El Legado de Lúgardark (Arlasófica 2) Chapter 4 Cónclave de investigación #2
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Chapter 4 Cónclave de investigación #2

—Eso lo decidiré yo —contradijo la presidenta con autoridad—. Dile que venga, la esperaré en mi despacho.

Enseguida, la asistente personal salió, cerrando la puerta con sumo cuidado.

—Márchate cuando Meistre llegue —dijo Crispina mientras se ponía en pie.

—¿Por qué? —preguntó el capitán.

—Quiero estar a solas con esa anciana.

La presidenta del Gobierno ascendió por la escalera de caracol hacia el tercer piso de sus aposentos, donde se ubicaba el Despacho Presidencial.

Diez minutos después, Syliana Meistre llegaba acompañada por la asistente personal de la presidenta, que le abrió la puerta.

Crispina, con las piernas cruzadas y una taza de té caliente entre sus manos, esperaba sentada en uno de los dos sillones que había frente a la chimenea. La presidenta parecía tranquila, pero el nervioso juego de sus dedos sobre la taza delataba el efecto de la tensión acumulada.

Syliana vestía una gabardina negra que contrastaba con el blanco puro de su cabello, largo y liso. Su aspecto general se mostraba ajeno al paso del tiempo.

—Buenas noches —saludó Syliana con una voz altisonante.

—Jueza Suprema Meistre —contestó Crispina con sequedad, sin mover apenas la cabeza para mirarla—. Por favor, siéntese.

La anciana desabotonó su gabardina con calma y tomó asiento en el sillón tapizado en cuero marrón.

—¿Le apetece una taza de té? —preguntó Crispina con un tono formal que sonaba distante.

—Se lo agradecería —afirmó la anciana.

La presidenta separó la mano derecha de su taza y la apuntó hacia la tetera de porcelana que reposaba sobre una elegante mesita, ocupando el espacio entre ambos sillones.

—Begagxio —murmuró Crispina, acompañando la palabra con un ligero movimiento de su mano. La tetera se elevó en el aire y a continuación se inclinó, vertiendo el oscuro té sobre la taza con precisión y delicadeza.

—Gracias —dijo la anciana, asiendo la taza por los medios convencionales.

El silencio que siguió solo era roto por el crepitar del fuego en la chimenea.

—Me he enterado del incidente de esta tarde —dijo Syliana cuando se llevaba la taza a los labios—. ¿Qué tal se encuentra?

—No ha sido nada —respondió de forma tajante.

—Bien, me alegro.

—No tanto como yo, créame —aseguró Crispina, impaciente—. ¿Ha venido hasta aquí solo para preguntar por mi estado de salud o quiere algo más?

Syliana sonrió de forma mordaz. La tensión era tanta que casi se volvía tangible.

—La reinstauración de la EDMO… —comenzó a decir.

Crispina levantó una mano para interrumpirla, chasqueando la lengua.

—Usted no es nadie para decirme qué debo hacer. Además, le aseguro que la decisión está tomada, no me haga perder el tiempo intentando convencerme de lo contrario. Hoy ha sido un día largo y desagradable.

—No he venido a pedirle tal cosa —afirmó mientras dejaba la taza sobre la mesa de forma deliberada—. Sin embargo, sí que he venido a hacerle una petición.

—Entonces, usted dirá —respondió Crispina con desgana.

—¿Ya ha encontrado maestres para Lúgardark?

La presidenta se recolocó en el sillón.

—No, aún no. ¿Por qué lo pregunta?

—Quiero ser la Lady Maestre —profirió Syliana, sin atisbo de tapujo en su voz.

Crispina, que estaba tragando un sorbo de té, estuvo a punto de atragantarse con él.

—Será una broma, ¿verdad? —preguntó sin poder disimular una sonrisa incrédula.

—Nada me complacería más que transmitir mi experiencia a nuestros jóvenes —afirmó Syliana. Sus ojos verdes destellaban con certeza.

Con un uso de fuerza excesiva, la presidenta dejó la taza sobre la mesa.

—Usted tiene… ¿cuántos? ¿Noventa años?

—Cumplo noventa y cinco el treinta de diciembre —aclaró, sin pestañear.

Crispina sonrió, pero su gesto denotaba cualquier cosa menos diversión.

—Usted era amiga del traidor Alexios Kraus —apuntó con ira—. ¿Me equivoco?

—No sé si tanto, pero nos llevábamos bien.

—¿Y quiere que ahora nombre a la amiga del gran traidor de Las Cinco Comarcas como la máxima responsable de una institución que pretende romper con todo lo que representaba Kraus?

—Nadie tiene por qué conocer mis devaneos con él —respondió Syliana con absoluta tranquilidad, reclinándose hacia atrás.

—Por favor, le invito a que se vaya —dijo finalmente Crispina tras un momento de silencio—. Como le he dicho, no ha sido un día demasiado agradable y me gustaría ponerle fin cuanto antes.

Syliana ni siquiera hizo ademán de levantarse, sino que introdujo una mano en un bolsillo de la gabardina, del cual sacó un documento que puso encima de la mesa de café para que la presidenta pudiera cogerlo.

—¿Qué es eso?

—Es un documento oficial formulado y firmado por el aquel entonces presidente del Gobierno, Dilan Balen.

Crispina frunció el ceño, pero no lo cogió.

—¿Y qué se supone que tengo que hacer con él?

—Afirma que, como compensación por los treinta y siete años que estuve injustamente encerrada en prisión, el Gobierno puede y debe concederme una petición. Y esta es que quiero ser la Lady Maestre de Lúgardark.

Crispina observó con detenimiento el rostro de Syliana antes de hablar.

—Pero usted es la Jueza Suprema —respondió, sin ni siquiera echarle un vistazo al documento.

—Renuncio al cargo para ser Lady Maestre.

—Esto es absurdo —negó la presidenta.

—La sociedad verá con buenos ojos que sea yo quien lidere esta nueva era para los jóvenes. No es necesario recordarle mi excelente reputación. Seguro que más de un detractor de la EDMO cambiará de opinión al conocer la noticia.

Crispina se quedó callada, rumiando la posibilidad y sus consecuencias.

—¿Sabe que usted será la responsable de elegir a los maestres?

—Ya tengo varios candidatos en mente —aseguró.

—Pues adelante —dijo la presidenta e hizo una breve pausa—. Lady Maestre —añadió, estirando una mano hacia la anciana para estrechar la suya y cerrar el acuerdo.