y yo? Pues ha llegado ese momento —confirmó Diago Zúnkerberg, acercándose a su oído para no tener que levantar la voz.

—Por tu culpa tenemos que estar en esta mierda de sitio durante dieciocho meses, tirando nuestro tiempo —le recriminó en el otro oído una chica de piel morena y pelo ondulado que, si Xalara no recordaba mal, se llamaba Zanerya Zambrano—. Todos hemos tenido que pagar el precio de tus actos.

—Es hora de que nos lo devuelvas —aseguró Jon Manair, un chico con el pelo rizoso a media melena, cuya altura destacaba por lo bajo.

Diago le propinó un puñetazo en la boca del estómago a Xalara, lo que consiguió que el poco aire que le quedaba abandonara su cuerpo.

—Por la juventud de Las Cinco Comarcas —declaró con una expresión cruel, inmediatamente después de golpearla.

No tardó en llegar la siguiente agresión, esta vez por parte de Zanerya, cuyo golpe sonó como un eco dentro del cuerpo de Xalara, a quien lograron ahogar su grito de dolor y lamento.

—Por la juventud —dijo tras golpearla.

—Por la juventud.

—Por la juventud.

Los golpes llegaron desde varias direcciones, provocando que la vista de Xalara se nublara, dejándose vencer por el dolor.

—¿Qué hacéis? —preguntó Michelle aturdida desde la cama, que se había despertado por los ruidos—. ¿Estáis locos?

—Tú cállate, redondita —le espetó Jon Manair con desprecio mientras le tapaba la boca ahogando su voz.

Xalara vio a duras penas cómo intentaba zafarse de Jon, justo antes de recibir un nuevo golpe.

—Por la libertad de la juventud.

—Por la juventud.

A continuación, varios reclutas más se acercaron a Xalara, que fue golpeada por mil sitios.

—No le peguéis en la cara —advirtió Diago—. Dadle donde no se vean las marcas.

Tras una interminable paliza, Xalara quedó tendida sobre el colchón. Sus ojos estaban semiabiertos, pero su mente parecía haberse apagado.

—Si te atreves a contar esto, a ti te ocurrirá algo peor —susurró Diago al oído de Michelle antes de alejarse y salir por el hueco de la entrada. Igual que hizo el resto, regresando a su litera como si nada hubiera pasado.

Las manos temblorosas de Michelle acariciaron el rostro de Xalara, buscando una reacción que no llegaba.