El Legado de Lúgardark (Arlasófica 2) Chapter 9 El reclutamiento #4
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Chapter 9 El reclutamiento #4

Al salir al exterior fue como si, además de haberse desplazado geográficamente, también hubieran cambiado de estación climatológica.

La avanzada primavera de Bibrébem dio paso a, cuanto menos, el otoño.

El aire era fresco y estaba cargado de humedad, señal indiscutible de que la niebla estaba cerca.

La luz crepuscular bañaba de naranja las vías del tren, alargando las sombras de las casas de piedra que se alineaban a ambos lados.

Las cimas de las imponentes montañas se alzaban más allá del pueblo, recortando el horizonte del norte con formas diversas y pintorescas.

El andén fue enseguida invadido por medio millar de jóvenes que se detuvieron en él sin saber a dónde ir.

De pronto, una voz potente se alzó por encima de la algarabía general.

—¡Reclutas de Lúgardark! ¡Atención! ¡Guardad silencio!

Cuando Xalara se volvió hacia el foco de esa voz, vislumbró a una mujer joven, subida al último peldaño de la escalera de una de las casas situadas junto a la vía, ataviada con un uniforme gris oscuro. Tenía la melena negra recogida en una coleta y portaba un megáfono de metal en la mano.

—¡Escuchadme todos! —gritó para terminar con el alboroto—.

¡Me llamo Brenda Lenders y seré vuestra maestre de formación física y supervivencia en el Centro de Formación Militar de Lúgardark!

¡Para quienes no sepan dónde estáis, os informo de que esto es Déndereid, el pueblo situado más al norte de Las Cinco Comarcas!

¡El centro de formación militar está ubicado a cinco kilómetros de aquí!

¡Para llegar hasta él tendremos que superar un trayecto ascendente muy peligroso!

La mayoría de reclutas se miraron asustados.

—¡Si alguien pensaba que iba a la EDMO de vacaciones, este trayecto le hará cambiar de idea!

Xalara notó que Michelle temblaba a su lado.

—¡Es muy posible que alguno de vosotros se quede por el camino! ¡Para supervisarlo, me acompaña un oficial que irá a la cola del grupo!

Justo en ese momento, un hombre calvo, con un bigote ínfimo y uniformado igual que Brenda Lenders, apareció a la espalda de los reclutas.

—¡Su presencia no está para garantizar vuestra seguridad! ¡Aunque fuisteis elegidos por el Gobierno, este no se hace responsable de vuestras vidas! ¡Considerad este trayecto como la primera prueba de la EDMO!

Todos parecían tan asustados que una densa quietud se apoderó enseguida del ambiente.

—¡Bien! ¡Yo iré delante y todos me seguiréis! —anunció la maestre—. ¡El grupo se irá afilando a medida que avancemos, hasta que se convierta en una hilera de muchos metros de longitud! ¡Aunque no sea mi responsabilidad, me gustaría que todos llegaseis a las puertas de Lúgardark! ¡¡En marcha!!

La maestre encendió una linterna y bajó de la escalera, poniéndose al frente de la comitiva.

La mayoría luchó por hacerse un hueco entre los primeros puestos, que estaban colmados casi en su totalidad por los reclutas de la Comarca Central.

«Hasta para eso tienen privilegios» —pensó Xalara, que se quedó en las posiciones finales, aunque tampoco peleó por mejorar esa circunstancia.

Cruzaron la vía hacia el otro lado del andén a través de una pasarela de acero.

Enseguida se introdujeron en un bosque de pinos, por el que transcurría un empinado y estrecho sendero, resbaladizo a causa de la humedad.

La proximidad de la noche se hizo más evidente allí dentro.

La escasa claridad del crepúsculo apenas lograba traspasar la espesura del bosque.

La niebla también se volvía más densa a medida que ascendían hacia el norte.

Tras una larga caminata, el bosque comenzó a abrirse cuando la noche ya había caído por completo.

Xalara, cada vez más agotada, vio cómo algunos activaban la fórmula volter, sin saber si eso estaba permitido.

El terreno también se tornó diferente: ahora era de roca, y esta a su vez muy deslizante, provocando algunos resbalones.

En una ocasión, el tropiezo de una sola persona arrastró a varios más.

Desde donde estaba, era imposible ver la cabecera del grupo.

Solo entonces reparó en la ausencia de Michelle.

Había comenzado el camino por delante de ella y ahora no estaba.

Giró la vista hacia atrás y comprobó que se encontraba a solo unos pocos metros de su espalda.

Pese a ser un grupo muy numeroso, apenas se oía nada. Estaban demasiado expectantes y concentrados en no quedarse por el camino. Ese silencio ayudó a que se escuchara la presencia de algunos animales, aumentando la tenebrosidad del entorno al no saber qué ocultaba la oscuridad.

Cuando llevaban aproximadamente una hora de trayecto, tuvieron que cruzar bajo una roca gigantesca, tan baja que apenas permitía hacerlo de pie. El túnel no era demasiado largo, pero a Xalara se le hizo eterno. Al salir finalmente de él, los recibió una niebla casi impenetrable.

El bosque desapareció de forma abrupta, dando paso a una zona montañosa donde apenas existía vegetación.

Pronto comenzaron a vislumbrar unas luces anaranjadas que parecían fantasmas levitando en la niebla por encima de sus cabezas. La visión de aquellas luces se volvió más nítida al llegar a los pies de una empinada y tallada escalera de piedra, donde todos los reclutas volvieron a agruparse.